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Barcelona acogerá el próximo mes de junio una reunión internacional de la red WCCP (World Class Cities Partnership), que agrupa ocho ciudades e instituciones universitarias para reflexionar sobre la atracción y retención del talento y la importancia de que el capital humano aporte valor añadido. España está representada por la capital catalana y un grupo de investigadores de la UAB.

Barcelona será la sede el próximo mes de junio de un encuentro internacional de la red WCCP (World Class Cities Partnership), para analizar las políticas de atracción y retención de talento. El debate llega en un momento en el que la crisis obliga a muchos jóvenes universitarios españoles a plantearse su marcha al extranjero. Y una de las conclusiones es que no necesariamente la crisis significa fuga de cerebros y que hay diversos factores que se superponen a la hora de atraer o retener talento.

Ramon-jordi Moles, director del Grisc (Centre de Recerca en Governança del Risc) de la Universitat Autònoma de Barcelona, advierte que en un mundo globalizado el lugar de residencia ya no es el principal elemento a tener en cuenta. “Lo importante –dice– es captar capital humano que proporcione valor añadido”. Por el contrario, “tener investigadores que luego vayan a patentar fuera es un nuevo y peligroso modelo de colonización”.

El seminario recogerá el trabajo de la red WCCP, nacida en Boston que agrupa a ocho ciudades y otro instituciones universitarias. Por parte de España están presentes la ciudad de Barcelona y el grupo de investigadores del Grisc. El resto son administraciones y grupos universitarios de Boston, Dublín, Guadalajara (México), Haifa (Israel), Hangzhou (China), Lisboa y Vancouver. Actualmente hay contactos para incorporar a la red a Alejandría, Ciudad del Cabo, Frankfurt y Melbourne.

Moles considera que “hay mucha mitología en el tema de la atracción de talento”. Y añade: “el clima, la gastronomía, el buen rollo son importantes pero no decisivos, y hay aspectos más técnicos y desconocidos muy relevantes”. La disponibilidad de vivienda urbana es una de estas cuestiones básicas cuando se busca una ciudad para estudiar o trabajar. También las infraestructuras (residencias, bibliotecas,...). Y otros factores, como la calidad de vida, la baja contaminación, el diseño urbano, las facilidades de escolarización, las posibilidades de trabajo en red... que se añaden a los ya clásicos de sueldo y trabajo de prestigio.

El estudio se basa en entrevistas a personas con capacidad de decisión en el sistema universitario y trata de identificar las mejores prácticas para ser proactivos. Desde el punto académico, en España el primer problema son las propias oposiciones y la carrera de funcionario. No solo es un obstáculo para investigadores y docentes extranjeros, sino incluso para los del propio país. “Debería extenderse la reforma laboral a las estructuras universitarias", piensan una parte de los encuestados. “Es una tortura hacer venir un investigador de fuera, porque no es fácil tener el permiso de trabajo, porque si tiene pareja tendrá grandes dificultades para que encuentre trabajo, porque la universidad está muy cerrada, con unas castas endogámicas que la sitúan en el siglo XIX”, dice Moles. En ese aspecto la Institució Catalana de Recerca i Estudis Avançats (Icrea), fundación impulsada por la Generalitat, ha permitido contratar investigadores de todo el mundo en un proceso selectivo basado en el talento. Y al mismo tiempo ha facilitado el retorno de investigadores que han desarrollado su carrera fuera de Catalunya. En 11 años, Icrea ha contratado a 278 investigadores, el 30% en ciencias de la vida y medicina, un 27% en experimentales y matemáticas; un 16% en áreas tecnológicas. “Solo tenemos batas blancas, cuyo índice de retorno sobre el capital invertido es más elevado, y nos faltan investigadores en áreas humanísticas”, recuerda Moles, quizás porque el retorno en ciencias sociales es a más largo plazo y más difuso. “Icrea ha sido un buen instrumento –dice Moles– para la investigación, no para la docencia”. En este último campo, hay que destacar el plan Jaume Serra Hunter.

La lengua es otro problema que frena la llegada de estudiantes. Incluso en los másters y posgrados hay pocas clases en inglés. Y esa circunstancia se suman a ese error de crear grados de cuatros años, cuando en Europa suelen ser de tres. Otros dificultades son la escasa aportación del sector privado al ámbito de la universidad y la investigación; la rigidez del sistema en las incompatibilidades entre investigación y actividades empresariales; los incentivos (los tramos se conceden en función de lo publicado y los investigadores acaban por primar la publicación antes que las patentes). “El objetivo es que el universitario formado aquí viaje y se forme por el mundo pero vuelva aquí para patentar y se apliquen aquí sus investigaciones”. El trabajo en red no necesariamente implica que el investigador resida aquí.

Otra cuestión a tener en cuenta son los incentivos al retorno. Facilitar unas cotizaciones en la seguridad social beneficiosas o garantizar puestos de trabajo en universidades y centros de investigación, son algunas de las estrategias y buenas prácticas que se expondrán en Barcelona.

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