Los robots han irrumpido en nuestras vidas después de que centenares de libros y películas lo presagiaran. En la era en que todo se digitaliza, parece inevitable que la computerización destruya empleos como ahora los conocemos. Según un estudio reciente, los empleos creativos se salvaran, mientras que el resto de profesiones tendrán que readaptarse.


Han entrado en nuestras casas, en las fábricas, en los quirófanos, en los restaurantes e incluso en el metro que cogemos en plena hora punta. Los robots han irrumpido en nuestras vidas después de que centenares de libros y películas lo presagiaran. Aunque la ficción se ha centrado en la rebelión de las máquinas contra los humanos, en la vida real los conflictos de la innovación, si es que podemos llamarlos así, vienen por la pérdida de empleo a que los apocalípticos creen que nos condenan los avances tecnológicos en automatización, digitalización e inteligencia artificial. Es lo que se conoce como desempleo tecnológico.

En el caso de España, con una tasa de paro superior al 25%, el asunto alcanza una dimensión dramática desde la perspectiva de que el ritmo de introducción de nuevas tecnologías podría provocar que el crecimiento económico no se traduzca en creación de empleo al mismo ritmo que en etapas anteriores de recuperación. En el ámbito europeo, cuyo Estado del Bienestar se sustenta en las cotizaciones sociales y los ingresos fiscales, sustituir humanos por máquinas en el mercado laboral puede suponer a la larga una merma estructural de ingresos públicos.

No es la primera vez que nuestra especie se enfrenta a este reto. Como dijo Erik Brynjolfsson, investigador del MIT, en una aparición televisiva, «la tecnología siempre está creando empleo y siempre está destruyéndolo». El problema es que ahora, según Brynjolfsson, «el ritmo se está acelerando más rápido que nunca en la historia. Como consecuencia, no estamos creando trabajos al mismo ritmo que necesitamos». El auténtico desafío es saber predecir qué profesiones se verán más afectadas y qué perfiles profesionales va a requerir la vida moderna en que máquinas y humanos trabajen codo con codo.

Creatividad y socialización

Hace poco, en un encuentro económico celebrado en Washington, Bill Gates sentenció: «Dentro de 20 años una gran cantidad de puestos de trabajo desaparecerán y serán sustituidos por el software automatizado. Muchos trabajos que antes requerían poca formación, como camareros, conductores, o incluso enfermeros no tendrán lugar». El estudio El futuro del empleo: cómo de susceptibles son nuestros trabajos a la computerización, de la Universidad de Oxford, corrobora esta afirmación. Según los autores, Carl Benedikt Frey y Michael A. Osborne, de las 700 profesiones analizadas, el 47% corrían riesgo de desaparecer en un máximo de dos décadas (ver gráfico). Las ocupaciones que se salvaban eran, en su mayoría, aquéllas que tenían que ver con la percepción y con las inteligencias social y creativa. «Uno de los principales problemas de los robots es que no son seres humanos», afirma a INNOVADORES Laura Raya, codirectora del Máster Universitario en computación gráfica y simulación de U-tad. «La cercanía con los niños, la sensibilidad, la emoción y la empatía es algo que aún está muy lejos de llegar», añade.

Cambios irreversibles

«Toda introducción de nuevas tecnologías implica cambios, que además son irreversibles», destaca el profesor de robótica y automatización de la Universidad Carlos III Madrid Miguel A. Salichs. En contra de las visiones más pesimistas, el investigador se muestra convencido de que la introducción de nuevas tecnologías «mejora la calidad de vida de las personas y hace rentables a las compañías». «Lo que realmente destruye empleo es que se cierren empresas», señala. España «no puede competir» en costes laborales frente a otros países como China e India. «Que seamos competitivos a nivel global no pasa por la mano de obra barata, sino por la tecnología», defiende. «No tendría sentido que hoy se obligase a las empresas a llevar la gestión a papel y lápiz porque cerrarían todas», ejemplifica. Para Salichs, lo importante es «generar riqueza» porque es la forma de que «aumente el consumo y se creen empleos en otros sectores».

Oportunidades laborales


«Las máquinas facilitan el trabajo, pero no hacen que desaparezca totalmente la presencia humana», indica Raya. «Quizás estaremos rodeados de robots en el trabajo, pero seguiremos trabajando», añade. Si algo provoca la tecnología son posibilidades en sectores que, quizás, todavía no podamos ni imaginar. Nadie hace 20 años hablaba de redes sociales y, por lo tanto, no se imaginaba el rol de la profesión de moda community manager. Uno de los sectores que, precisamente, puede ayudar a la creación de empleo es la propia robótica. «Ahora pensamos en la robótica como un medio de producción, pero poco a poco se va a convertir en un medio de consumo, igual que pasó con los computadores», adelanta Salichs. El profesor cree que esta industria es en sí misma una oportunidad. «Detrás hay mucho empleo que ahora no existe». Todo ello sin contar la supervisión, el diseño y la programación de las máquinas.

Nuevas condiciones

«Más que eliminar de manera total el empleo, será necesaria una readaptación a gran medida», comenta la profesora de U-tad. Las personas que actualmente se encargan de realizar trabajados automatizados «pasarán a otro tipo de empleos o se verán ayudados por un robot de servicios, por lo que deberán asumir un número mayor de responsabilidades», especifica.

Otro aspecto a considerar, que introduce el investigador del Instituto de Automática e Informática Industrial (ai2) de la Universidad Politécnica de Valencia Ángel Valera, es que la computerización evitará a las personas realizar «trabajos tediosos» que les obligue a «estar ocho horas de pie en condiciones duras». Algo en lo que coincide Salichs: «Nuestros padres trabajaban 60 horas semanales, ahora trabajamos 40, la automatización permitirá que esta cifra se siga reduciendo». Este cambio del empleo resultará, a juicio de Valera, «más interesante y menos repetitivo».

El futuro: la colaboración

Ahora, las máquinas pueden hacer nuestro trabajo e incluso pueden hacerlo mejor que nosotros, como demostró la plataforma Watson de IBM al batir a dos participantes de Jeopardy. Sin embargo, los impulsores de este tipo de tecnología de inteligencia predictiva insisten en su función complementaria al trabajo humano. «Si bien los robots pueden acaparar un elevado número de empleos, siempre se necesitará a una persona supervisando a un conjunto de ellos, gente que los cree, los diseñe y los programe», prevé Raya. Marco Annunziata, economista jefe de General Electric, resumió esta relación en su última conferencia TED de forma muy visual: «El trabajador del futuro será más como un Iron Man que un Charlie Chaplin de Tiempos modernos».



Watson sabrá lo que quieres antes que tú

IBM se ha propuesto crear un segundo cerebro que complemente al nuestro. Se trata de la plataforma Watson, capaz de gestionar en velocidades récord cantidades de datos que nuestra cabeza no podría asimilar jamás, abriendo las puertas a nuevos tratamientos del cáncer cerebral, por ejemplo. La plataforma de computación cognitiva ya puede buscar resultados en segundos entre 1,5 millones de fichas de pacientes que cubren décadas de historia del tratamiento del cáncer. La nueva creación de IBM no es sólo predictiva sino también proactiva ya que puede aprender continuamente de cada interacción, en cualquier momento y en cualquier lugar, manteniendo conversaciones personalizadas y acertadas. Aunque sus primeros usos llamativos están siendo médicos, la herramienta permitirá a las marcas sacar el máximo partido de millones de datos para transformar y mejorar la gestión de sus clientes en áreas como el marketing, el servicio al cliente y las ventas. Entre otras habilidades, Watson -que se plantea como un cerebro que puede saber lo que queremos antes de que nos demos cuenta de que lo queremos realmente- puede captar los matices del lenguaje natural, entender las preguntas de forma similar a como piensan los humanos y seleccionar rápidamente la mejor respuesta posible entre una enorme cantidad de información gracias a las avanzadas tecnologías analíticas de IBM.

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