Una investigación elaborada por la Universidad Carlos III desvela que España no es un país tan feliz como otros índices de bienestar habían apuntado hasta ahora. El nuevo índice se basa en los flujos migratorios internacionales y en la premisa de que un país al que todo el mundo quiere ir no puede ser infeliz.


España no es un país feliz, o mejor dicho, no es tan feliz como se creía y como apuntan estudios internacionales que evalúan índices de bienestar. Al menos eso es lo que desvela una investigación elaborada por el Universidad Carlos III (UC3M) que aleja a España de las primeras posiciones que otros trabajos sí le otorgaban y la sitúan en un modesto 49 puesto de un total de 112. El motivo de este descenso se debe a que este índice de felicidad se basa en lo que “la gente hace en lugar de lo que dice” y para ello analiza los flujos migratorios desde la premisa de que un país al que todo el mundo quiere ir no puede ser infeliz, explica Juan de Dios Tena, profesor del departamento de Estadísticas de la UC3M y uno de los coautores del estudio junto a Helena Marques, profesora de la Universitat de les Illes Balears, y Gabriel Pino, de la Universidad Southern de Illinois.

En los primeros puestos del ranking aparecen Hong Kong, Singapur, Nueva Zelanda, Suiza Noruega, Israel, Corea del Sur, Suecia Canadá o Australia. Los países más infelices, por su parte, son Bolivia, Etiopía, Tanzania, Camerún y Senegal. También Kenia, Nigeria, Afganistán, Sudáfrica y la poderosa China. La hipótesis de partida ya resulta arriesgada, porque eso presupone que el que emigra tiene información suficiente sobre el país en el que quiere instalarse, algo que reconoce Juan de Dios Tena. Para ello, han tomado como referencia a todos los inmigrantes. incluyendo a los que van. “Las encuestas que se utilizan habitualmente para determinar el bienestar de un país suelen estar influidas por factores idiosincráticos de cada Estado y, algunos datos pueden ser fácilmente manipulables”, explica. “Los flujos migratorios están muy vinculados a aspectos que la psicología relaciona con la felicidad; a partir de estos resultados, se puede construir un índice de felicidad que aporta valores más lógicos”, señala Tena.

Pero ¿cuáles son esas variables asociadas a la felicidad? Las primeras, las relativas a la economía (renta per cápita, desigualdad social...). También las que tienen que ver con características personales, como la edad, el estado civil, la fertilidad, la educación... y características sociales, como el desempleo, las expectativas de vida. Y por último, las relativas a las actitudes y creencias, en las que se incluyen factores como el orgullo de pertenecer a una nación, la importancia de la familia, los amigos, la política, si hay muchos hombres en esa sociedad o menos, entre otras; y el ambiente social, económico y político del país (densidad poblacional, corrupción, contaminación, celebración de acontecimientos deportivos...).

España “falla” en los factores relativos a la economía. Pero, además, “tenemos muy mala puntuación en variables relacionadas con actitudes y creencias sobre nuestra vida y la de los otros: importancia de la familia, amigos, trabajo, así como orgullo de nacionalidad”, dice Juan de Dios Tena. Y es que, insiste, el bienestar de un país no se mide sólo por su renta per cápita.

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