Llega el coworking corporativo: las compañías contarán en sus instalaciones con una zona de trabajo abierto donde compartan espacio al mismo tiempo empleados internos, colaboradores externos o incluso trabajadores de otras firmas. El Campus Google en Madrid será el precursor en España de un modelo que triunfa en EE.UU.



El número de profesionales freelance ha crecido un 45% en Europa en apenas una década y hasta un 51% en España, según el Foro Europeo de profesionales Independientes. Ligado a este fenómeno, en los últimos años han proliferado en las grandes ciudades, como Barcelona, los espacios de coworking: locales donde, mediante el pago de una tasa mensual o puntual, pueden acudir los profesionales autónomos que prefieren trabajar en compañía frente a la soledad del teletrabajo en casa. Importado de los países anglosajones, en apenas 5 años el coworking se ha convertido en una tendencia popular entre los autónomos españoles. Una nueva tendencia llega ahora de Estados Unidos: el coworking aplicado en las empresas, o coworking corporativo.

En esencia, el coworking corporativo consiste en que las compañías convencionales cuenten en sus instalaciones con una zona de trabajo abierto donde compartan espacio al mismo tiempo empleados internos, colaboradores externos y/o incluso trabajadores de otras firmas. Los objetivos: fomentar la innovación, motivar y retener a los trabajadores, o atraer y mantener cerca a los colaboradores. "Las empresas se están dando cuenta de que son demasiado endogámicas y no tienen contacto con las ideas del exterior, y atraer a sus sedes a profesionales de fuera supone la entrada de aire fresco", asegura Maite Moreno, que desde la firma Monday Happy Monday asesora a compañías que quieran implantar este sistema en España.

En Estados Unidos, firmas como PricewaterhouseCoopers, Accenture, Coca Cola o Steelcase ya aplican esta tendencia en alguna de sus sedes. En España el ejemplo pionero será el campus que Google inaugurará en el 2015 en Madrid, siguiendo un modelo ya aplicado por el gigante tecnológico en Londres: un edificio de coworking donde trabajarán emprendedores externos a la compañía, pero donde los empleados de Google acudirán para captar ideas novedosas. "Actualmente la idea aún se está dando a conocer en España y nadie se atreve a ser el primero: seguramente lo adoptarán antes las grandes empresas, aunque también es apto para pymes", asegura Moreno. Según un estudio de Spacebee, el 47,8% de las pequeñas empresas con sede en Madrid o Barcelona no utiliza a pleno rendimiento sus espacios: sólo en Barcelona, la firma estima que existen casi 120.000 espacios infrautilizados entre salas de reuniones, puestos abiertos, etcétera. Un ejemplo de pyme que ya aplica con éxito la idea del coworking corporativo es la ingeniería Idif Automotive.

"Implantar el coworking corporativo en una empresa implica adaptar el espacio físico, informar a los trabajadores y crear un entorno tecnológico que lo permita, por ejemplo con aplicaciones de trabajo colaborativo", explica la directora de Monday Happy Monday. Sin embargo, permitir el acceso a profesionales externos -sean independientes o empleados de otras compañías- es una idea difícil de asimilar para muchas compañías, entre otros motivos por el miedo a la fuga de ideas y datos. Las compañías tecnológicas que ya lo aplican en Estados Unidos de forma pionera, en cambio, ven en este flujo de ideas la principal ventaja de una tendencia que podría formar parte habitual de los espacios de trabajo en un futuro no muy lejano.


LA EXPERIENCIA DE UNA PYME: IDIF AUTOMOTIVE
“Nos facilita el trabajo y ofrecemos mejor imagen"

Una de las principales utilidades del coworking corporativo para las compañías es la posibilidad de tener trabajando en su propia sede a profesionales freelance que de forma ocasional o regular colaboran con la firma, para atraerlos y retenerlos y para poder interactuar con ellos de forma más estrecha. La ingeniería catalana Idif Automotive, especializada en el diseño y fabricación de maquinaria y productos para la automoción, aplica este modelo desde el pasado mes de agosto en su sede de Sant Cugat del Vallès. “Nuestro volumen de trabajo va por oleajes: un mes podemos ser 10 empleados,y al mes siguiente tener que fichar 10 profesionales freelance para poder atender todos los pedidos”, explica Jordi Salas, gerente de cuentas de la firma. Pero encontrar rápidamente colaboradores disponibles no siempre era fácil: “Nos pueden encargar el diseño de un nuevo parachoques para dentro de un mes, y encontrar especialistas en esa área es muy complejo”, cuenta. La firma decidió mudarse a una oficina más grande y ofrecer a sus colaboradores la posibilidad de trabajar físicamente en su sede permanentemente. “Ahora cuando nos entra un pedido, sólo tenemos que levantarnos de la mesa, acercarnos a los freelance y proponérsela, lo que nos facilita adaptarnos a las variaciones de la demanda”, destaca Salas. Para una pyme como esta, el coworking también es cuestión de imagen. “Ahora cuando nos visitan los equipos de Seat, Volkswagen o Mercedes-Benz ven un amplio equipo de profesionales trabajando”, subraya. Los colaboradores trabajan en la sede de Idif siempre que quieren, incluso cuando están trabajando en proyectos para firmas de la competencia. “Esto no es problema para nosotros–asegura Salas–: estamos en un mundillo muy pequeño donde todos nos conocemos, y todos firman un contrato de confidencialidad para trabajar aquí”.


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