Joana Ortega, Vicepresidenta del Govern de la Generalitat: "No tendríamos que renunciar a nada si se ordenara el tiempo correctamente y se evitara que se convirtiera, en muchos casos, en una unidad de discriminación."

 

Ciertamente, hemos recorrido un largo camino en las últimas décadas en relación con la igualdad entre hombres y mujeres pero estamos todavía lejos de una verdadera igualdad en condiciones laborales, retributivas y de responsabilidades. Hoy las mujeres tenemos todavía más dificultades que los hombres a la hora de conciliar la vida profesional, laboral y personal. Y esta, nos guste o no, es la realidad.

Más allá de armonizar los horarios de trabajo para poder hacer frente a las necesidades familiares, hace falta también poder disponer de tiempo para el desarrollo personal. Repensar los usos del tiempo, este es uno de los retos importantes de nuestra sociedad, una sociedad demasiado orientada todavía en maratonianas jornadas de trabajo. Hay que diseñar políticas que reorienten la duración de la jornada laboral y nos permitan disponer de más tiempo propio, para destinarlo al propio crecimiento personal. Tendríamos que ser capaces de convertir el consenso existente para la reforma de los horarios laborales en políticas y propuestas reales que tengan en cuenta todos estos aspectos. No tendríamos que renunciar a nada si se ordenara el tiempo correctamente y se evitara que se convirtiera, en muchos casos, en una unidad de discriminación.

También hay que cambiar mentalidades. El trabajo tiene que ocupar un espacio significativo en nuestra vida pero no lo tiene que invadir todo. La productividad no tiene que ir necesariamente ligada a más horas de trabajo sino a la eficacia. Tenemos que profundizar en el trabajo por objetivos siempre que sea posible, acercándonos a las tendencias europeas más avanzadas. Apostar por el bienestar de la persona es más rentable colectivamente.

Impulsar fórmulas de trabajo por objetivos nos permitirá también aprovechar todo el talento femenino. Demasiadas mujeres siguen renunciando a ocupar puestos de mando porque ven imposible conciliar horarios laborales y familiares. Por lo tanto, hacen falta políticas que repiensen los usos del tiempo y políticas de redistribución de los trabajos familiares, y evidentemente hay que compartir más y mejor las tareas familiares. Sólo así romperemos la barrera invisible que muchas mujeres se ponen a la hora de acceder a la promoción profesional y a cargos de representatividad.

Hemos hecho un largo camino pero ahora no podemos bajar la guardia, porque estamos en aquel punto en el que se hace mucho más difícil percibir que todavía nos queda mucho trabajo por hacer, de transparencia salarial, de contratación, de promoción profesional y de conciliación familiar y personal.

Pese a que hay síntomas de retroceso visibles en comportamientos de adolescentes y jóvenes, tenemos que consolidar el trabajo hecho. Aprovechemos hoy, día internacional de las Mujeres, para reflexionar sobre la necesidad de mejorar la calidad de vida de todas y de todos y reflexionar juntos, en beneficio de una sociedad más justa y equitativa.

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