El mundo tiene un problema. Las economías más dinámicas –las desarrolladas y las emergentes– no son capaces de crear puestos de trabajo a buen ritmo. El desempleo se repone muy lentamente. Es la consecuencia más visible de la crisis financiera que frenó en seco a la economía global en 2008. Los escombros del derrumbe.

 

Hace unas semanas, tres organizaciones económicas internacionales alertaron de la mala situación del mercado laboral en los países del G20. Un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la OCDE y el Banco Mundial concluyó que «la actual tendencia de crecimiento no creará empleo de calidad suficiente».

No será suficiente para un mundo enfermo que necesita sanarse y desprenderse de unos registros tan altos de paro. El conjunto del mundo desarrollado tuvo una tasa de desempleo del 8,6% en 2013. Y las perspectivas no son las mejores. No bajará por debajo del 8% hasta 2018, cuando será del 7,9%.

España empieza a avanzar –2014 es el primer año después de la crisis en el que ha creado empleo neto– pero su punto de partida es muy complicado. Nuestro país tuvo una tasa de paro del 24,47% en el segundo trimestre de 2014, según los datos de la última Encuesta de Población Activa (EPA). Llegó a una cumbre negativa del 26,1% en 2013, según la oficina estadística Eurostat.

Esta carencia de empleos de calidad acentuará los problemas actuales, dice el informe elaborado por los tres organismos para la reunión de ministros de Empleo de los países del G-20, que se celebró en Melbourne.

¿Cuáles son esos problemas? El riesgo de que la brecha laboral se mantenga, un aumento del empleo de mala calidad y que un crecimiento muy lento de los salarios reduzca la capacidad de consumo y golpee a la demanda. Es el círculo depresivo de la economía: con menos empleo, menos consumo; ello daña el crecimiento, afecta a las empresas y puede llevar a despidos.

Aún así, las grandes economías desarrolladas –EE.UU., Japón, la Unión Europea– empiezan a remontar. En 2013, todas tuvieron crecimientos positivos, aunque no despegaran del todo. Estados Unidos y Japón avanzaron un 2,2% y un 1,5%, respectivamente. La UE solo creció un 0,1%, pero venía de un 2012 nefasto en el que cayó un 0,4% y en el que peligró la supervivencia del euro. Algo se mueve ya en la economía.

Sin embargo, esta recuperación sigue «débil y frágil». El informe es tajante. «A pesar de algunas mejoras, la brecha laboral se mantendrá de forma significativa en varias economías del G20 hasta al menos el 2018».

La OIT ha definido el problema: se recupera la actividad económica, pero no llegan los puestos de trabajo. «Hay una crisis mundial en el empleo», concluye el Banco Mundial. La evolución de la tasa de ocupación –el indicador que mide la creación de empleo– enseña un largo camino. Su crecimiento no supera (de media en los países desarrollados) el 0,5% en al menos los próximos cuatro años, hasta 2018.

El parón de Europa

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Fuentes de la patronal CEOE explican que la fragilidad del mercado laboral es fruto de una crisis internacional «muy durarera y profunda» en las principales economías del mundo. Y aunque ahora comience la recuperación, el empleo siempre llega más tarde. «El empleo es un indicador retrasado de la actividad, llegará después de activarse la economía», añade Francisco Aranda, vicepresidente de CEIM-CEOE y presidente de Asuntos Laborales. ¿Por qué? Cuando llega la recuperación y las empresas empiezan a recuperar ingresos, los destinan a pagar las deudas que han contraido para sobrevivir, antes que para contratar.

Además, Aranda considera que los enormes niveles de endeudamiento público de los que venimos restan «recursos productivos» a la economía. En cualquier caso, el economista entiende que hay que tener en cuenta las características de cada región. Europa, por ejemplo, es un gran mercado, pero está fragmentado, al contrario que EE.UU. «Eso resta competitividad».

El gabinete económico del sindicato CC.OO. alude a un conjunto de factores para explicar la crisis global de empleo, como la retirada de estímulos por la Reserva Federal norteamericana o el parón de Europa, el verdadero riesgo actual. «La política monetaria no es suficiente. Si los gobiernos europeos no toman alguna medida para reactivar la economía, Europa no va a salir del estancamiento».

También hay que tener en cuenta, explica Aranda, los diferentes sistemas de negociación colectiva de cada economía. Alemania, por ejemplo, ha favorecido «una mayor flexibilidad interna» para ajustarse a la evolución de la productividad «sin tener que recurrir a una fuerte destrucción de empleo». Para Aranda, en esa línea ha caminado la reforma laboral aprobada por la ministra Fátima Bañez. «Ha introducido positivas dosis de flexibilidad que han permitido a los empresarios mantener miles de puestos de trabajo a pesar de la dificil situación e incluso crear empleo con porcentajes de PIB muy débiles». Se ha reducido el umbral de crecimiento necesario para activar el mercado de trabajo.

Como el mundo, España avanza muy lenta en esta tarea. Hay un ligero punto de inflexión. Este septiembre de 2014, por ejemplo, fue un buen mes para el empleo en el país. Los afiliados a la Seguridad Social –el mejor termómetro del estado del mercado de trabajo– aumentaron en 12.182 personas, una evolución que contrasta con otros septiembres. En el mismo mes, sin embargo, creció el desempleo. El aumento del paro registrado fue de 19.720 personas. Una cifra que se explica porque gracias a la recuperación –y a la expectativa de encontrar un empleo o cobrar un subsidio–, los parados se registran en los servicios públicos de empleo cuando en otra circunstancia no lo harían.

Vicios de España

Sandalio Gómez, profesor de economía de IESE Business School, afirma que la rueda virtuosa de la economía española ha echado a andar. A pesar del frenazo de Europa, «el crecimiento es sólido», opina. Ese movimiento es imprescindible para que se levante el empleo. Pero el mercado de trabajo español todavía tiene vicios que le impiden acelerar. Entre ellos, el profesor de IESE cita «la falta de eficacia de las políticas activas» y «la falta de control sobre los parados».

Gómez cree que el Gobierno ha avanzado mucho en moldear el marco laboral para que sea atractivo. Ha creado incentivos para los contratos de formación y aprendizaje, por ejemplo. ¿Puede hacer más? Sí, puede bajar las cotizaciones sociales, como solicita CEIM-CEOE. «No tiene sentido que uno de los países con mayores tasas de paro tenga uno de los impuestos más elevados al trabajo. Frente a un coste para la empresa de unos 1.600 euros, al trabajador le llegan 600», responde Aranda. Pero esa medida pondría en peligro «la sostenibilidad del presupuesto de la Seguridad Social», que ya tiene un déficit importante, alertan desde CC.OO.

Todos los analistas colocan a la empresa en el centro de la labor. Según Gómez, «falta sensibilidad en las empresas para lanzarse a crear empleo entre los colectivos más desfavorecidos». Los jóvenes, los peor posicionados, tienen una tasa de paro del 53,1%, según la EPA del segundo trimestre de este año. «Hay que resolverlo entre todos, especialmente Gobierno, empresarios y sindicatos».

Aranda pide «medidas que generen un clima favorable para la actividad empresarial». En cuatro ámbitos: una menor presión fiscal, una menor rigidez laboral, menos trabas burocráticas y menos limitaciones a la financiación. El gabinete económico de CC.OO considera que la clave está en reforzar las políticas que estimulen la demanda, una vez que ya se han ajustado las políticas de oferta. «Unas políticas monetaria, fiscal y salarial expansivas situarían el crecimiento por encima del 2,5%».

El doble reto es, según Aranda, capacitar a los parados de larga duración «para recolocarlos en sectores que lideren el crecimiento» y dar entrada a «una generación de jóvenes que vio truncada su entrada natural al mercado de trabajo».

Un terreno donde hay mucho margen de mejora es en las políticas activas. Los servicios públicos de empleo «fallan en el conocimiento de la demanda que hay por parte de las empresas», dice CC.OO. Es necesario modernizarlos. Y en ello está el Gobierno: se ha facilitado la colaboración con las agencias privadas.

Una de las preocupaciones de la OIT sobre España son los salarios, cada vez más bajos. En el informe «España: crecimiento con empleo», presentado el pasado lunes por su director general, Guy Ryder, el organismo afirma que ya «no hay motivos que justifiquen nuevas reducciones en los ingresos laborales». La OIT cree que los beneficios que ello generaría –en las exportaciones– serían menores que el daño que tendría lugar en la demanda interna. Recomienda que vuelvan a subir. ¿Cuánto? «Tanto como permita la productividad».

CCOO está de acuerdo. «El camino de la reducción de sueldos ya lo hemos recorrido. Tenemos unos costes laborales unitarios de los más bajos de la OCDE». Aranda considera que las «fórmulas líneales» no son eficientes. Lo suyo es «ligar los salarios al desempeño de la empresa y la productividad de cada individuo».

Desde la patronal CEOE recuerdan que «gracias a la moderación salarial de los últimos tres años» nos encontramos ahora en fase de recuperación. Esa contención ha evitado «más destrucción de empleo». Habrá sectores, eso sí, que podrán elevar los sueldos, siempre que tengan beneficios, añaden. Sandalio Gómez cree que Europa no puede «competir en costes con el resto del mundo». «Tiene que ser una mano de obra mucho más cualificada. Un empleo de calidad, especializado, muy formado. Europa y España tienen que espabilar».

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