Construcción, ingeniería, minería, tecnologías de la información, energía... Miles de sectores tienen déficit de trabajadores en el mundo debido al desajuste entre la formación y el empleo.

 

La maternidad es tan antigua como la humanidad, pero muchas cosas han cambiado a su alrededor en los últimos años. Las nuevas tendencias y necesidades sociales han generado en torno al embarazo y la crianza el surgimiento de figuras profesionales ya habituales en otros países pero muy novedosas en España –tanto que no cuentan aún con regulación específica– como las doulas y las madres de día.

El programa televisivo Bebé a bordo ha dado popularidad a las doulas, cuya misión es prestar apoyo emocional a las mujeres durante el embarazo, el parto y, especialmente, el postparto. Aunque en España hace menos de una década que se conocen sus servicios, en países como Holanda o Alemania –donde son financiadas por el sistema público de salud– son figuras habituales. En Canadá, donde surgió el nombre para la profesión, son muy reconocidas por el colectivo médico, algo que no siempre sucede en España. “Nuestra misión es dar apoyo y seguridad a la madre y jamás tomar decisiones que corresponden al equipo médico, pero hay doulas que han traspasado esta frontera y eso nos ha generado una situación muy delicada con el colectivo de comadronas, que nos acusa de intrusismo”, explica Clara Vergés, presidenta de la asociación Mares Doules. A diferencia de las comadronas –tituladas en Enfermería con estudios de especialización–, las doulas no tienen titulación reglada, aunque diversas asociaciones imparten sus propios cursos de varios meses de duración. Vergés recuerda que, por ejemplo, una doula puede acompañar emocionalmente a una madre en el parto, pero jamás atenderlo. “Nuestra función es muy sutil: acompañar a la mujer y aportarle confianza para que ella misma encuentre sus propios recursos”, apunta. El perfil de las doulas es muy diverso: en la asociación Mares Doules hay desde ingenieras hasta empleadas de hostelería que comparten su pasión por el mundo de la maternidad, aunque no todas tienen hijos. Para ejercer deben ser autónomas y las tarifas varían según el servicio: por ejemplo, por 14 horas de asistencia a domicilio en el postparto cobran unos 300 euros.

Otra figura habitual en Alemania o Reino Unido que ya puede encontrarse en muchos barrios de Barcelona es la “madre de día”: mujeres que acondicionan su propia casa para cuidar en ella a un máximo de 4 niños de entre 0 y 3 años. En España sólo Navarra cuenta con una regulación, por lo que las madres de día de otras zonas siguen la normativa de esta comunidad: entre otros requisitos deben ser autónomas, tener alguna titulación relacionada (Pedagogía, Magisterio, etcétera) y formación en pedagogías alternativas y primeros auxilios, y contar en su domicilio con espacios adecuados para el juego, la siesta y la alimentación de los niños, así como algún espacio abierto. “El perfil de cliente son padres que buscan un modelo de crianza alternativo a las guarderías y también muchos extranjeros en cuyos países nuestra figura es habitual”, explica Eli Jardí, fundadora de Llars de criança Associació de Mares de dia, que lucha por la regulación de la profesión. Esta psicóloga de 35 años dejó su trabajo en un parvulario para cuidar en su domicilio a 4 niños, incluyendo su propio hijo. “Pensé que era absurdo pagar para que cuidasen ami hijo mientras yo cuidaba los de otros –explica–, lo ideal sería que todos los pequeños pudieran quedarse en su propia casa los primeros años, pero si no es posible al menos poder dejarlo en casa de alguien que le ofrezca lo que su propia madre le ofrecería”. Sus tarifas son similares a las de la guardería privada: unos 450 euros al mes por niño, por 7 horas diarias de lunes a viernes.


“Se crea un vínculo espectacular” Cris Moe, doula

Cuando a los 18 años empezó a trabajar en la hostelería nocturna como experta en coctelería poco se imaginaba Cristina Trilla, conocida en el sector como Cris Moe, que el cóctel hormonal de la maternidad transformaría años más tarde por completo su vida profesional. En el 2008 abrió junto a un socio su propia coctelería, Twist Barcelona, y un año después se quedó embarazada de su primer hijo. “La logística parecía perfecta: yo me iba a trabajar al final de la tarde, cuando mi marido llegaba de trabajar, y así no necesitábamos guardería, pero cuando llegaba de madrugada el niño se despertaba cada poco y pronto comprobé que hostelería y maternidad eran poco compatibles: era como trabajar 24 horas al día sin descansar, en el bar y en casa”, recuerda. Mantuvo el ritmo durante dos años, hasta poco antes de nacer su segunda hija. Vendió el negocio y, mientras cuidaba de los dos pequeños, se planteó dar un giro a su vida profesional. “Tras el primer parto ya empecé a interesarme por el mundo de la maternidad, me formé como asesora de porteo, asesora de lactancia y, el año pasado, como doula de postparto, aunque la mejor formación es la experiencia de mis dos hijos”, explica. Pero quería ir más allá y se planteó estudiar Enfermería para titularse como comadrona, unos planes que se vieron súbitamente interrumpidos al enterarse de que esperaba su tercer hijo, que nacerá en julio. Ahora, con 32 años, ejerce como doula. “Es difícil vivir exclusivamente de esto, pero se puede sobrevivir, y el vínculo que creas con otras mujeres es espectacular”, destaca. Prepara un libro y es autora de un blog (Maretameva.wordpress.com) desde el que ha impulsado Partkami, una singular iniciativa de micromecenazgo con la que, a través de donaciones con recompensa y subastas de objetos infantiles cedidos por empresas y amigos, pretende conseguir financiación para conseguir su gran sueño: poder parir a su tercer hijo en casa, acompañada de comadronas, un servicio que cuesta unos 2.300 euros. El proyecto triunfa en las redes sociales y ya ha conseguido la mitad de la financiación.

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