La identidad digital que desprenden nuestros 'likes' en Facebook y otras redes es cada vez más importante en algunos procesos de selección laboral y permite mejorar las oportunidades profesionales. La creación de una marca personal visible memorable y prestigiosa constituye una base de oportunidades y un escudo protector.

 

El primer número del año de la revista The Economist llevaba a su portada el futuro del mercado de trabajo. Ilustrado con un grifo que abre y cierra el flujo de currantes según necesidad, el reportaje y el análisis previo hablan de una economía bajo demanda, en la que se conecta a personas en busca de determinados servicios con trabajadores independientes que satisfarán tales deseos. Como datos de esta tendencia, aportan un gráfico en el que cifran las empresas enfocadas a este tipo de economía, que pasa de 17 en 2009 a 117 en 2014. El seminario opina que esto “remodeladará las compañías y la estructura de las carreras laborales”. Un entorno en el que la identidad digital tendrá una importancia especial.

Aunque todavía no estamos en ese ecosistema, es cierto que la identidad digital es cada vez más importante en ciertas áreas. José Luis Orihuela, profesor en la Universidad de Navarra y autor de uno de los capítulos del nuevo micro-libro de Infojobs Red de Contactos, explica por correo electrónico que “los perfiles profesionales más demandados en procesos de selección realizados en entornos digitales son Comercial y Ventas (49%), Informática y Telecomunicaciones (29%), Recursos Humanos (25%), Marketing y Comunicación (23%) y Finanza y Banca (14%)”, por lo que para este tipo de candidatos “es especialmente recomendable el cuidado de su identidad digital”.

Su contribución al documento, titulada Que piensen en ti primero cuando busquen a alguien de tu perfil, se enfoca en el desarrollo de dicha identidad, el establecimiento de una buena red de contactos y la aportación de valor en las redes como “estrategias que mejoran las oportunidades profesionales”. O, dicho de otra manera, “la creación de una marca personal visible memorable y prestigiosa constituye una base de oportunidades y un escudo protector”. Algo que suena muy bien pero que cualquiera que lo haya intentado sabe que es complicado de lograr.

Uno de los problemas más típicos a la hora de tratar de crear esta marca es lo que Orihuela denomina la infopolución. Para entendernos, es cuando un contacto no para de actualizar su estado, poner novedades, de tal manera que abruma a su audiencia. “Aunque se trate de contenidos de calidad”, advierte, “una frecuencia frenética produce saturación”. Recomienda, sin haber una receta ideal, “diversificar entre las diferentes redes”, adecuando “estilo y lenguaje” y “enfocar la publicación en torno a los días y horas en los que nuestra comunidad es más activa en cada red”.

Otro de los errores más comunes es establecer en las redes sociales una correlación entre cantidad e influencia. Orihuela explica que esta tiene que ver “con la capacidad de un usuario de incidir en la conducta de otros usuarios, lo que se expresa a través de los favoritos, los comentarios y los reenvíos”. Si esto no ocurre, “con independencia del tamaño de la propia comunidad”, no podemos hablar de influencia.

El profesor pone el foco en que este “tipo de interacciones se puede medir perfectamente” y “son cada vez más relevantes que las puramente cuantitativas basadas en impresiones”. Advierte a tecnoutópicos además que no hay que centrarse solo en las redes sociales, “ya que no son mágicas” y es necesario cultivar vínculos de calidad en el mundo real. “Tener buenos amigos”, concluye el texto, “vale la pena”.


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