Oleada tecnológica y crisis crean sobrecarga en el cerebro del directivo y degradan sus decisiones. ¿Qué tienen en común empresas como General Mills, Google, Procter & Gamble, Apple, Yahoo! o Unilever? Pues, entre otras, que todas ellas aplican sus propios métodos basados en la llamada atención plena (mindfulness), en busca de la excelencia en el liderazgo de sus directivos.


¿De qué estamos hablando? De una práctica que permite liberar la mente de la sobrecarga a la que estamos sometidos y que impide concentrarnos al cien por cien en lo que hacemos. Meditación y técnicas de respiración adecuadas pueden mejorar la salud de muchos empleados sometidos a presión y paliar el estrés. El Financial Times del pasado día 5 de mayo explicaba que la City de Londres está viviendo una “revolución tranquila”, basada en la antigua idea budista de la meditación. Según el rotativo, la City Mental Health Alliance calcula en 26.000 millones de libras (unos 32.000 millones de euros), las pérdidas anuales por absentismo de enfermedad, menor productividad y costes de selección. Estamos pues, ante un problema muy serio y costoso, lo que explica porqué el mindfulness ha entrado con fuerza en muchas empresas punteras.

Así lo entienden Alberto Ribera, profesor del Iese y José Luis Guillén, fundador de Social Ventures, que realizaron recientemente en Insight Iese, un interesante análisis sobre los beneficios de la atención plena. En resumen, su planteamiento es que “el bombardeo de estímulos, las constantes interrupciones o la creciente presión por hacer más con menos, fomentan la dispersión mental y las conductas reactivas entre los directivos. El resultado: mayor ansiedad y estrés, que se traduce en una menor productividad. A partir de la experiencia de diversos programas de mindfulness implantados en grandesmultinacionales, parece clara su utilidad para liberar la mente de esa sobrecarga que dificulta la concentración y lastra el desempeño. La atención plena permite potenciar una serie de funciones cognitivas y ejecutivas, favorece un mayor grado de autoconciencia y facilita los procesos de regulación emocional, de modo que capacita al individuo para sustituir las respuestas automáticas por otras más conscientes y, por tanto, más eficientes”.

Por supuesto, los años que llevamos de crisis han multiplicado el grado de ansiedad en la gente de las empresas, lo que ha llevado a buscar con urgencia sistemas para gestionar el estrés y mejorar el control emocional. A ello se añade la presión que ejerce la tecnología que obliga a mantener la conexión en muchos casos las 24 horas del día y siete días a la semana. En Francia ya han dado un paso en este sentido a nivel global, con la prohibición de emitir mensajes desde la empresa al empleado una serie de horas al día. No resultará fácil su aplicación y menos aún ver sus resultados, pero indica que el problema preocupa y mucho.

En el Iese llevan años trabajandolos rasgos de la personalidad que afectan al comportamiento directivo.Un reciente test de personalidad realizado en la escuela de negocios a casi mil directivos daba cuenta de que un 72% de los participantes presentaba un alto nivel excitabilidad exploratoria (curiosidad en sentido exagerado, es decir, búsqueda constante de la novedad) y un 45% mostraban un alto grado de impulsividad, lo que denota “un bajo control de las respuestas y poca predisposición a la reflexión”.

LOS RESULTADOS


Esta realidad choca con la definición que Ribera da de mindfulness, “prestar atención a lo que pasa, en lugar de actuar con el piloto automático”. “Los directivos piensan en los resultados, pero piensan en lo que quieren conseguir. Esto les crea ansiedad y frustración y no les permite disfrutar el proceso. El montañero disfruta del camino, a veces más que de la cima...”, explica Lucía Ceja, investigadora del Iese. Y añade que lo importante “es la experiencia de profundo disfrute de la actividad que realizamos. Lo que se conoce como flow. El flow se da al pintar un cuadro, no al terminarlo, hay una identificación completa en el proceso”. Entre el mindfulness y el flow hay un punto de contacto crucial. “en ningún momento se enjuicia lo que haces, simplemente lo haces”, dice Ribera. Entre los puntos que se mejoran aplicando estas técnicas, Ribera y Ceja apuntan de entrada una mayor capacidad de resistencia al estrés y una mayor resiliencia. Un segundo aspecto es la mejora de la inteligencia emocional, y una mayor consciencia y disfrute de lo que se hace. Otro aspecto importante es la mayor capacidad de concentración en un punto, estar más en lo que se hace. A partir de ahí mejora la capacidad de tomar decisiones, porque se es más ecuánime y se tiene la mente más centrada, pero sin perder la perspectiva de las cosas.

Ribera afirma que el mindfulness es cómo el músculo de la atención y “como todo músculo necesita ser ejercitado. En este caso se trata de un hábito emocional, cognitivo. Para ello se siguen cursos en los que se ayuda a la meditación”. Dice que en España está entrando. “En realidad está en un momento incipiente, tanto a nivel práctico como científico, en el sentido de los académicos que se dedican. Ha ido entrando por el camino abierto por la inteligencia emocional aunque las empresas recurren al mindfulness en situaciones límite de los directivos”. Ceja reconoce que te da “claridad de mente, te hace ver dónde está la frontera de la tensión saludable de la que no lo es”.



Efectos positivos en la organización

1. PRODUCTIVIDAD. El mindfulness puede impactar positivamente en el rendimiento a través de distintas palancas. La atención plena al momento presente permite reducir la divagación de la mente y mantener el foco durante más tiempo. Estos efectos son especialmente notables en entornos laborales muy afectados por el multitasking, que ralentiza el rendimiento y aumenta los errores.

2. TOMA DE DECISIONES.
En general, se presupone que la toma de decisiones en la empresa es racional. Sin embargo, hoy sabemos que la mayor parte de las decisiones humanas y los razonamientos están dirigidos por procesos no conscientes y automatizados. Y esto no siempre es negativo, ya que nos permite actuar con la máxima rapidez y la mínima inversión de recursos cognitivos. Pero en el extremo puede llevarnos a actuar de forma precipitada.

3. CREATIVIDAD.
No existen estudios que relacionen de manera directa la atención plena y la creatividad en el entorno de trabajo, pero sí hay algunos indicios de que esta relación exista. Dado que a nivel neurológico el cultivo de la atención promueve una serie de nuevas conexiones y el desarrollo del pensamiento lateral, es lógico pensar que las organizaciones que cuenten con un liderazgo mindful sean más proclives a la creatividad.

4. RELACIONES Y CLIMA LABORAL. Al mejorar la sensación de bienestar individual, el mindfulness promueve las emociones positivas, reduce el estrés y aumenta la empatía. Eso tiene un impacto positivo sobre las relaciones sociales y, por contagio, puede contribuir a la mejora del clima laboral.

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