Entrevista de "La Contra" de La Vanguardia a Annette Scoppetta que diseña políticas de empleo en Austria: "Cada uno debe esforzarse para formarse, por supuesto, pero es toda la sociedad la que debe implicarse en lograr una complicidad activa que genere confianza para que haya inversión y se cree empleo."

 

Tengo 42 años: defiendo la cultura pactista con la que Austria logró prosperar tras la guerra. Nací en el Tirol. Cada austriaco acumula un fondo extra que se lleva al cambiar de empleo. Dirijo la Unidad de Empleo del Centro de Innovación Social de Viena. Colaboro con Esade.

¿Por qué cree usted España sufre un 26 por ciento de paro?
No soy experta en el mercado laboral español, pero les explicaré cómo funciona el modelo laboral austriaco para que ustedes lleguen a sus propias conclusiones.

Y tomamos nota: Austria no padece ni el cinco por ciento de desempleo.
Para nosotros, encontrar un trabajo no es un desafío individual al que deba enfrentarse cada ciudadano él solo con sus propios medios frente a las exigencias del mercado.

¿Entonces qué es?
Cada uno debe esforzarse para formarse, por supuesto, pero es toda la sociedad la que debe implicarse en lograr una complicidad activa que genere confianza para que haya inversión y se cree empleo.

¿Cómo la logran ustedes?
Los sindicatos y los empresarios y los partidos persiguen cada uno sus intereses, pero saben ceder en lo esencial, que es lograr que la economía y el país sean predecibles: que no haya grandes conflictos irresolubles. Ese clima de confianza hace más posible la asunción del riesgo.

Aquí las administraciones andan a la greña y el empleo tiende a ser temporal.
Es difícil que las administraciones sepan implicarse a largo plazo y generar previsibilidad si sólo están pendientes de las últimas encuestas o de las próximas elecciones.

¡Qué me va a contar!
Además, el pacto tiene que ser transgeneracional: incluye a los austriacos del mañana.

Aquí les estamos dejando una deuda...
Para que los niños tengan empleo mañana, los adultos deben hacer sacrificios hoy.

¿Y sus empresarios no prefieren un despido cuanto más fácil y barato mejor?
Los contratos que no comprometen al empresario tampoco comprometen al empleado. Y si pagas poco al empleado, también será bajo su grado de dedicación a la empresa.

El empresario que paga cacahuetes acaba teniendo chimpancés de empleados.
Por eso, sólo la visión a largo plazo de todos acaba logrando que aumente el valor que aporta cada empleado y por tanto su salario.

¿Cómo trabaja usted exactamente?
Me especialicé en políticas de empleo en la universidad y empecé a experimentarlas en un pueblo del Tirol.

¿Qué paro tenían allí?
Era una comarca pobre y aislada en una mala coyuntura: el paro era del 6 por ciento.

¿Le parece mucho?
Cada desempleado es una tragedia. Por eso senté a negociar a empresas locales, cámara de comercio, ecologistas, Ayuntamiento, sindicatos y centros de formación, para crear un programa específico de reinserción laboral. Y tomamos decisiones juntos.

¿De qué tipo?
Averiguar qué hoteles, parques nacionales y empresas podían crear nuevos empleos, diseñar planes de formación y adecuarlos a esas nuevas demandas caso por caso. También creamos pequeñas empresas locales para servir necesidades de grandes fábricas.

¿Cómo lograba ponerlos de acuerdo?
Llevo años haciendo que administraciones, empresas y empleados pacten. Y... ¿sabe qué he descubierto?

¿...?
... Que cuando pones a gente muy diferente a cooperar se genera innovación y una enorme energía creativa. Es formidable.

¿Por qué usted contempla toda la vida laboral y no sólo el siguiente empleo?

Porque sólo los compromisos a largo plazo hacen rentable la inversión en la formación profesional de alta cualificación que da ventaja competitiva. Una empresa que sólo contrata por meses no invierte en formación.

¿Y si de repente bajan las ventas?

Se pacta. El compromiso a largo plazo permite sortear bajadas de ventas. Porque, cuando vende menos, la empresa reduce horas de trabajo y salarios. Lo llamamos kurtarbeit, y el empleado lo acepta, porque sabe que, cuando vuelvan las ventas, recuperará su sueldo. Y aprovecha para formarse.

Aquí lo hace la industria del automóvil.
Otro fruto del consenso entre administraciones y agentes sociales es que el empleado austriaco, además de la pensión general, tiene un fondo en el que la empresa va ingresando parte del salario y que se lleva con él si cambia de empleo. Si queda en paro, puede invertirlo también en formarse.

¿Como unos ahorritos pactados?
Como una pensión suplementaria, digamos, que dura tanto como tu vida laboral.

¿Por qué saben ustedes pactar tanto?
Por necesidad. El pactismo fue el eje del esfuerzo austriaco de posguerra para salir del marasmo económico.

¿Fue un empeño socialdemócrata?
Transversal. Ningún partido ha patrimonializado el pacto social. Y los sindicatos siguen siendo más proclives a la izquierda, y los empresarios, al centroderecha, pero para crear empleo, todos somos cómplices.

Algún defecto tendrá su sistema.
La crisis ha hecho proliferar los minitrabajos y aumentar la desigualdad y las bolsas de pobreza. Pero no ha logrado destruir ese espíritu austriaco del pacto, que incluye también a nuestros jóvenes.



Pacto o miseria

La hecatombe hitleriana dejó a Austria ante la disyuntiva de forjar un nuevo pacto social o seguir hundida en el desastre. Pactaron. Y hoy el modelo austriaco es ejemplo de complicidad activa de toda una sociedad para crear empleo. Lo mejor de nuestra historia también ha sido fruto del consenso a largo plazo, que hemos ido abandonando. Y así nos está yendo. Es una lástima que desaprovechemos la oportunidad de la crisis para recuperar la cultura del pacto, que podría lograr complicidades sin imposiciones entre territorios y generaciones, porque sin la solidaridad de los padres no hay empleo para los hijos. Sería ganar un futuro que siempre es mejor compartido.

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