¿Cómo discernir al mejor candidato para un empleo? En una columna escrita para The New York Times, el periodista David Brooks argumenta que al priorizar en la selección a un tipo concreto de personas, se establece una especie de modelo vital a seguir por parte de muchos jóvenes que buscan empleo. Por ello propone a las personas responsables de los procesos de selección una serie de principios, un credo, para contribuir socialmente a cultivar personas más profundas y plenas.


Apreciados empleadores,

Quizás vosotros no os dais cuenta, pero ejercéis una gran influencia sobre la cultura y la ecología moral de nuestros tiempos. Si vuestros directores de Recursos Humanos deciden que quieren contratar a personas de un cierto tipo, los jóvenes comienzan a convertirse en personas de ese tipo.
Así pues, os pido que reflexionéis sobre los siguientes principios, el credo del empleador. Si los seguís en la selección de personal, transmitiréis un cierto mensaje sobre cuál es el tipo de persona que sale adelante hoy en día. Quizás corregiréis algunas de las perversidades de las cotas altas de nuestra meritocracia e incluso es posible que contribuyáis a cultivar personas más profundas y plenas.

En vuestras decisiones de selección de personal, tended a desestimar a los perfeccionistas. Si trabajáis en un sector de carácter intelectual que atrae a candidatos muy cualificados, es probable que hayáis recibido una avalancha de currículums de personas que, más que seres humanos, son avatares perfectos diseñados para alcanzar el éxito. Han obtenido un promedio de excelencia en el bachillerato y la universidad. Han ocupado los típicos puestos de liderazgo durante los estudios universitarios. Han hecho las prácticas perfectas en una consultoría o en un banco de inversión y, en su tiempo libre, han repartido mosquiteras en Zambia y excavado pozos en Perú.

Al leer dichos currículos, te vienen a la cabeza dos cosas. En primer lugar, ese candidato es extraordinario. En segundo lugar, aquí hay algo totalmente insípido. Esa persona ha seguido punto por punto la receta preestablecida para triunfar en la vida y, en realidad, no tienes ni idea de cómo es. Sólo sabes que tiene un gran talento para amoldarse a lo que dicta la sociedad. O bien no tiene ningún interés por tomar un rumbo de vida original o bien le falta valor para hacerlo. Evitad este tipo de personas.

En vuestra selección de personal, apostad por los dualistas. Las personas que os conviene contratar deben haber alcanzado un cierto éxito entendido de manera convencional, pero también deben haberse embarcado en alguna aventura alocada que, desde el punto de vista profesional o de estatus social, no tenía ningún sentido. Quizás una persona dejó un buen trabajo en la banca para salvar el negocio familiar de lavado en seco que su familia tenía en Akron, una pequeña ciudad de Ohio. Otra quizás tenía unas notas excelentes que le habrían permitido entrar en las mejores universidades, pero prefirió una modesta universidad cristiana porque quería estudiar en un lugar donde pudiera indagar sobre sus valores. Estas personas han hecho al menos algo que va profundamente en contra de la moda imperante. Son personas que tienen una motivación intrínseca, una curiosidad innata y el valor de no seguir los dictados sociales.

Apostad por los que dicen la verdad. No hace mucho conocí a una persona que se dedica a la selección de personal y contrata a mucha gente. Me comentó que, en todas las entrevistas, hace la siguiente pregunta: "¿Me podrías hablar de alguna vez que hayas dicho la verdad y hacerlo te haya perjudicado?" Si al entrevistado no se le ocurre ninguna ocasión inmediatamente, puede que algo no acabe de funcionar.

No os decantéis sistemáticamente por los candidatos con una nota media más alta. Los estudiantes que sacan excelentes en todo tienen la habilidad de dominar sus pasiones prudentemente para poder alcanzar un muy buen nivel en materias diversas. Pero posiblemente lo que necesitáis sean empleados dedicados en cuerpo y alma a un solo tema. A menudo en la escuela estas personas sacaban Excelentes en materias que les apasionaban, pero Notables en materias que no les estimulaban la imaginación.

Recompensad las virtudes de la madurez, no las de la juventud. Hay virtudes que florecen con la juventud: la inteligencia, la energía, la curiosidad y la simpatía. Hay otros que sólo se adquieren con el paso del tiempo: tener a los otros en consideración, la intuición sobre el curso que seguirán los acontecimientos o ser capaz de discernir qué es lo correcto en ausencia de un posicionamiento externo. Dichas virtudes se suelen adquirir con la experiencia, después de que una persona se haya tomado el tiempo de criar a los hijos, lo hayan despedido o haya aprendido a convivir con un superior cruel. Las virtudes de la juventud están muy bien al contratar miles de consultores para despachar uno tras otro montones de informes. Para la mayoría de otros trabajos, también tendréis que buscar las virtudes de la madurez.

Recompensad a los que han sufrido para llegar a donde están. A los que buscan trabajo se les dice que deben presentar un relato lineal de las cosas que sea fácil de leer y asimilar como una serie de conquistas inmaculadas. Pero si tras un viaje de negocios horrible os quedáis tirados en el bar de un aeropuerto, ¿de verdad os apetecería tomar algo con una persona así? No. Querríais estar con una persona real, que hubiera vivido contratiempos, hubiera sufrido y hubiera salido adelante. Querríais que fuera alguien con lagunas evidentes en su currículum, que hubiera aprendido las lecciones que sólo el sufrimiento nos enseña y hubiera sabido volver a levantarse.

Recompensad a los que escriben cartas de presentación rebeldes.
Buscar trabajo es el segundo contexto social de la vida moderna en el que más se presume, después de las citas. Pero hay gente que se decanta por no embellecer ni exagerar nada. Deciden no presentar cada ocasión como si fuera más impresionante de lo que en realidad fue. Os conviene tener a personas que sean radicalmente honestas, incluso con sus superiores.

Podríais argumentar que en realidad no deseáis tener personalidades ricas y completas en vuestra empresa. Sólo queréis drones del éxito que sean capaces de cumplir determinadas tareas. Dudo que esto coincida con el interés a largo plazo de vuestro negocio. Pero, si os da  miedo romper moldes de esta manera, pensad al menos en los efectos que vuestros actos tienen en las sensibilidades más profundas de la próxima generación, en el tipo de personas que estáis incentivando y a las que, por tanto, dais forma, y pensad también en la herencia que dejaréis.

 

* Brooks, David. “Employer’s creed”. The New York Times, 31/03/2014 (Artículo consultado on line el 05/05/2014).

Acceso a la noticia: http://www.nytimes.com/2014/04/01/opinion/brooks-the-employers-creed.html?_r=1

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