Hablar en público es uno de los miedos más comunes de las personas. El temor de hacer el ridículo o de resultar aburrido se apodera muchas veces de los oradores. Financial Times nos ofrece una sencilla guía para cautivar al público. Al contrario de lo que se suele pensar, soportes tan populares como los Power Point o las chuletas pueden hasta dificultarnos la tarea.

 

El cómico Jerry Seinfeld una vez bromeaba acerca de un estudio que afirmaba que el miedo número uno de la gente era hablar en público: “Si vas a un funeral, es casi mejor estar tranquilo en el ataúd que pronunciando las palabras de elogio al difunto”.

No faltan investigaciones que sugieren que el miedo a hablar en público - también conocido como glosofobia - ocupa un lugar prominente en la mayoría de los rankings de los temores.

“Queda significativamente fuera de la zona de confort de la mayoría de las personas”, dice Michael Crom, Director de Formación en Dale Carnegie Training. “Tienes que estar preparado para cualquier cosa”. Él recuerda una ocasión en la que dio una charla en una conferencia médica: “Fui el último en hablar. Era tarde y la persona que iba antes de mi se pasó del tiempo y ya habían empezado a apagarlo todo. Así que de repente no tenía Power Point ni audiovisual alguno”.

Para mucha gente, perder el soporte del Power Point delante de una audiencia con ganas de marcharse seria una pesadilla hecha realidad.

Geoff Church de Dramatic Resources, una compañía de formación empresarial que usa técnicas del mundo del espectáculo, remarca que la reticencia de las personas a hablar en público puede llevar a situaciones ridículas: “Ves gente que trabaja en una presentación durante un mes y después acaban decidiendo quien hablará en el taxi de camino a ver al cliente”.

“El miedo escénico bebe de todo tipo de fuentes, pero principalmente de la falta de experiencia”, argumenta Paul Edwards, Profesor en la Escuela de Información y del Departamento de Historia de la University of Michigan. “Otra de las razones por las cuales la gente lo hace mal es porque siguen malos modelos –otros oradores pésimos a su alrededor– y aprenden hábitos y patrones negativos”.

También pasa que mucha gente lo hace con poca frecuencia, y por eso ven el hecho de hablar en público igual que los niños ven los exámenes, como una prueba que hay que superar, en vez de una oportunidad para brillar.

Otro problema es que las personas de empresa tienden a verse a ellas mismas como buenas comunicadoras. A menudo son buenas en las reuniones o situaciones sociales pero eso no es lo mismo que hablar en público.

Nick Smallman de Working Voices, una consultora en herramientas de comunicación y presentación, dice que muy poca gente trata de combatir sus miedos porque no tienen en cuenta el valor que tiene ser un buen orador. “No piensan en las buenas relaciones públicas que genera”, dice.

Church recomienda que nos preguntemos a nosotros mismos qué nos parece alguien cuando está en el escenario, dirigiendo a una audiencia. “La gente asume que si sabes hablar bien eres un líder, al margen de que lo seas realmente o no. Es bastante injusto en realidad”.

Si lo haces bien, hablar en público también ofrece la oportunidad de impactar en personas con las que normalmente no te encontrarías.

Además, el Profesor Edwards apunta que las recompensas puede que sean aún mayores, ya que la proliferación de presentaciones mediante videos online y cosas como los TED Talks indican que nos estamos moviendo hacia una cultura más oral.

Smallman compara la habilidad de hablar en público con la de aprender a montar en bicicleta: “Solo tienes que gravarlo en tu memoria. Necesitas practicar, pero una vez has aprendido, nunca lo olvidarás – y es algo de lo que no tendrás que volver a preocuparte”.

Es más, como la mayoría de la gente lo hace tan mal, sólo tienes que hacerlo “bien” para brillar. “Hay una especie de conspiración de la mediocridad”, explica Church. “Con que pongas las diapositivas en el orden correcto la gente ya dirá que está bien. Pero no es así en verdad; si lo haces realmente bien la gente pensará que eres brillante. La recompensa será absolutamente desproporcionada con respecto al esfuerzo invertido”.

Cuando se trata de mejorar tus habilidades para hablar en público, lo básico se divide en dos categorías: lo que dices y cómo lo dices. Aunque las dos pugnan, se considera la primera como la más importante. Con todo ello en mente, aquí te dejamos algunos consejos para ayudarte en una charla o un discurso:

  • - Asegúrate de que conoces a tu audiencia y luego escribe acordándote de ella. “La frases que quedan bien en el papel a menudo suenan mal oralmente ya que puede que sean largas y complejas”, subraya el Profesor Edwards.

  • - Piensa en términos de narrativa, como en historias personales que aporten vida al tema o en repeticiones. La mayoría de las personas sólo van a retener tres puntos de tu discurso, así que no tiene sentido exponer nueve.

  • - Prepara más material del que necesitas. Eso te hará sentir más seguro y te será de gran ayuda si luego hay una ronda de preguntas.

  • - Practica, ya sea solo o delante de compañeros y familia. Es la mejor manera de gestionar tus nervios. Bob Etherington, autor de Presentation Skills for Quivering Wrecks argumenta: “Cuando practiques, gravarte en vídeo puede ser una buena idea, pero no practiques delante del espejo ya que mirar lo que haces mientras lo haces puede distraerte fácilmente”.

  • - No leas un guión. Hacerlo te va a hacer difícil conectar con tu audiencia. Las anotaciones van bien, y deberías no solamente intentarlo si no aprenderte tu charla de memoria.

  • - No te sientas tentado a usar el teleprompter. “La razón por la cual los periodistas del telediario salen bien leyendo el teleprompter es porque están entrenados para ello”.

  • - Reconoce la diferencia entre una comunicación formal y una informal. Una de las cosas más importantes aquí es deshacerse de las “pausas vocalizadas” (‘uhms’ y ‘ahs’). Martin Newman, un coach que ha trabajado con David Cameron, Primer Ministro del Reino Unido, y con el Director de Vodafone, Vittorio Colao, explica: “Cuando estás hablando en una reunión, nos referimos a cosas como ‘aún estoy pensando así que no me interrumpas’. Pero como orador no te van a interrumpir de ningún modo”.
  • - Haz señalizaciones muy claras. Cuando estás hablando en grupo, el hilo de tu conversación se hace con preguntas, consultas e interjecciones de los demás. Los oradores que hablen en público tienen que compensar esa falta.
  • - Anticipa las preguntas que tu audiencia puede tener y contéstalas durante tu charla. De ese modo la gente sentirá que está teniendo una conversación contigo.
  • - Varía tu tono, enfatiza y ten en cuenta también tu lenguaje corporal. “Asegúrate que tu presencia es sólida”, aconseja Newman. “Piensa en la presencia que tienen los grandes guitarristas como Brian May.  Tú quieres estar plantado del mismo modo”.
  • - Olvídate o al menos reduce tu presentación Power Point. A menudo actúa como el equivalente visual del argot empresarial, poniendo una capa de profesionalidad encima de lo que dices pero complicando el mensaje. Si haces una lectura a partir de las diapositivas va a sonar como que las estás leyendo, y las diapositivas complejas distraen. “Una presentación revive cuando dejas de usar el Power Point”, concluye Etherington.
  • - Necesitas un final que tenga fuerza. La mayoría de la gente acaba y dice, “pues eso es todo”, y su lenguaje corporal se desploma. Etherington sugiere un sumario, y después, una llamada a la acción: “La gente espera que se les pida que hagan algo al final de un discurso. Déjales tarareando tu canción”.

 

Rigby, Rhymer. “Public speaking, private fears”. Financial Times, 07/10/2013 (Artículo consultado on line el 09/10/2013).

Acceso a la noticia: http://www.ft.com/intl/cms/s/0/cd88d16c-2b8d-11e3-a1b7-00144feab7de.html?siteedition=intl#axzz2hJ0Fd93c

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