El lenguaje no verbal es tan importante como las respuestas del candidato a la hora de superar con éxito un proceso de selección. No se trata sólo de impresionar al entrevistador con argumentos, sino también con aspectos que el candidato tiende a olvidar y que pueden decir sobre él más de lo que piensa.


"No hay una segunda oportunidad para crear una buena impresión”, sentencia Sergio Hinchado, mánager de Hays. Esta cita resume la opinión de muchos seleccionadores que valoran cada semana a cientos de candidatos. Y no se trata sólo de impresionar al entrevistador con argumentos, sino también con aspectos que el candidato tiende a olvidar y que pueden decir sobre él más de lo que piensa: sus gestos, sus miradas y, en definitiva, su lenguaje no verbal.

“En el momento en que se abre la puerta al candidato que vamos a entrevistar ya estamos evaluando y, lo que es peor, prejuzgando –explica Juan Carlos Riba, socio de la firma de búsqueda y selección Agrupa y Presidente de BYS (Asociación Española de Empresas de Búsqueda y Selección de personal)–. Vemos cómo se comporta, cómo se sienta, si escucha, si mantiene la mirada o baja la cabeza, si transmite o no un estado de nervios o templanza, cómo va vestido… Sin haber abierto aún la boca, el candidato ya está transmitiendo toda esta información”.

Y ya desde esos primeros segundos, empiezan las dudas del candidato. ¿Me quedo de pie? ¿Cómo saludo al entrevistador? “El candidato debería dedicar esos primeros minutos a observar todo lo que le rodea para captar la máxima información, y no sentarse hasta que lo haya hecho el entrevistador”, recomienda Elena García Pont, de EGP, consultoría de relaciones humanas. El saludo debe ser un apretón de manos firme que transmita seguridad: si los nervios provocan sudoración en las manos, los expertos recomiendan trucos como llevar pañuelos de papel en el bolsillo. En cuanto a la opción de saludar con dos besos, García Pont considera que “nunca está justificada a no ser que se trate de un contacto muy cercano”. El espacio de la entrevista determina otros pequeños detalles: según esta experta, “si la entrevista es en el despacho del seleccionador, el candidato está en su terreno y no debería poner las manos encima de la mesa, cosa que sí puede hacer si es en una sala de juntas; y si la mesa es rectangular, el candidato no debería sentarse en la punta”. Una vez sentado, el candidato debe vigilar su postura: debe evitar cruzar los brazos –una actitud considerada defensiva– y no sentarse al borde de la silla, ya que demuestra inseguridad. Por el contrario, si a lo largo del encuentro el candidato se incorpora sobre sí mismo y adopta esta posición para acercarse más al interlocutor, demostrará interés.

La mirada también habla por sí sola. “Hay candidatos que sólo con los ojos ya expresan lo que opinan sobre una pregunta, o incluso que ponen una mueca o los ojos en blanco cuando se les pregunta por su anterior jefe”, señala García Pont. Tentaciones que deben sustituirse por una mirada clara y directa, sin miedo a mirar a los ojos al entrevistador. Juan Carlos Riba recomienda también “sonreír, asentir con movimientos de la cara sin entrar en exageraciones, para que el entrevistador perciba que vas entendiendo lo que se le explica”.

Los complementos también pueden ser motivo de duda. El abrigo debe dejarse bien doblado sobre la silla de al lado y las manos deben estar libres durante la entrevista, sin juguetear con bolígrafos ni, mucho menos, con móviles, que deben permanecer en silencio y guardados. “Me he encontrado candidatos que se pasan toda la entrevista mirando el reloj, como si tuvieran prisa por irse y les estuvieras haciendo perder tiempo –asegura Sergio Hinchado, de Hays–, e incluso candidatos que durante toda la hora que ha durado la entrevista no han llegado ni siquiera a quitarse el abrigo y los guantes”.

 



Se busca empleado limpio y confiado

Basándose en las opiniones de 850 responsables de selección de toda Europa, la consultora de recursos humanos Hudson elaboró un estudio sobre qué factores desempeñan un papel fundamental para que el entrevistador se haga una idea clara del candidato en su primera entrevista. Según los encuestados, lo que influye de forma más positiva es la seguridad en sí mismo del candidato (100%), hablar positivamente de su empleo actual o pasados (92%) y demostrar profesionalidad (70%). Por el contrario, algunas actitudes que consideran irritantes son dejar el móvil encendido (78%), el sarcasmo (55%), responder seca y brevemente (25%), evitar el contacto visual (23%) o mostrar arrogancia (18%). En cuanto a los aspectos formales, el aspecto que más destaca es la higiene y limpieza del candidato (muy importante para el 69% de los encuestados), y llevar una vestimenta adecuada y no estridente (importante para el 58%). Otros aspectos bien valorados, pero menos transcendentales, son sentarse recto y sonreír, dar la mano firmemente, tener una actitud abierta y amigable, no llevar perfumes muy fuertes ni excesivo maquillaje y llevar un buen corte de pelo.

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