Entrevista de "la Contra" a Ivan Caballero, emprendedor social y creador de The Social Coin: "Son muchos los estudios que concluyen que hacer algo por los demás nos hace felices. Muchas personas sufren precisamente porque se sienten aisladas del resto de la humanidad y necesitan un empujón."


Tengo 37 años. De Barcelona. Estoy casado y tenemos un hijo. Estoy licenciado en Empresariales, Marketing y Negocios Internacionales. Creo que otra política es posible; en un orden universal, y en la capacidad de las personas para transformarse y transformar el mundo

Ha creado usted una cadena de favores...


Sí, mediante una moneda biodegradable que contiene una semilla de rosal que entregas a la persona a la que has hecho el favor.

Que a su vez se la entrega a otra.


La moneda, símbolo de una acción desinteresada, va corriendo de mano en mano. Su rastro y las historias que ha originado pueden seguirse a través de internet.

¿Un proceso sin fin?


Pasados tres meses, todas las personas que han seguido la cadena reciben la convocatoria de dónde será plantada. Pese a que muchas monedas cambian de país, es muy reconfortante ver lo que un simple favor puede desencadenar.

Bonita idea, ¿con buenos resultados?


En seis meses se han generado 15.000 monedas que han hecho 124.000 favores en 42 países de la mano de 450 personas y 22 empresas.

Usted era un ávido empresario.


Desde los 17 años he trabajado para salir adelante. Estudié Empresariales y Marketing en varias escuelas de prestigio españolas e internacionales. Tuve que trabajar muchos años para poder pagarlo, pero creía que era el único camino para conseguir la calidad de vida que nunca había tenido.

Es obvio que ya no piensa lo mismo.


Con el tiempo me he dado cuenta de que lo único importante es vivir con plenitud, sintiéndote parte de la humanidad y escuchándote: hay que estar más en silencio.

¿Llegó a dirigir su propia empresa?


He fundado cinco empresas. Con dos me arruiné. Con la primera me estafaron, y me enteré mientras trasladaba toda mi casa en una furgoneta hacia la ciudad donde la había fundado. Con la segunda, la deuda que me dejó una gran aerolínea participada por empresas del Gobierno me obligó a cerrar.

Eso da mucha rabia.

Sobre todo tener que despedir a 17 personas, entre ellas mi hermana. Otra empresa la fusioné. Con otra gané algo de dinero.

Es usted perseverante.

El punto de inflexión fue ser padre, tomar conciencia del mundo que quería dejar a mi hijo. Entendí que la relación con el dinero es uno de los graves problemas de la humanidad, y comencé a pensar que el altruismo, el hacer algo por otra persona sin esperar nada a cambio, podría ser el antídoto.

Pero de la teoría a la práctica...

Son muchos los estudios que concluyen que hacer algo por los demás nos hace felices. Muchas personas sufren precisamente porque se sienten aisladas del resto de la humanidad y necesitan un empujón.

¿Cómo puso en marcha su idea?

Se la expliqué a un amigo, que se convirtió en mi socio, y con cuatro universitarios que creyeron en ella salimos a la calle a hacer favores a desconocidos durante un año; así comprobamos que funcionaba.

¿De dónde obtuvieron el dinero para iniciar el proyecto?


Lanzamos una campaña de micromecenazgo y 240 personas donaron 11.000 euros. En poco tiempo hemos conseguido propagar una epidemia de altruismo en todo el mundo.

Debe de estar orgulloso.


Hoy puedo decir con certeza que quiero dedicar mi vida a trabajar en proyectos que mejoren la vida de las personas. Lo demás no tiene sentido.

¿Qué tipo de favores hicieron ustedes durante aquel primer año?

Tan simples como ayudar a una abuela a llevar la compra a casa o invitar a café a los periodistas que pasaban frío en la puerta del juzgado durante el asuntos Bárcenas. Escuchar, perdonar, agradecer, acompañar en el sufrimiento... Cualquiera de estas acciones es válida para entregar una moneda.

Pero un favor es desinteresado, no puedes pedir a la gente que lo haga a su vez.

Cierto, por eso los que más funcionan, con los que las monedas corren, son favores a gente que conoces. En tu entorno siempre hay alguien que necesita ser ayudado. Cada vez estoy más convencido de que son las personas pequeñas en lugares pequeños haciendo cosas pequeñas las que están cambiando el mundo.

Pero la cadena se puede romper en cualquier momento.

Hemos comprobado que las actitudes altruistas espontáneas suponen mayor cantidad de cadenas rotas. Definir un propósito, escribirlo en la web y realizarlo es un proceso más reflexivo que puede hacer que el altruismo se convierta en hábito.

Cuénteme alguna cadena que le haya impactado.


Hemos hecho la prueba con varios colegios. Dábamos una moneda a toda una clase y el resultado fue increíble: el altruismo y la alegría brotaron sin ningún tipo de trabas; los adultos somos más desconfiados.

Su moneda en las empresas también despertará el humor...

Sí, pero entre broma y broma se animan y comienzan a surgir propósitos que acaban siendo compromiso, desde enseñar Excel a un compañero hasta invitar a desayunar a los que guardan cola en la oficina de empleo.

 



Sigue la cadena

The Social Coin, una asociación sin animo de lucro que se dedica a promover cadenas de favores y acciones desinteresadas, nace de un joven empresario que al sostener a su primer bebé en brazos se preguntó qué herencia quería dejarle: ¿dinero? No, un mundo más feliz. La siguiente pregunta, ¿qué nos hace felices?, ha sido contestada por la filosofía, la religión y la ciencia: las acciones desinteresadas son una fuente universal de felicidad. Así combinó las nuevas tecnologías con una palabra antigua como el ser humano, altruismo. "Si cae una moneda en tus manos, piensa qué favor vas a hacer, escríbelo en la web, hazlo y entrega la moneda. Sigue la cadena, y verás el efecto".

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