El trágico caso de la muerte del joven alemán de 21 años Moritz Erhardt, becario en la City de Londres, tras trabajar 72 horas ha reabierto el debate en Gran Bretaña sobre la cultura de la obsesión por el dinero y por el trabajo.


Tan sólo en el último año se pagaron en la City de Londres 40.000 millones de euros en primas, lo cual significa que hay mucha gente dispuesta a hacer cualquier cosa para conseguir un empleo en un banco o una compañía financiera, para acceder a la gallina de los huevos de oro. A matarse a trabajar si hace falta. Lo cual fue trágicamente literal en el caso de Moritz Erhardt, un joven alemán de 21 años que tenía toda la vida por delante.

La muerte de Erhardt, un becario de Bank of America Merrill Lynch (BAML), ha suscitado un inmediato debate en Gran Bretaña sobre la cultura de trabajo de la City de Londres, el ansia desenfrenada de ganar dinero a mansalva lo antes posible para retirarse con 35, 40 o 45 años (el sueño –la mayoría de veces una fantasía irrealizable– de los altos ejecutivos del mundo de las finanzas). Con ese objetivo en mente, es normal empezar a trabajar con la apertura de los mercados de Hong Kong, Shanghai y el Lejano Oriente, seguir al pie del cañón mientras pasan cosas en Frankfurt, Londres y París, y no descansar hasta que cierra Wall Street.

Eso significa, a la hora de la verdad, jornadas de 18 o 20 horas, que en el caso de Erhardt llegaron a convertirse en hasta 72 horas seguidas trabajando, según lo que han contado compañeros de piso y de oficina. Sufría de epilepsia y, a falta de los resultados de la autopsia, Scotland Yard no ha llegado a ninguna conclusión definitiva sobre la causa concreta de la muerte. Pero todos los expertos sugieren que el agotamiento y el estrés han tenido que constituir un factor decisivo.

Dinero, dinero, dinero… La City de Londres ha sufrido muy intensamente las consecuencias de la crisis, y muchos bancos internacionales, aseguradoras y empresas que ofrecen servicios financieros han hecho recortes de plantilla brutales. Cuanto menos dinero hay para invertir, menos empleados hacen falta. Cuantas menos fusiones y adquisiciones, menos personal. Y en esa cruel cultura del sálvese quien pueda, la única manera de evitar el tijeretazo era impresionar a los jefes a base de horas, y generar más beneficios que los demás compañeros. O sea, no descansar nunca.

Erhardt, que había estudiado administración de empresas en la Universidad de Michigan (Estados Unidos) y se iba a graduar el año que viene por la School of Management de Vallendar (Alemania), creyó que siete semanas como becario en el Bank of America Merrill Lynch eran su pasaporte al éxito y la fortuna, a aquello con lo que había soñado toda la vida. Y eso que ni siquiera había acabado todavía la carrera. Su sueldo de unos 3.000 euros mensuales no estaba nada mal, pero era lo de menos. Lo realmente importante era la oportunidad de aprender y de impresionar. Y se consagró a ello con todas sus fuerzas. Demasiado, porque su cuerpo sin vida fue hallado por los compañeros de piso.

“La obsesión por el dinero y por el trabajo es desgraciadamente parte integral de la cultura de la City de Londres, de su mítica –señala la socióloga Anne GwynJones–. El exceso de alcohol y de drogas también lo es. No hay más que darse una vuelta por los pubs de la zona para descubrir jóvenes ejecutivos con los ojos borrosos, que apenas se tienen en pie, ya sea por el agotamiento, la cocaína o el vodka con Red Bull, o por una combinación de todo ello. Pero no se quejan, la recompensa potencial es demasiado grande”.

Alrededor de 300 becarios de diversas instituciones de la City –Erhardt era uno de ellos– pasan periodos de entre unas pocas semanas y varios meses en Claredale House, un complejo de apartamentos del barrio emergente y modernillo de Bethnal Greene, favorito de los artistas con poco dinero. La víctima, según sus vecinos, trabajaba más horas que nadie, y llevaba tres días seguidos con jornadas de 21 horas. Estaba hecho polvo.

En medio de la polémica desatada por la desgracia, diversos cardiólogos han puesto de manifiesto el peligro de semejantes hábitos y la necesidad de dormir y de descansar convenientemente. “El cuerpo humano no está preparado para el trabajo y la presión constante, ni física ni psico-lógicamente –dice el doctor Andrew Patel–. Es necesaria una alimentación sana y una rutina laboral razonable. De lo contrario el riesgo de infarto y de embolia aumenta de manera exponencial”.

Bank of America Merrill Lynch, que tenía como becario al desafortunado alemán, ha reaccionado con la lógica prudencia en estos casos, limitándose a dar la condolencia a los padres del chico (que han viajado a Londres para identificar el cadáver), lamentar lo sucedido y negarse a especular sobre las causas del fallecimiento a falta de que se pronuncie la Policía Metropolitana. Todo apunta a un veredicto de muerte accidental sin responsabilidades para nadie.

“No voy a entrar a dar explicaciones sobre los horarios de trabajo en nuestra institución, sobre lo que hacía Moritz Erhardt, sobre lo que hacen otros becarios o los empleados fijos –ha señalado John McIver, portavoz de BAML–. Estamos al tanto de la conmoción causada por el trágico suceso, que nadie lamenta más que nosotros. Pero no vamos a entrar en el juego de los rumores y las especulaciones hasta que se sepan los resultados de la autopsia”.

Pero todo el mundo sabe que en la City, sobre todo entre los ejecutivos más jóvenes y ambiciosos, es frecuente trabajar periodos de días enteros sin apenas dormir o descansar. Algunos tienen contratado un taxi para que les lleve a casa, les espere media hora mientras se afeitan, se duchan y se cambian de ropa, y les lleve de nuevo a la oficina. Algunos becarios imitan esa práctica como una especie de rito de entrada en el mundo de las grandes finanzas. Al pobre Erhardt le ha costado demasiado caro.



Sin cotizar a la Seguridad Social

El Ministerio de Educación, Cultura y Deporte dictó en el 2011 un decreto que dejó a los becarios universitarios o de formación profesional sin posibilidad de cotizar a la Seguridad Social por sus prácticas remuneradas en empresas. Pero el sindicato CC.OO. lo recurrió y en junio el Tribunal Supremo declaró “nulo de pleno derecho” el decreto. La sentencia ordenaba que el real decreto se remitiese al Consejo de Estado para que se pronunciara sobre el texto. El objetivo era que la Comisión Permanente del órgano consultivo del Gobierno emitiera un informe sobre disposición adicional primera de la norma, que es la que excluye a los estudiantes universitarios que realicen prácticas académicas externas.

Este derecho se les había reconocido por acuerdo entre el Gobierno y los sindicatos en el marco de la reforma de la Seguridad Social de agosto del 2011. Pero finalmente el Ministerio de Educación decidió que los becarios no cotizasen. Pese a la sentencia del Supremo, el Gobierno no ha movido ficha aún. El mes pasado el sindicato CC.OO. pidió al secretario de Estado de la Seguridad Social, Tomás Burgos, la administración que dirige agilice los procedimientos para que los becarios puedan volver a cotizar por sus prácticas remuneradas de forma “urgente”. Muchos estudiantes lamentan que las empresas cubren puestos estructurales con becarios. Algunos universitarios encadenan una beca tras otra para poder trabajar y ganar algo de dinero, pero cuando su relación con la universidad acaba –terminan la carrera– la empresa no les contrata y van a por más becarios para ahorrarse dinero. Hay casos de universitarios que alargan sus estudios para poder quedarse más tiempo en las compañías en las que hacen las prácticas remuneradas. Y piden poder cotizar a la Seguridad Social durante ese periodo.

En España existen tres modalidades básicas de becas en empresas: los convenios de colaboración, que no están remunerados, los contratos en prácticas, con un sueldo, y los contratos para la formación para personas sin estudios postobligatorios.

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