Entrevista de "La Contra" de La Vanguardia a Nicholas Negroponte, fundador del Media Lab del MIT y de la revista 'Wired'; gurú digital: "La tecnología no provoca paro. Sólo sustituye a los empleados sustituibles por una máquina, pero a la vez crea nuevos empleos que requieren más formación, talento y ganas."

 

Tengo 69 años: la ventaja es que en lo mío ya conozco a todos. Nací en Nueva York, pero soy un patriota de la humanidad. Más que adivinar el futuro, mejorémoslo: llevo tabletas a niños africanos y se alfabetizan solos. Colaboro con el Instituto de Arquitectura Avanzada (IAAC).

Problemas objetivos, ¿eh? No filosóficos. Verá que todas nuestras dificultades han tenido o tienen una solución tecnológica. Pronto vamos a ver el coche sin conductor conectado a internet.

Tienen futuro las entrevistas?


Lo único que no tiene futuro es el papel, pero los diarios, revistas, entrevistas... Todo el periodismo está en auge. Jamás tantos escribieron ni leyeron tanto. Avanzamos hacia la edad dorada del texto. Y las empresas informativas volverán a ganar dinero.

¿Cómo?

Ahora sufren al pagar los costes de adaptación del papel a la red, pero crear contenidos de calidad seguirá siendo negocio, porque la demanda crece cada segundo en todo el planeta. Y en español: ¡cuatrocientos millones de hispanohablantes! Aprovéchelos.

Es un capital y vamos a ir por él.

Y están ustedes en el sitio perfecto: Barcelona. Inviertan en el mundo y ganarán.

Me alegro de oír buenas noticias.

 

Antes le voy a precisar que yo no soy profeta tecnológico ni de nada.

Entonces, ¿qué hace usted?

Yo sólo extrapolo lo que experimento ahora y aquí a la realidad. Además, transformo el porvenir en un por hacer. Para eso fundé el Media Lab: probamos de forma experimental el primitivo internet, ordenadores, todas las tecnologías, y extrapolamos su efecto en nosotros a todo el planeta en marcha.

Hace veinte años usted predijo: “Cada vez moveremos más bits y menos átomos”.

¿Y qué recibe ahora más: cartas (átomos de papel) o mensajes electrónicos (bits, unidades de información) en muchos soportes?

Acertó, pero cada vez hay más paro.


La tecnología no provoca paro. Sólo sustituye a los empleados sustituibles por una máquina, pero a la vez crea nuevos empleos que requieren más formación, talento y ganas.

Ahí duele.

Por eso los países con educación de baja calidad sufren más paro y, en cambio, los que tienen más industria y tecnología, menos. Así que no son las máquinas ni la tecnología lo que causa paro, sino los malos colegios. Y si quiere crear empleo, eduque.

En eso deberíamos andar.

Yo quiero mejorar el futuro, no sólo anticiparlo. Recordará que llevamos ordenadores a las escuelas más pobres del mundo...

Su ordenador portátil de bajo coste fue una gran campaña por el desarrollo.


Ayudamos un poquito con esos portátiles de bajo coste a que nadie quede atrás. Pero aún nos quedan cien millones de niños por alfabetizar: mire esta foto.

Niños africanos leyendo en cuclillas... ¿Es una tableta lo que leen?

La foto la hice yo en un poblado de Etiopía donde nunca ha habido escuela y ni un solo habitante del poblado sabe leer. Con la tableta y nuestro software, estos niños aprendieron a leer por sí solos.

¿Cómo?

No les enseñaron. Aprendieron. Y podemos enseñar a leer a cien millones de niños analfabetos sin profesores ni escuelas.

Otra gran tecnonoticia optimista.


Soy optimista porque soy realista. Y si usted y los pesimistas creen ser más importantes, sólo es porque les prestan más atención por anunciar el apocalipsis, pero haga una lista de los problemas de la humanidad.

¡Qué larga nos saldría!

Por ejemplo.

Hemos anunciado aquí el de Google.

Y hay otros. Supone reducir el consumo energético al diez por ciento del actual y eliminar todos los parkings. Ventajas parecidas se derivarán de conectar todos los electrodomésticos a la red igual que las centrales unifamiliares de producción eléctrica.

¿Tenemos ya tecnología para todo eso?

Pues claro. El problema está en los costes de transición: en aplicarla. Y otra línea esencial está en la alimentación: producir un kilo de carne sintética cuesta la décima parte de agua, tierra y energía que la animal. Y es más saludable y sabrosa. La he probado.

Voy a salir de aquí con una sonrisa.


Los problemas no están en el invento, sino en la transición de lo viejo a lo nuevo. Ahí radican las resistencias al cambio, porque tendemos a aferrarnos a lo viejo, que en principio es lo más cómodo por interés.

Imagino a los ganaderos, indignados, inundando de terneras la ciudad contra la carne sintética que les deja sin trabajo.


De acuerdo, los ganaderos tendrán que formarse e innovar e invertir para no ser sustituidos por las nuevas tecnologías. Pero imagine también los millones de niños de países que al fin aprenden a leer. Nos aportarán un talento y una creatividad ingente.

Hoy somos mejores porque somos más.


La humanidad está creciendo en tamaño, pero también en calidad y duración de todas nuestras vidas. Son datos objetivos. Y a mayor población escolarizada, más probabilidades de talento globalizado.

¡Enhorabuena!

Yo nací rico. Fui a un buen colegio y me enseñaron todo. Pero he visto como los mejores innovadores y científicos salían de la pobreza. Esos millones de niños van a hacer un mundo mejor.



El ‘tecnooptimista’

Estamos cableados para prestar más atención al agorero que anuncia catástrofes que al realista que explica cómo, con esfuerzo cotidiano, podemos superarlas. Por eso, en prensa las noticias que más venden son las malas. Y por eso el optimista suele quedar como un ingenuo. A Negroponte lo tachan de tecnooptimista, pero hay que reconocerle cierto realismo: predijo que la era digital alfabetizaría a la humanidad entera –y cada vez estamos más cerca, mal que les pese a los cenizos–, pero, sobre todo, ha invertido su talento y su esfuerzo en poner medios para lograrlo, como sus ordenadores de bajo coste y ahora sus tabletas para que los niños aprendan a leer ellos solos.

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