Con la inteligencia artificial habrá profesionales muy cualificados y mucha mano de obra, además del ahorro de tiempo que supondrá, gracias a las maquinarias con procesos estandarizados. La abogacía es uno de los sectores que ya se ha visto obligado a reciclarse para aliarse con las nuevas tecnologías.

 

El poder disruptivo de la tecnología no implica sólo la sustitución de unos medios técnicos por otros,ni un cambio en los modelos de negocio, sino que está afectando a numerosos terrenos que no creían verse modificados por los nuevos instrumentos de análisis, selección y producción de datos. Es el caso de la abogacía que, como otros sectores, ve cómo la irrupción de la inteligencia artificial marca un antes y un después.

La directora de Tecnología de IBM en España, Elisa Martín, aseguró en unas jornadas celebradas la pasada semana en Esade, que nuevas máquinas, como su producto estrella, Watson, “ayudarán a escalar conocimiento, acelerar la experiencia y dará mayor perspectiva para tomar decisiones”, pero que no se limitarán a un papel pasivo, ya que además de procesar mucha más información que un ser humano “irán aprendiendo por sí mismas”.

Esta nueva gestión del conocimiento se está articulando a través de procesos estandarizados, que, aun pudiendo operar sólo en ámbitos de ruido bajo, permitirán una disponibilidad más rápida y amplia de los datos jurídicos precisos, lo que reducirá el tiempo de respuesta al cliente, asegura Eugenia Navarro, profesora de Esade Law School, y facilitará que los letrados, especialmente los junior, ahorren al menos el 30% de las horas dedicadas a la búsqueda de información. Todo el trabajo repetitivo y de escaso valor añadido lo acabarán realizando las máquinas. Para Salvador del Rey, socio de Cuatrecasas Gonçalves Pereira, la presencia de esta tecnología no sustituirá al abogado, sino que al contrario, lo necesitará para “ser alimentada por los mejores, y los más preparados”.

La puesta en marcha de esta tecnología implicará, ante todo, que los ámbitos profesionales se bifurquen, de modo que los servicios de escaso valor añadido deberán reducir sus precios mientras que los profesionales que resuelven los asuntos complejos, aquellos queno pueden ser estandarizados, verán cómo aumentan sus minutas.

“La abogacía vive un momento disruptivo”, asegura Navarro, “porque antes bastaba con colgar una placa y el cliente acudía. Hoy el abogado necesita vender. Ha habido presiones en los despachos por los niveles de facturación, de modo que los abogados además de ser buenos técnicos debían ser generadores de negocio, lo que ha producido que muchos de los empleados de las grandes firmas se especializaran en terrenos muy concretos que les hacían competitivos”. Con la inteligencia artificial, esa tendencia aumentará su intensidad, de manera que habrá profesionales muy cualificados y mucha mano de obra, con pocos espacios intermedios.

Ese espacio central, sin embargo, no quedará libre, porque fomentará la llegada de nuevos jugadores: abogados especializados que gracias a sus conocimientos podrán montar despachos con costes menores de estructuras que les permitirán ofertar precios competitivos, en micro espacios a los que aportarán mucho valor añadido.


Profesionales híbridos

La tecnología modificará profundamente las profesiones liberales, pero no sólo en cuanto al contenido del trabajo, ni a las facilidades para su realización, sino en lo que se refiere a los perfiles requeridos. La cualificación técnica, en este terreno, seguirá siendo fundamental, pero no será decisiva. En primera instancia, avisa Navarro, porque los profesionales serán tecnológicos o no serán. “En el mundo jurídico este requerimiento es ya evidente. Hay una serie de demandas de los clientes que pueden satisfacerse a través de nuevosmedios, por lo que será indispensable que los profesionales del entorno legal los conozcan, los manejen y los mejoren”. Para Navarro “los profesionales van a tener que ser mucho más completos y transversales que quienes les precedieron”. La abogacía es un buen ejemplo. Hasta hace poco, lo esencial era saber aplicar el conocimiento jurídico, pero en los últimos años ha sido imprescindible el desarrollo de otras cualidades.

Hoy es preciso tener un buen perfil tecnológico, “porque eso es lo que te puede ayudar a diferenciarte de otro abogado tan preparado como tú”. Pero todos estos requerimientos no sólo señalan que son precisas nuevas habilidades, sino que vamos hacia profesiones mucho más transversales, donde el conocimiento sólido de una materia tiene que complementarse con otros saberes, relacionales y de gestión, que son los que terminan siendo valorados por las firmas y los que aseguran una carrera profesional larga y exitosa.


‘PARALEGALS’ Abaratar costes con personal menos formado

Una de las posibilidades típicas de la innovación tecnológica es la de abaratar los costes de realización del servicio gracias a la utilización de personal menos cualificado.

La sistematización de los procesos en el ámbito anglosajón ha llevado a que se contraten personas que carecen de formación jurídica para la realización de tareas antes atribuidas en exclusiva a los licenciados en derecho: basta con tener el frente del equipo a un abogado para que supervise los procesos.

La figura de los paralegals, explica la profesora Eugenia Navarro, de Esade Law School, está autorizada en el Reino Unido y es bastante frecuente, algo que a España no ha llegado “porque las universidades arrojaron tantos licenciados que la hacían innecesaria”. Sin embargo, la existencia de este tipo de rebajas en la cualificación sí será una tendencia creciente porque, “cuanto más commodity es el servicio, y los instrumentos tecnológicos convierten muchas actividades en commodity, menos expertise se requerirá”


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