Los empresarios coinciden en que se ha demostrado que podemos ser competitivos hasta en la actual coyuntura y salir de la crisis si hay voluntad política para apoyar la reindustrialización.


Ciento treinta y siete mil empresas menos desde el inicio de la crisis, cuarenta mil del sector industrial. Tres millones de ocupados menos, ochocientos mil en la industria... Cuando las cifras evidencian la crudeza de la realidad, es necesario preguntarse si “estamos haciendo lo correcto”.

Esta es la pregunta que hoy en día se hace el mundo empresarial, donde no existe la menor duda de que España se enfrenta a su tercera revolución industrial y que existen elementos que permiten pensar que se podrá abordar con éxito, “siempre que haya voluntad política para afrontarla”, como dice Josep Palau, presidente de Soler & Palau, una empresa que emplea a 3.600 trabajadores y es líder en sistemas de ventilación industrial.

En este nuevo paradigma, Catalunya está llamada a liderar el proceso, como argumenta el consejero delegado del Banc Sabadell, Jaume Guardiola. “El 29% de las exportaciones españolas sale de Catalunya y lo que es más significativo, el 40% de los exportadores son catalanes”.

Para Fernando Serrate, socio responsable de KPMG de Catalunya y Andorra, “la necesidad de reindustrializar el país como salida para superar la Gran Recesión y volver a crear empleo no es exclusiva de los españoles. Esta preocupación no es exclusiva de los empresarios españoles, la comparten países con economías tan dinámicas como Estados Unidos, Francia, Alemania o el Reino Unido. Es lo que se ha denominado, como expresaba gráficamente el semanario The Economist en la portada de abril del pasado año: The third industrial revolution (la tercera revolución industrial), donde se preguntaba si el mundo se enfrenta a un nuevo paradigma”. Serrate añade un mensaje de optimismo, ya que “se ha demostrado que podemos ser competitivos hasta en la actual coyuntura. Las exportaciones suponen el 35% del PIB, lo que pone de manifiesto que algo debemos estar haciendo bien”.

En su opinión, la reindustrialización se tiene que basar en el tejido empresarial, compuesto principalmente por pymes a las que se tiene que dar las condiciones para crecer y apoyo a través del marco jurídico, fiscal, administrativo, laboral y financiación.

El modelo productivo desarrollado en España durante los últimos quince años ha quedado agotado, según Jordi Parera, consejero delegado de Top Cable, empresa líder en la fabricación de cables eléctricos flexibles. Se basó en convertir a España en una especie de Florida para Europa. Es decir, se canalizaron hacia la construcción, el turismo y el sector servicios la mayor parte de recursos del sector financiero. Estos sectores se fueron convirtiendo en motores del crecimiento y creación de empleo. Junto a ello, se apostó por la creación de grandes corporaciones a partir del proceso de privatización de las grandes empresas públicas. Este proceso, que había comenzado en la etapa socialista de Felipe González bajo la batuta de Carlos Solchaga, primero ministro de Industria y después de Economía, fue desarrollada y profundizada por el Gobierno del PP presidido por José María Aznar con el apoyo de Rodrigo Rato en Economía y de Josep Piqué en Industria.

Así surgieron las primeras multinacionales españolas. El problema es que este esquema, según dice Jordi Gallés, presidente de Europastry, fabricante de masas congeladas para panadería, facilitó un proceso de deslocalización industrial muy intenso en busca de países con costes de producción más bajos que les hicieran más competitivas. En la otra cara de la moneda, este proceso que ha durado dos décadas ha permitido una intensa internacionalización de las empresas. Hasta el punto que en diecisiete años se ha pasado de tener unas inversiones en el extranjero de 50.000 millones de euros a 470.000 millones. Eran los años de los grandes campeones nacionales, que resultaban imprescindibles si se quería jugar en la Champions League.

Guardiola recuerda que este gran esfuerzo fue posible gracias a la gran liquidez que proporcionaba el sector financiero internacional que facilitaba dinero fácil y barato. Eran los años del llamado milagro económico español.

Sin embargo, todo este esquema se vino abajo como un castillo de naipes a partir del 2008, cuando estalló la mayor crisis financiera de los últimos 80 años. Las empresas y el país, terriblemente endeudados, quedaron atrapadas en una ratonera cuando desapareció el crédito y el precio del dinero se disparó. En este último lustro, la producción industrial ha llegado a su nivel más bajo, con una caída acumulada del 30% y se ha comprobado el error de haber descuidado el tejido productivo, formado por pymes.

“Es ahora cuando el papel del empresario industrial vuelve a ponerse en valor”, como afirma Palau. “Los poderes públicos y los principales economistas empiezan a darse cuenta de que la salida de la crisis pasa necesariamente por reindustrializar el país y recomponer el tejido productivo que desde hace 30 años se ha ido desmantelando incesantemente. El peso de la industria en el PIB ha pasado de un 30% en la década de los 70 al 13,5% en la actualidad”.

El ajuste de plantillas, unido a la contención interna de salarios, ha permitido incrementar la productividad y la competitividad, como ha quedado en evidencia en el dinamismo de las exportaciones, afirma Ramón Térmens, presidente de Taurus Group, grupo empresarial multilocal formado por 17 marcas de electrodomésticos.

Si algo está claro, argumenta Parera, es que la industria del futuro no será igual a la que tuvimos en el pasado en que se limitaba a ser meros ensambladores de piezas importadas del exterior. “Es fundamental desarrollar una tecnología propia y, sobre todo, tener un proyecto industrial claro y competitivo”.

“Si queremos que la industria se convierta en uno de los motores de la creación de empleo, tenemos que potenciarla. Se han abordado reformas clave como la laboral, pero es necesario avanzar en los estímulos fiscales y el coste energético, que representa más de un 30% Y nos está penalizando”, afirma Eloi Planes, consejero delegado de Fluidra, multinacional con sede en Sabadell dedicada al desarrollo de aplicaciones para uso sostenible del agua.

Térmens considera que “la condición imprescindible para reindustrializarnos en un mercado global es que las empresas sean eficientes. Para ello tenemos que actuar en una buena relación calidad-precio. Y España empieza a tener elementos muy positivos para competir con los países emergentes, cuyos costes empiezan a incrementarse. El test para saber si superamos la prueba es la capacidad para vender en el exterior”.

En opinión de Térmens, hay elementos que se deben tener presentes: los costes laborales, que han ido mejorando; el factor financiero; el precio de la energía, que es claramente negativo; los incentivos fiscales, que son más atractivos en muchos países; y los costes logísticos y la protección arancelaria en alguno de ellos. Es evidente que el peso de estos factores es distinto en cada sector. En su opinión, un elemento muy negativo para lograr que las industrias regresen es la complejidad del marco jurídico.

Palau añade que “de las crisis siempre hemos salido con una industria reforzada, pero eso exige un cambio de mentalidad. Los sindicatos tienen que hacer menos presión en los costes laborales, porque sólo así se podrá crear empleo. Los accionistas están obligados a entender que la fortaleza financiera de la empresa es clave para garantizar su supervivencia”.

Otro elemento clave es rebajar la convulsión que vive el país. Para ello es fundamental eliminar comunicación la corrupción y que los medios de comunicación cambien su foco y pongan en las fortalezas y no en las debilidades. Gallés insiste en que “España tiene una oportunidad clarísima en el sector agroalimentario gracias a la dieta mediterránea, que es muy apreciada en todo el mundo. El éxito es la suma de innovación, calidad y la tecnología”.

 



“La reindustrialización en España”. Este he sido el primer tema de debate en los Diálogos de Futuro KPMG-Banc Sabadell, impulsados por La Vanguardia, por entender que es un factor básico para salir de la crisis. Siete gestores de éxito han fijado sus criterios sobre el camino que Catalunya y España tienen que recorrer para salir de la crisis.

Jordi Gallés, Europastry


“La devaluación interna no es el factor único, ni el más importante”

Jaume Guardiola, Banc Sabadell


“Hay posibilidades de reindustrializar España, pero hay que planificarlo bien”

Josep Palau, Soler & Palau

“Se requiere voluntad política para facilitar que las industrias vuelvan a casa”

Fernando Serrate, KPMG

“Se ha demostrado que podemos ser competitivos hasta en la actual coyuntura”

Eloi Planes, Fluidra

“El coste energético es un freno para recuperar la inversión productiva”

Ramon Térmens, Taurus Group

“El mercado no te perdona si no eres competitivo en calidad y costes”

Jordi Parera, Top Cable

“Esta crisis ha revalorizado la figura del industrial, básica para crear empleo”



El paulatino declive de la industria

La industria española está en crisis desde hace tres décadas, como demuestra el hecho que en los años setenta representaba el 30% del PIB y actualmente apenas llega al 13,5%. Este declive se ha agudizado al comienzo del siglo, como pone de manifiesto el índice de producción industrial, que en el 2003 era del 91,9% sobre base 100 y el año pasado acabó con un 67,9%. La gran caída se produjo durante la Gran Recesión del 2008 cuando cayó un 16% y en el 2012 volvió a hacerlo un 8,5% adicional.



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