Mucho se habla, en tiempos de crisis y recortes, de la necesidad de formentar la I+D como garante de crecimiento del Estado. Ahí la Universidad juega un papel protagonista. La innovación universitaria le come terreno a la empresa privada en iniciativa patentadora y representa ya el 15,4% de las solicitudes.


Sin embargo, a menudo se olvida el tercer elemento, la tercera misión, esa i pequeñita que, pese a su tamaño, marca la diferencia. Se trata la inicial de innovación, la llamada tercera misión del alma mater, y también su asignatura pendiente.

Esta tercera pata tiene dos caminos posibles: la publicación en revistas científicas de referencia y su registro como patente. Los investigadores españoles han optado, históricamente, por el primero, de forma que el país tiene una buena posición a nivel internacional en este campo. Sin embargo, muchos de ellos alzan la voz e invitan a sus colegas a ir más allá.

«Hacer patente es hacer público, así que patentar es poner al servicio de la sociedad el conocimiento que se genera en la Universidad», explica Celia Sánchez-Ramos, profesora de optometría de la Universidad Complutense de Madrid y que cuenta con 448 registros nacionales e internacionales. «Si publico antes de patentar, pierdo la novedad, el conocimiento tarda más en poderse comercializar», continúa, «y además, las bases de patentes son 100% gratuitas, mientras que los papers hay que pagarlos».

En patentes, la universidad gana terreno en España. Del total de solicitudes de registro en 2012, el 15,4% partieron de esta institución, frente al 37,1%, que partieron de empresas privadas. En comparación con 2009, cuando la universidad solicitó el 12,9% del total y las empresas el 42%, los centros públicos han ganado terreno. En términos absolutos, las universidades solicitaron, en 2012, un 2,7% más de patentes que el año anterior, mientras que las solicitudes empresariales se redujeron un 10,7%.

Si en las solicitudes la universidad gana terreno, esto es aún más acusado en las concesiones: el 17,3% de las patentes que se concedieron el año pasado pertenecían a universidades, seis puntos más que en 2008.

«España es el segundo país del mundo en que la Universidad tiene más peso en las patentes», confirma Francisco José Mora, vicerrector de Planificación e Innovación de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV), primera, tanto en producción como en productividad en patentes en el Ránking 2011 en producción y productividad en investigación de las universidades públicas españolas. «Esto denota», explica Mora, «que el tejido productivo no genera innovaciones tecnológicas susceptibles de protegerse».

«Los centros españoles han cumplido el objetivo de aumentar su participación en la generación de conocimiento, algo que se mide por su nivel de publicaciones a nivel mundial», expone Joaquín Moya-Angeler, presidente de la Conferencia de Consejos Sociales de las Universidades Españolas, que sirven de enlace entre universidades y empresas. «Ahora toca transferir ese conocimiento al sistema productivo, y eso se hace mediante la generación de patentes que permitan la explotación comercial de los avances científicos».

Gualberto Buela-Casal, autor del ránking de investigación, pone la mira en la calidad de las patentes. «Es importante señalar que el número de patentes explotadas de las universidades es menor al de las solicitadas, y esto es un indicador de que su relevancia no es muy significativa, ya que hay muchas que no se están explotando y, por tanto, no generan ingresos», subraya.

La Red de Oficinas de Transferencia de Resultados de Investigación (OTRI) publica cada año un informe en el que diseccionan la actividad investigadora y de transferencia de conocimiento de las universidades españolas. En el último, de 2010, se pone el acento sobre el elevado coste de las patentes, que sigue recayendo mayormente en los recursos propios (un 61%), a pesar de que las empresas han aumentado su aportación al esfuerzo financiero de la protección. La reducción en los presupuestos públicos de las universidades provoca que esta circunstancia lastre la concesión de patentes, sobre todo a nivel mundial.

Mora explica que, a causa de lo elevado de estos costes, sólo llevan una patente a nivel mundial si existe un plan de explotación en colaboración con una empresa privada. «No hay un formato único. A veces, la Universidad financia la protección global y se pone un precio a las licencias de explotación. Otras, se financia de forma colaborativa», explica, y apunta: «Cuanto más arriesga la empresa, más barata le sale la licencia para comercializar el producto».

Para el presidente de la Conferencia de Consejos Sociales «la implicación del sector privado sigue estando muy por debajo de la media de la UE y de la OCDE». «Tenemos que conseguir una mayor participación en todas las fases de la I+D+i, y especialmente en la traslación al sistema productivo de los conocimientos científicos mediante el uso de las patentes internacionales. Es una asignatura pendiente», asevera.

En tiempos de recortes, no está de más tener en cuenta que las patentes suponen, asimismo, un retorno a la Universidad. «A corto plazo, los ingresos por patentes no solucionan el problema económico de los centros», subraya Mora, «esto no se consigue ni en Estados Unidos, pero su contribución es importante y genera beneficios más allá de lo puramente monetario». A lo que alude el vicerrector de la UPV es a todos los contratos y convenios que surgen de una patente: «Para poner el invento en funcionamiento, la empresa necesita capital humano de vanguardia, y lo halla en la universidad. Esto genera una colaboración entre ambas instituciones de la que sólo pueden salir beneficiadas ambas».

Buela-Casal considera «fundamental» la inversión privada en la universidad pública, «no sólo por la cofinanciación, sino porque, además, es una demostración de buen maridaje: se investiga lo que se puede implementar y tiene utilidad, los cual es, si cabe, más importante en las ciencias aplicadas que en ninguna otra materia». Para él, la rémora que lastra esta relación es casi puramente burocrática: «Hoy por hoy, los trámites para firmar un contrato y ejecutar un proyecto son muy tediosos y lentos. Las patentes podrían ser una vía óptima de financiación para la Universidad».



CINCO 'PORQUÉS' DE LA PROPIEDAD INTELECTUAL

VALOR ECONÓMICO. Una patente genera derechos exclusivos a favor de su titular con los que poder negociar, ya que esta forma de protección tiene un valor económico 'per se' que se puede cuantificar.

PROTECCIÓN.
Si el objetivo de todo emprendedor es crecer y fortalecerse en el mercado, debe proteger sus innovaciones porque, cuando su empresa se consolide, necesitará defenderse de sus competidores.

EXCLUSIVIDAD. Los inversores a los que antes o después acudirá el emprendedor para hacer crecer su empresa necesitan tener garantizada la exclusividad del negocio por el que están apostando.

ABRIR FRONTERAS. Las patentes son instrumentos clave en la estrategia de internacionalización de las empresas porque otorgan la protección necesaria para poder negociar con potenciales fabricantes de otros países.

RENTABILIDAD.
El emprendedor dueño de una patente puede obtener rentabilidad directa de la misma por dos vías: explotándola directamente o licenciándola o vendiéndola en aquellos países que no le resulten atractivos.

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