Todos los países de Europa abordan reformas legales al objeto de aplazar la edad de jubilación. En España, que se apresuró a retrasarla de 65 a 67, se empiezan a oír voces que proponen llevarla hasta los 70, algo inédito en la mayoría de países y que ha causado revuelo sindical.


La mayoría se conforma, de momento, con los 67 años. Y en algunos casos, como en el francés, la edad del retiro es más temprana y sigue, pese a los cambios de gobierno, en los 62.

La bomba la lanzó esta semana José Luis Feito, presidente del Instituto de Estudios Económicos (IEE), el think tank de la patronal CEOE. “La reforma de las pensiones debe ser profunda –dijo Feito– hay que elevar la edad de jubilación a los 70 años y incrementar hasta los 40 años de cotización”. La reacción de los sindicatos fue fulminante, como en general para la mayor parte de la opinión pública. España es de los países que más rápidamente ha reformado sus pensiones y ya tiene previsto elevarla a los 67 años, en la línea de países como Alemania u Holanda, pero mucho más que Francia o Italia.

La polvareda obligó al presidente de la patronal, Juan Rosell, a precisar que las palabras formuladas por Feito poco tenían que ver con la opinión de la patronal. Un día después, sin embargo, su vicepresidente, Arturo Fernández, señaló que “no vería mal” elevar esa edad, sin precisar por ello una edad concreta, lo que revelaba que el debate está latente en el seno de la patronal.

¿Cuál es la edad ideal de jubilación en una economía? La respuesta a esa pregunta depende de una combinación de factores que abarcan tanto la productividad de una economía como las perspectivas demográficas y la prolongación de la calidad de vida de las personas. En Europa, en cualquier caso, la respuesta a esa pregunta es diversa, como lo demuestra la solución dada en cada país.

FRANCIA

Sarkozy la puso en los 62 años y Hollande no la ha tocado

En Francia, la edad legal de jubilación se mantiene en los 62 años, tal como la fijó la reforma de las pensiones impulsada en el 2010 por Nicolas Sarkozy, aunque su entrada en vigor progresiva hará que los primeros en verse plenamente afectados sean lo trabajadores nacidos de 1955 en adelante. El presidente François Hollande, a pesar de las protestas organizadas en su momento por el Partido Socialista, no ha cambiado ni una coma en este sentido. Lo único que ha hecho, eso sí, es crear una especie de cuenta personal de “penalidad” para aquellos empleos especialmente penosos, ya sea por los horarios, el esfuerzo que requieren o sus efectos sobre la salud, de tal forma que cada trabajador puede acumular puntos y acortar su edad de jubilación hasta los 59 años.

La edad legal de jubilación, sin embargo, cada vez tiene menos significado, pues la realidad es que la posibilidad de retirarse con la pensión completa –la máxima a la que cada cual tiene derecho en función del montante de sus cotizaciones– no para de retrasarse y retrasarse. La reforma de Sarkozy ya aumentó a 41,5 el número de años cotizados para poder acceder a la pensión completa –lo cual entrará en vigor en el 2020, puesto que se va alargando progresivamente un trimestre cada tres años–, y la reforma de Hollande, actualmente en tramitación en el Parlamento, situará el listón, siguiendo el mismo ritmo, en los 43 años cotizados en el horizonte del 2035.

En cualquiera de los casos, se hayan cotizado los años que se hayan cotizado, la ley fija una edad legal, que en este caso es de 67 años, en la que cualquier trabajador tiene derecho a percibir la pensión completa. En Francia la pensión media bruta oscila entre 1.216 y 1.256 euros en el sector privado, y entre 1.724 y 1.937 euros, en el público.

Los partidos a la izquierda del Partido Socialista, y la mayor parte de los sindicatos, contestan la reforma de Hollande, pero no han conseguido suscitar una gran movilización social. A diferencia de lo que pasó en el 2010 contra Sarkozy, las manifestaciones convocadas han sido escasas y muy poco seguidas. Algunos analistas lo atribuyen a un cierto "sentimiento de fatalidad" entre los franceses. Las críticas también le han caído a Hollande desde la derecha, pues su reforma sólo afecta a las pensiones del sector privado y no resuelve la totalidad del déficit que deberá afrontar de la Seguridad Social por este concepto a medio plazo. Para evitarse problemas, las pensiones de los funcionarios y los regímenes especiales, no se han tocado. De momento. / Lluís Uría

ITALIA

A los 66 años, pero el futuro dependerá de la longevidad

Italia se ha dotado de un sistema que elevará la edad de jubilación, de modo gradual, según aumente la esperanza de vida de sus ciudadanos, sin que se haya fijado un tope máximo. Esta fue la principal novedad de la llamada “reforma Fornero” (por la entonces ministra de Trabajo, Elsa Fornero), que fue aprobada en diciembre del 2011 por el gobierno técnico de Mario Monti en medio de la emergencia financiera europea.

En el momento actual, la edad de jubilación de hombres y mujeres en el sector público es de 66 años y 3 meses. En el sector privado, las mujeres arrastran todavía una parte del privilegio que tenían antes. Se jubilan a los 62 años y 3 meses. Esta disparidad entre sexos fue denunciada por la UE, por lo que Italia la corregirá. En el 2018 hombres y mujeres quedarán equiparados, en el sector público y en el privado. Se jubilarán a los 66 años y 7 meses.

Lo más importante de la “reforma Fornero” es que, mientras aumente la longevidad de los italianos –medida por el Istat, el instituto nacional de estadística– la edad de jubilación irá subiendo –a un ritmo de 3 meses cada dos años–, sin que se haya decidido poner un límite a esta escalada. Se calcula, por tanto, que en el año 2036, salvo otro cambio legislativo, los italianos se jubilarán a los 68 años y 7 meses.

Existe todavía la posibilidad teórica de soslayar la norma de la edad. Los hombres que hayan cotizado durante 42 años y 3 meses, se pueden ahora jubilar, tengan la edad que tengan. Lo mismo ocurre con las mujeres que hayan cotizado 41 años y 3 meses. Esas cotas también irán aumentando en función de la longevidad. En la moderna sociedad italiana, este sistema paralelo para acceder a la jubilación afecta cada vez a menos personas, pues resulta muy difícil cotizar 42 años. Supondría, de facto, no haber pasado por la universidad o por una formación profesional, y no haber sufrido casi ningún periodo de desempleo durante toda la vida laboral. No existe en Italia la posibilidad de jubilarse anticipadamente a cambio de una merma de la pensión.

La “reforma Fornero” fue una de las primeras decisiones tomadas por el gabinete de Monti después de que Silvio Berlusconi se viera obligado a dejar el poder por presión de los mercados y de los principales socios europeos, sobre todo de Alemania y de Francia Italia debía dar una señal clara sobre su voluntad de reducir el gasto público y la deuda a largo plazo. La reforma de las pensiones fue muy dolorosa, hasta el punto de que Fornero, una profesora universitaria especializada en el tema, rompió a llorar, durante una rueda de prensa, mientras explicaba los pormenores de su proyecto. / Eusebio Val

REINO UNIDO

Jubilación prevista a los 68 años, pero el año 2046

Tradicionalmente la edad oficial de jubilación en el Reino Unido ha sido de 65 años para los hombres y de 60 para las mujeres. Pero en el 2011, en los albores de la crisis económica, el gobierno conservador que preside David Cameron aprobó una ley que la va a elevar de una manera gradual y lenta hasta los 68 años, para ambos sexos por igual.

El plan original consistía en elevar sólo a los 66 años la edad en la que se percibe la pensión básica del estado, y efectuar el paso entre el 2024 y el 2026. Pero tras largas deliberaciones y un examen en profundidad de las arcas del Tesoro, la ley se enmendó para ir de manera mucho más rápida, entre diciembre del 2018 y octubre del 2020. Y entre ahora y noviembre del 2018, la edad de jubilación de la mujer se irá retrasando progresivamente, hasta alcanzar los 65 e igualarse a la del hombre. Más adelante, entre el 2034 y 36, subirá a 67 años, y a 68 años entre el 2044 y el 2046.

Todo esto no quiere decir que los 65 años sea la edad a la que ahora se jubila la mayoría de los trabajadores, ni que en el 2026 vaya a ser los 66 años. Todo depende del tipo de empleos, del deseo o no de seguir trabajando y de que el patrono quiera seguir o no contando con el empleado pasada esa edad. En todo caso se trata del momento a partir del cual se puede percibir la pensión estatal básica, que es muy poco dinero (110 libras semanales, unos 130 euros, para quienes hayan cotizado por lo menos 30 años a la National Insurance, el equivalente británico de la Seguridad Social).

Dado lo insuficiente de esa cantidad para vivir de una manera digna, el estado concede alicientes a las empresas para que amplíen esa pensión básica con una pensión complementaria. Muchas compañías ofrecen a sus empleados un paquete de retiro, que puede ser una suma a pagar de golpe, o una cantidad semanal o mensual, en función del salario final y los años trabajados. Estos paquetes suelen ser objeto de dura negociación al inicio de la relación laboral, y ofrecidos como anzuelo para que un trabajador opte por una empresa en vez de por otra. / Rafael Ramos

ALEMIANIA

La economía que marca el paso se lo piensa otra vez

La jubilación a los setenta años también es un sueño de la patronal en Alemania. Cuando el país aún está digiriendo –y de bastante mal humor– la última subida de la edad de jubilación –de los 65 a los 67 años, en un proceso escalonado iniciado en 2007 que culminará en 2029– las mismas voces que entonces lograron imponerla por ley, hablan ya del nuevo objetivo: los setenta.

La misma artillería lobbista y mediática que actuó hace siete años, se moviliza de nuevo. Las instituciones y las personas son las mismas; el Instituto para el Futuro del Trabajo (IZA), el Instituto Nueva Economía Social de Mercado (INSM), Christoph Schmidt, el jefe de los cinco sabios, y hasta el ex canciller Gerhard Schröder. Todos hablan de la oportunidad y conveniencia de una “Agenda 2020”, una reedición de las reformas que recortaron el estado social alemán, alterando la tradicional seguridad socio-laboral que caracterizó en su día al Modell Deutschland.

La presión es fuerte y algunos observadores temen que el próximo gobierno alemán acabe de transformar el estado social bismarckiano en una especie de asistencia reducida a los más necesitados. Otros consideran no será fácil hacerlo. El rechazo social al actual incremento de la edad de jubilación (los nacidos a partir de 1964 ya se jubilarán a los 67), es mayoritario. Los políticos saben que la cuerda social no puede tensarse más y hay dudas de que el habitual bombardeo mediático cambie el estado de ánimo.

Como hace siete años, el INSM justifica su programa en la “necesidad de acoplar la edad de jubilación con el incremento de la esperanza de vida”. El objetivo es jubilarse a los 70 años para el año 2050, de acuerdo a la demografía. Alemania ya conoció drásticos cambios demográficos, por ejemplo por el agujero dejado por la última guerra, y la esperanza media de vida lleva aumentando desde hace un siglo. Y fue precisamente en ese contexto de mayor longevidad y caída de la natalidad, cuando el país amplió su estado social hasta cotas desconocidas. De ahí que el futuro práctico de las presiones para aumentar la edad de jubilación está políticamente complicado. / Rafael Poch

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