Los celos entre compañeros de trabajo o de un directivo a su subordinado son habituales en las empresas y pueden marcar las relaciones profesionales. Las personas más proclives a desarrollar estos sentimientos son aquellas con una autoestima más baja. Aprender a gestionar estos sentimientos es clave para un buen clima laboral.


Los celos no son algo exclusivo del ámbito sentimental. Las oficinas están llenas de relaciones profesionales marcadas por este sentimiento que pueden marcar el día a día cotidiano laboral e incluso las posibilidades de promoción de un determinado trabajador. “El mundo de los celos y otras pasiones desbocadas influye, y mucho, a la hora de gestionar una empresa”, advierte Guido Stein, profesor de Iese y coautor de un artículo académico sobre el tema.

Según Stein, “los celos son una pasión y, por tanto cualquier persona puede caer en ellos”. Y, como cualquier otra pasión, tiene puntos positivos y negativos. “Un poco de celo demuestra que aprecias lo que haces –subraya Stein-: el problema es cuando esta pasión genera como efecto secundario el miedo a que otra persona te lo robe”. Como muchos otros elementos en psicología, los celos tienen un origen multicausal: “sabemos que hay personas que nacen más sensibles que otras, pero todo apunta a que el hecho de que una persona sea más o menos celosa dependerá mucho del aprendizaje y la educación que haya tenido a lo largo de su vida”, explica el psicólogo Roger Puigdecanet, del Centro de Psicología, Asesoramiento Personal y Salud Psigma. Las personas con más tendencia a los celos, explica Puigdecanet, son aquellas que presentan problemas de inseguridad y falta de autoestima, porque siempre creen percibir a su alrededor amenazas que ponen en riesgo su propia seguridad: en este caso su puesto de trabajo o su posición en la compañía. “Estas personas desde pequeñas se relacionan con los demás a través de la envidia: se obsesionan tanto con observar qué tienen los demás que no disfrutan de lo que tienen ellos mismos”, lamenta el psicólogo.

Los constantes cambios de papel propios del funcionamiento de una empresa son el caldo de cultivo ideal para que este tipo de personas dejen aflorar sus sentimientos de celos. “Muchos profesionales desarrollan envidia hacia otros subordinados o colegas por el motivo que sea, por ejemplo porque simplemente consideren que es más feliz que ellos –apunta Puigdecanet-. Es más habitual en el sexo femenino, pero entre trabajadores masculinos también sucede”. A veces estos sentimientos se ocultan tras situaciones que en apariencia son exclusivamente profesionales. Por ejemplo, un trabajador que constantemente acusa a un compañero por hacer mal su función o no colaborar lo suficiente en el equipo podría estar ocultando en realidad una envidia personal.

Los celos puede darse en cualquier nivel jerárquico de la compañía: de hecho, a menudo las posiciones de poder pueden aumentar la intensidad de estos sentimientos. “Pongamos como ejemplo el presidente de una entidad bancaria, que tiene como vicepresidente a un ejecutivo de su misma edad, con una gran trayectoria profesional y que le ha sido impuesto en el cargo –explica Stein-: independientemente de que ese presidente sea o no una persona celosa, es probable que tenga más envidia a su mano derecha que si fuese un joven de apenas 40 años escogido por él mismo”. En cambio, si el escogido fuese el prometedor ejecutivo treintañero, el resto de miembros del consejo de dirección que aspiraban a ocupar el cargo sentirán celos por el fulgurante ascenso de su colega.

Pocos profesionales acuden a una consulta psicológica reconociendo que tienen celos de sus compañeros: en cambio, las víctimas de estos sentimientos sí son habituales en el diván. “Cada vez nos llegan más casos de profesionales con ansiedad y estrés porque alguien de su trabajo le hace mobbing a causa de la envidia”, apunta el experto de Psigma.



Prevenir y actuar

  • 1. “La víctima de los celos debe hacer un examen de conciencia y analizar si los celos que provoca en su jefe o colega son provocados o no –explica Guido Stein, profesor de Iese-. Si son provocados, aunque sea de forma inconsciente, puede buscar una forma de detenerlos”.
  • 2. El profesional que es consciente de que sus compañeros o jefes le envidian puede intentar prevenir escenarios conflictivos, esforzándose por evitar o hacer pasar desapercibidas situaciones que puedan ser interpretadas como injustas, arbitrarias o de favoritismo.
  • 3. Otra forma de intentar prevenir los celos es alabar de forma sincera los méritos de los demás, expresando de forma explícita las cosas positivas que hacen el resto de compañeros o jefes y que contribuyen a que nuestros propios proyectos tengan resultados positivos.
  • 4. Si el celoso es un directivo, y la víctima de los celos es su mano derecha, Guido Stein recomienda a este mantener una actitud “ligeramente servil” con su jefe, “lo cual no significa ser hipócrita” sino actuar dejando muy clara las diferencias jerárquicas con su superior.
  • 5. Cuando los celos interfieren de forma significativa en el día a día laboral debe estudiarse si la situación es o no gestionable por parte de la víctima de los celos. En casos extremos puede ser razonable plantearse un cambio de posición o departamento, o incluso de compañía.


El jefe Otelo

Recuperando de la literatura al celoso protagonista de un drama shakespeariano, los profesores de Iese José Ramón Pin y Guido Stein hablan de “jefes Otelo” para referirse a un tipo de líder que siente envidia del éxito de sus propios subordinados, ya que temen que les arrebate el puesto. Algunos comportamientos que delatan al “jefe Otelo”:

  • - Critican en exceso las actuaciones de los subordinados para restarles méritos.
  • - Evitan la presencia de los subordinados en reuniones importantes, ya que los consideran competidores.
  • - Les encargan proyectos difíciles con medios insuficientes para que cometan errores.
  • - En casos extremos, los destituyen sin causa lógica aparente.

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