No es una teoría de management, ni una utopía. Las compañías guiadas por la 'mentalidad start up' desdeñan a los simples mandos controladores que se justifican en organizaciones sobredimensionadas. Tienen cada vez menos dirigentes y más responsables de su función.


La frase de Henry Ford, "necesito un par de manos, pero siempre vienen con una cabeza" es contraria a lo que piensan muchos fundadores de start up tecnológicas, que manifiestan cierto desdén por los conceptos tradicionales del management y que prefieren crear espacios para que esas cabezas piensen y puedan crear. En general, esos emprendedores tratan de equilibrar el impulso creativo de sus empleados con la necesidad de que haya alguien que supervise y asegure que los proyectos se ejecutan sin problemas.

The Wall Street Journal citaba recientemente los casos de 37signals o GitHub como ejemplos de start up que proponen una vida laboral sin jefes. 37signals, fundada en 1999, se dedica a crear aplicaciones para pymes, huye de las estructuras jerárquicas y basa su estrategia de contratación en fichar a profesionales que sean capaces de gestionar ellos mismos, automotivados y que se sientan cómodos en un entorno laboral "libre de jefes".

Tom Preston-Werner, cofundador de GitHub, una empresa de software de colaboración creada hace cinco años, declaraba en el Journal que su compañía "no tiene organigrama. Los compañeros de trabajo ofrecen el feedbak sobre el rendimiento de manera informal".

En firmas como Valve Corp., dedicada a los videojuegos, no hay promociones; sólo nuevos proyectos. Para tomar una decisión sobre los sueldos, los empleados califican a sus colegas y se retribuye a quien más aporta, según la mayoría. La plantilla participa además en las decisiones de contratación, que se toman por equipos. Y hasta los despidos se definen de forma colegiada.

Morning Star, una empresa de procesado de tomate californiana, presume de no tener jefes y de su cuenta de resultados, que tiene que ver, según parece, con la ausencia de mandos tradicionales. Las responsabilidades laborales se negocian y coordinan en equipo y los salarios se pactan entre colegas.

No se trata de comunas –las pocas que ha habido no han funcionado y han durado poco tiempo–, ni tampoco de autogestión perpetua: aunque parezca que todo va bien, ésta no es sostenible en el tiempo.

Los modelos modernos de gestión y liderazgo apuntan a organizaciones más maduras y con un mayor nivel de autogobierno que se caracterizan por una visión, objetivos y prioridades claramente definidos. Se trata de organizaciones con menos jefes jerárquicos y más dueños y responsables de su función en la que los managers, más que mandos, son líderes preocupados no sólo del desempeño de los empleados y de gestionar recursos, sino también de motivar y desarrollar a sus colaboradores.

En las compañías presididas por la mentalidad start up el jefe es un generador de espacios emocionales en los que los profesionales pueden liberar su talento.

Los creadores de nuevas empresas son transmisores de pasión y consiguen transmitirla a los empleados que han escogido para poner en marcha su proyecto. La gestión emocional del emprendedor (que es también el que dirige) resulta fundamental para mantener la visión ilusionante del principio.

También son creadores de buenos equipos y generadores de oportunidades que otorgan la flexibilidad necesaria para que éstos desarrollen sus proyectos, evitando el micromanagement habitual en muchos mandos.

La acción es otra de las notas que definen a la mentalidad start up y a las empresas que no pueden soportar mucho tiempo un liderazgo basado en no tomar decisiones, en la falta de acción, la pérdida de control de la situación y la indefinición.

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