De la misma forma que la productividad aumentó de forma considerable con el inicio de la crisis económica, ahora que la destrucción de puestos de trabajo es menor, vuelve a ceder. Con la expansión se crean empleos malos, de baja calidad y baja productividad, y la productividad media decrece. En épocas de crisis se destruyen gran parte de estos empleos malos y la productividad media aumenta.


Dice el refrán que la cabra tira al monte. E igual de persistente se muestra la productividad en España. “En la época de bonanza el nivel de productividad era inexistente. Hasta que llegó la crisis, momento en el que la destrucción de empleo nos ha llevado a los mayores niveles de productividad del presente siglo. España es el único país del mundo que tiene una productividad anticíclica, que solo aumenta cuando el país va de pena”, explica Inmaculada Cebrián, profesora de Economía de la Universidad de Alcalá de Henares. En 2013, continúa, una vez que la destrucción de empleo ha sido menor, la productividad ha vuelto a caer, lo que demuestra, que “las consecutivas reformas del mercado de trabajo siguen sin dar los frutos esperados”.

Mientras que la correlación entre las variables productividad y crecimiento del PIB en el caso de Alemania y Estados Unidos es positiva (de 0,93 y 0,56, respectivamente); en España es negativa, de 0,93, señala Daniel Fernández Kranz, profesor de IE Business School en un reciente artículo. En su opinión, esto es reflejo de la dualidad del mercado laboral, por la que los empresarios ajustan la cantidad de trabajo temporal en tiempos buenos y en épocas de recesión. Con la expansión se crean empleos malos, de baja calidad y baja productividad, y la productividad media decrece. En épocas de crisis se destruyen gran parte de estos empleos malos y la productividad media aumenta, asegura. Como Cebrián, el profesor del IE considera que la reforma laboral no ha servido para revertir esta tendencia.

Para lo que sí ha servido, según el Observatorio de Seguimiento de la Reforma Laboral del Club de Excelencia en Sostenibilidad, la Fundación Sagardoy y Adecco es para que los despidos pasen de ser una medida que han usado casi el 44% de las empresas frente al 37% de finales de 2012. En la mayoría de los casos, han sido despidos individuales (76%), con una indemnización media de 26 días de salario por año trabajado. Y para que la devaluación salarial se aproxime al 10%. “La ganancia de competitividad de España se ha derivado de la bajada de los salarios”, asegura Cebrián, quien considera además que la reforma laboral ha propiciado un cambio en la estructura del mercado de trabajo, donde la creación de empleo ha pasado de los asalariados a los autónomos, “lo que está demostrado que tiene consecuencias negativas para la productividad y la riqueza del país, puesto que con ello se precariza el empleo”, advierte.

Autónomos, contratados a tiempo parcial y temporales. Esos serán los puestos de trabajo que se generen una vez se supere la crisis. Porque el problema de la cualificación profesional de los españoles sigue sin resolverse. Al fin y al cabo, los sectores que más empleos crean en el país son la hostelería, el comercio y las actividades sanitarias, todos ellos de baja cualificación, en tanto que los que más trabajo destruyen son la Administración, la educación y las ingenierías, de mayor nivel formativo, según Alessandro Gentile, doctor en Sociología y profesor de la Universidad de Zaragoza. Para quien España no es un país para los jóvenes cualificados, sino uno donde las personas de entre 25 y 34 años están entrenadas en la precariedad y el trabajo no garantiza su independencia.

“El mercado laboral español está basado en gente sin cualificación y con estructuras contractuales poco estables, en las que se ceba la destrucción de empleo. Al contrario que en los titulados en Formación Profesional, donde el paro solo afecta al 10%. La conclusión es clara: el verdadero problema estructural es la educación, la distancia entre la formación reglada y el sistema industrial, una situación que se conoce desde hace décadas y que va a seguir siendo grave en los próximos 40 años si no le ponemos remedio ahora”, explicaba Juan Manuel Cruz, director ejecutivo de recursos humanos y administración de Acciona en una jornada organizada por la Asociación Española de Dirección y Desarrollo de Personas (Aedipe) y las fundaciones Élogos y Sagardoy.

“Ver pasar año tras año y que no haya una mejora en la cualificación del mercado de trabajo, aunque se gasten más de mil millones de euros en formación, es decepcionante”, criticaba Juan Chozas, director de recursos humanos de Bankia. “El legislador es timorato, miedoso y lento en atacar unos problemas que otros países han atajado con éxito”, añadía en referencia a las políticas activas de empleo y a la necesidad de poner en marcha la colaboración público-privada a través de las agencias de colocación privadas que, pese a aprobarse en 2010, no se han puesto en marcha en la práctica. Hay rigideces del mercado laboral español que no cambian (productividad, temporalidad, precariedad, cualificación), algo que contrasta con las exigencias variables de las empresas y los puestos de trabajo. “El empleo medio dura entre cuatro y cinco años, es muy poco comparado con 30 años atrás. Y se va a reducir más todavía. Tenemos que estar preparados para contratos más cortos y temporales”, señalaba el representante de Aedipe, Antonio Fernández Aguado, en la creencia de que lo importante es la empleabilidad del trabajador.

Incluso Bankia, con un ERE activo que afecta a 4.500 personas, sabe que tiene necesidades de contratación. De jóvenes y de perfiles especializados, en menos de dos años, la entidad volverá a fichar, según Chozas.



Los salarios de entrada bajan el 20%

La crisis económica se ha cebado con los trabajadores. No hay más que ver el aumento del paro y cómo ha pasado a ser la primera preocupación de los españoles. Incluso los que encuentran empleo están en inferioridad de condiciones respecto a quienes acaparan antigüedad. Y es que si hay unos salarios que han sufrido la crisis con mayor intensidad, esos son los salarios de entrada a las empresas, que ya se han acostumbrado a practicar una doble escala salarial.

Una encuesta realizada entre un centenar de grandes y medianas empresas por People Matters indica que el 21% de ellas han reducido sus salarios de entrada. “Las nuevas contrataciones se hacen bajo condiciones diferentes. Entre 2012 y 2014 han descendido los sueldos por encima del 20% en todas las categorías laborales”, señala Susana Marcos, socia de la consultora, quien remacha “se están ofreciendo retribuciones de 2007 o 2008”.

El año pasado los operarios de nueva contratación ganaban un 15% menos que sus colegas; si eran técnicos cualificados o mandos intermedios la rebaja era de un 13,5% y casi un 14%, respectivamente, y de un 12,5% menos que en 2012 si eran administrativos.

Los sectores donde más se ha notado esta diferencia entre los recién contratados y los antiguos son: comunicación y entretenimiento, tecnologías y telecomunicaciones, servicios, ingeniería y construcción.

Pero no solo en ellos. Antonio Fernández Aguado, director de recursos humanos de Famosa, confirma que en su empresa antes de la crisis las nuevas contrataciones se hacían por unos 25.000 euros anuales en tanto que ahora es por 20.000 euros. “Queda muy poco personal antiguo en la compañía”, asegura el directivo, que resalta la ganancia de competitividad de Famosa en estos años. Con una plantilla de 1.000 empleados, 600 en España, el coste por hora trabajada en China es de un euro, frente a los 20 euros de nuestro país, mantiene Fernández.

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