La confederación sindical británica Trades Union Congress defiende que los empleados deberían tener potestad para decidir los sueldos de los directivos de las empresas en las que trabajan.

Los empleados deberían tener poder de decisión sobre lo que cobran los directivos de sus empresas, según el secretario general de la confederación sindical británica Trades Union Congress, Brendan Barber.

En declaraciones al diario Financial Times, Barber, un líder sindical con fama de moderado, afirma que los trabajadores están "furiosos" por ser ellos quienes paguen ahora los platos rotos cuando los culpables de la actual recesión están en los consejos de dirección de las empresas.

Según Barber, no se han enriquecido sólo los banqueros, sino que los directivos de las cien principales compañías que cotizan en la Bolsa de Londres han visto aumentar las primas que cobran sin que éstas tengan relación alguna con la calidad de sus prestaciones.

"¿Qué habría de radical en el hecho de que los representantes de los trabajadores formaran parte de los comités de remuneración de las grandes empresas para que hubiera cierto sentido de la perspectiva y se tuvieran en cuenta la estructura salarial en su conjunto?", se pregunta el dirigente sindical británico.

Barber señala por otro lado que el movimiento sindical británico tratará de aprovechar el desencanto de los ciudadanos con el liberalismo del mercado para intentar reforzar los derechos de los trabajadores.

"Espero que se termine reconociendo que una regulación más razonable del mercado laboral redunda en beneficio no sólo de los propios trabajadores sino también de las organizaciones bien administradas", explica.

Los sindicatos quieren que se incorpore a la legislación británica la directiva de la Unión Europea que trata de los trabajadores a sueldo de agencias de empleo y temporales de modo que puedan disfrutar ya al cabo de doce semanas de las mismas condiciones salariales y laborales que los fijos.

La confederación sindical de la que Barber es secretario general instará también esta semana la Gobierno laborista británico a que inyecte 25.000 millones de libras (27.500 millones de euros) en un programa de inversiones públicas que permita salvar o crear un millón de puestos de trabajo.

Una inyección económica de esa magnitud doblaría el paquete de medidas fiscales adoptado por el Gobierno británico hasta un 3.25 por ciento del Producto Interior Bruto del país, bastante por encima de lo que planea el Gobierno de Gordon Brown en el presupuesto que anunciará el próximo 22 de abril.

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