El número de parados que el año pasado se sentó en un aula para mejorar su preparación y reforzar sus posibilidades de encontrar otro empleo no alcanzó el 20% del total. La Generalitat quiere formar a 176.000 personas este año, el doble que el pasado.

El número de parados que el año pasado se sentó en un aula para mejorar su preparación y reforzar sus posibilidades de encontrar otro empleo no alcanzó el 20% del total. Según el Servicio Catalán de Empleo, la cuantía de desempleados que siguieron cursos para formarse ascendió a 80.000 en todo el año, en que perdieron su puesto de trabajo 423.232 personas. Desbordado por el alza del paro, el Gobierno catalán ha multiplicado por 3,5 los recursos destinados a la formación ocupacional, hasta los 205 millones de euros, y en 2009 confía en poder formar este año a más de 176.000 personas, más del doble que en 2008.

Sin embargo, estamos en abril y la cifra de parados de marzo ya se disparó hasta sumar 622.700. Es decir, que la formación cubre apenas un tercio del total.

La crisis está dejando corto el esfuerzo realizado por la Generalitat. "Necesitaríamos el doble de recursos para hacer frente a la demanda que hay y que se está incrementando de forma muy significativa ya desde el año pasado, sobre todo para cursos de ofimática y de idiomas como el inglés", explica Antònia Pascual, responsable del área formación profesional de CC OO.

Formarse es voluntario, aunque cada vez surgen más voces empresariales que piden que se aproveche el dinero público que cuesta un desempleado para mejorar la preparación y empleabilidad de ese mismo trabajador.

¿Por qué se forma una proporción tan pequeña de parados? "No todos necesitan con la misma urgencia ni en la misma medida formarse", replica Joan Josep Berbel, director general de Servicio Catalán de Empleo (SOC, en sus siglas en catalán), ante la evidencia de que la crisis azota sin rubor a personas muy preparadas. Pero existe otra evidencia: 7 de cada 10 de esos ciudadanos sin trabajo son parados considerados de baja cualificación. "La apuesta por la formación que está haciendo el Gobierno catalán es inequívoca, es un esfuerzo inédito, porque hemos programado para este año más de 9.000 acciones de formación, con la intención de garantizar que nadie se quede atrás por falta de acceso", saca pecho Berbel.

Hay varios tipos de formación. La mayoritaria corresponde a los centros colaboradores de la Generalitat, que son privados y en algunos casos están vinculados a sindicatos y a patronales. Hay cerca de 600 y reciben autorización para dar cursos en áreas determinadas.

Estos centros coexisten con los CIFO, los centros de innovación y formación ocupacional de la Generalitat, por los que este año pasarán 8.000 personas (casi el doble que los 4.500 del año pasado).

"Los CIFO damos cursos de excelencia, no damos formación masiva. Pero notamos más demanda. Si antes había 25 candidatos para un curso de 15 plazas, ahora igual tenemos a 150 candidatos. Los CIFO estamos abriendo hasta las diez de la noche", explica Jordi Carulla, coordinador del CIFO de Sant Feliu de Llobregat.

Como novedad, el próximo mes se lanzará formación no presencial, a raíz de un acuerdo por un año con la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), concebida para materias transversales como la informática para usuarios, los idiomas, técnicas de venta y formación teórica ligada a sectores que requerirán mucha mano de obra como la dependencia.

"Entiendo que hay pocas personas que siguen formación subvencionada. En parte, puede que no se conozca demasiado todas las posibilidades que existen en el mercado, pero en parte por los propios cursos", opina Maria Dolors Giner, directora del centro de formación de la patronal Fomento del Trabajo. Los empresarios piden "cursos más flexibles en la duración y en los contenidos, porque un parado no puede hipotecarse ante cursos de más de 400 horas, pongamos cinco meses, mientras busca empleo, y si falla en la asistencia se puede revocar la subvención", añade. La Administración paga tres euros por hora y alumno en paro, mientras que desembolsa nueve euros por hora de formación impartida a un trabajador en activo. Algunos centros contactados valoran la apertura a los parados, ya desde 2008, de los cursos de formación a trabajadores en activo y el lanzamiento de cursos algo más cortos, de 900 a 120 horas.

Fuentes sindicales añaden que las demandas de las empresas son "inviables" de casar con la oferta porque buscan perfiles a la carta, algo difícil de obtener en la formación, pese a la progresiva especialización de la oferta. "Vamos adaptando el catálogo de oferta a la oferta que pactamos con los agentes sociales", enfatiza Berbel.

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