El movimiento sindical estadounidense empieza a adaptarse a los nuevos tiempos con prácticas innovadoras. Según The Economist, para poner freno al declive de su influencia en EEUU, están empezando a coordinar sus iniciativas con los, cada vez más comunes, grupos alternativos que ayudan a los trabajadores a organizarse fuera del modelo tradicional de la negociación colectiva.

 

En la reunión en Los Ángeles de esta misma semana del sindicato AFL-CIO (Federación Estadounidense del Trabajo y Congreso de Organizaciones Industriales), el mayor de Estados Unidos y Canadá, se puso toda la carne en el asador. Los oradores han proclamado la guerra de clases, han vapuleado a las corporaciones y los acuerdos comerciales, y han pedido nuevos impuestos sobre los ricos. Uno, para la alegría de muchos, hasta amenazó hasta con darles un puñetazo en la cara a los conservadores hermanos Koch (dos conocidos políticos defensores a ultranza del libre mercado).

La mayor central sindical de Estados Unidos, con 57 sindicatos afiliados y doce millones de miembros, se reúne solamente cada cuatro años; estos encuentros son una oportunidad para desahogarse. Pero este año hubo mucha introspección y ceños fruncidos mezclados con la vigorosa oratoria de Richard Trumka, el Presidente de AFL-CIO, quien afirmó que el movimiento obrero estaba en “crisis” y urgió a los delegados a evitar la tentación de culpar a alguien más que no fueran ellos mismos.

Es una descripción justa. En los años 50 del siglo pasado, un tercio de los trabajadores norteamericanos pertenecía a un sindicato. Hoy son un 11,3%, y hablamos de sólo un 6,6% en el sector privado, donde están concentrados los miembros del AFL-CIO. Las razones han sido repetidamente explicadas: globalización y cambio tecnológico; crecimiento del sector servicios, en el que los trabajadores lo tienen más complicado para organizarse; y un endurecimiento de las políticas antisindicales. Pero los sindicatos han ido lentamente aceptando que el viejo modelo ya no sirve y están ideando curiosas innovaciones: el United Auto Workers, sindicato de la industria del motor, está organizando un consejo de trabajadores siguiendo el estilo alemán en una planta de Volkswagen en Tennessee, por ejemplo. De todos modos, los intentos de los sindicatos por extender su alcance en sectores como la hostelería o la distribución minorista han generado más agitación que nuevos miembros.

De ahí la necesidad de un nuevo planteamiento. El tema estrella de la convención fue una resolución diseñada para profundizar la relación entre AFL-CIO y lo que Trumka denomina “socios solidarios”. Eso significa, en primer lugar, grupos que ayudan a los trabajadores a organizarse fuera del modelo tradicional de la negociación colectiva, particularmente en sectores con bajos salarios; y en segundo lugar, alianzas ideológicas como los lobbies de minorías étnicas. Un responsable habló de crear “un movimiento obrero que hable por todos los trabajadores, lleven o no el carné de miembro del sindicato en el bolsillo.”

Y esa afirmación no está exenta de controversia. El lenguaje de la resolución fue supuestamente suavizado después de que algunos miembros de AFL-CIO mostraran su inquietud por la creación de una categoría de “miembros light”. Pero como Craig Becker, Responsable Legal en AFL-CIO, declara, “La afiliación quizá no sea algo tan apreciado desde fuera como lo es desde dentro.” El grupo, añade, llevará a cabo una aproximación experimental para sus nuevas colaboraciones, no necesariamente buscan extender la afiliación a todo el mundo. Y para aplacar a los sindicatos preocupados, se mantendrá una “clara distinción” entre la negociación colectiva y el resto de actividades.

El movimiento en AFL-CIO, según Lowell Turner de la Cornell University’s School of Industrial and Labour Relations, simplemente refleja unos cambios más amplios que han venido sucediéndose en el movimiento obrero de los últimos veinte años. Como ya han experimentado los sindicatos tradicionales, los llamados “grupos obreros alternativos”, que se mueven a favor de los derechos laborales en sectores no sindicalizados, han entrado en escena. (En 2003 AFL-CIO creó su propia sección para trabajadores no afiliados, Working America, mediante el cual se canalizará mucha de su nueva actividad). Manifestaciones y huelgas en Walmart y, más recientemente, una serie de cadenas de comida rápida han logrado publicidad y difusión de la idea de organizarse laboralmente, incluso aunque los resultados que han conseguido han sido pobres. AFL-CIO espera aprovechar esa nueva energía y, ahí donde fuera conveniente, prestarle su influencia institucional.

¿Cómo podrían funcionar esas alianzas? El éxito de Los Angeles Alliance for a New Economy (LAANE), un grupo de ayuda y asesoramiento en temas laborales, sociales y medioambientales, nos da una pista. LAANE ha trabajado con Teamsters, un importante sindicato que no forma parte de AFL-CIO, para gestionar mejor la contaminación ocasionada por los camiones en los puertos o mejorar las condiciones laborales de los basureros. Tras el inicio de esa colaboración, el sindicato incluso ha cambiado su postura con respecto a la prospección petrolífera en Alaska. “Esta forma de trabajar es nueva para nuestros socios sindicales, pero produce resultados reales,” explica Roxana Tynan, Directora de LAANE.

La decisión de fortalecer vínculos con grupos no sindicales pone sobre la mesa varias cuestiones. Algunos sindicalistas piensan que AFL-CIO invierte demasiado tiempo y dinero ejerciendo presión para lograr cambios políticos y no lo suficiente en luchar por los trabajadores. Según el Centre for Public Integrity, una agencia de control independiente, los sindicatos invirtieron 10 millones en los super PAC, un tipo de sistema de donaciones para campañas electorales, durante los primeros seis meses del año, casi seis veces más que en el mismo periodo de 2011.

Pero la política no puede ser tan claramente diferenciada de los derechos de los trabajadores, opina Becker, aunque reconoce la razón del debate sobre el “alcance” de las preocupaciones políticas. Espera que los sindicatos ejerzan mayor presión sobre la filibuster reform (reforma que pretende acabar con las tácticas obstruccionistas del Senado de EEUU) y las leyes de empadronamiento para poder votar, entre otras cosas. AFL-CIO también ha sido uno de los partidarios más destacados de la reforma de la ley de inmigración que sigue languideciendo en el Congreso.

El movimiento obrero sigue luchando con un fuerte viento en contra. Las tendencias tras el declive a largo plazo en el total de personas afiliadas no se ha calmado, según Barry Hirsch, un economista laboral en la Georgia State University. El índice de abandono podría ir a más: la sindicalización entre los trabajadores de 16 a 24 años es menos de un tercio de los que tienen entre 55 y 64 años. “Somos realistas en cuanto a lo que ocurre en las empresas,” explica Becker. “Sólo nos gustaría ver como se suaviza esa caída.”

Quizá lo más preocupante para el movimiento, incluso entre los sindicatos de la función pública, cuyo número de miembros se ha mantenido estable durante los últimos 30 años, es que tiene problemas para seguir en algunos lugares. El año pasado los sindicatos de Wisconsin trataron de revocar al Gobernador de Wisconsin, Scott Walker, después de que éste aprobara la limitación de los derechos de negociación colectiva. Pero no lo lograron, y el número de afiliados en el sector público ha caído el 25% en un año. Los partidarios de las leyes de sindicación voluntaria, bajo las cuales los trabajadores en sectores sindicalizados no están obligados a pagar sus cuotas, han empezado a hacer avances en antiguas zonas industriales. Los sindicatos públicos se mantienen fuertes, con recursos y poderosos en California y el Noreste, pero el número total de miembros cayó ligeramente el año pasado. Michael Hicks en la Ball State University espera que las jubilaciones lleven aún a un mayor descenso.

Muchos se alegrarán de ello; los sindicatos públicos son a menudo las fuerzas más obstruccionistas en la política local. Sin embargo, con unos salarios estancados y una mayor desigualdad, los sindicatos creen que los norteamericanos ahora se han vuelto más receptivos a su mensaje. Una táctica adecuada, esperan, puede al menos detener su declive. No es un objetivo idealista, pero quizá sí que sea uno realista.


* “New labour, alt-labour”. The Economist, 14/09/2013 (Artículo consultado on line el 27/09/2013).

Acceso a la noticia: http://www.economist.com/news/united-states/21586287-believe-it-or-not-union-movement-starting-embrace-innovation-new-labour

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