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Carmen García Ribas, Directora del máster en liderazgo femenino de ESCI-UPF:"Tan alejadas están [las mujeres] de la posibilidad de acceder al poder que, fruto del miedo y de modo inconsciente, prefieren negarlo y buscar la protección. El deseo de protección y su consecuencia –la sumisión– no está en la naturaleza de las mujeres, está en su ubicación social, como cultura huésped."

El poder femenino no existe. Las mujeres viven a menudo la experiencia del desamparo. La vivencia de la indefensión, de la imposibilidad de actuar en su entorno, es el preámbulo de la depresión, porque la falta de poder está en el origen del sufrimiento de las mujeres. Para encontrar las razones del desamparo femenino hemos de preguntarnos qué es el poder y darnos cuenta de que las mujeres no tienen, ni han tenido nunca, poder, y es de ahí de donde procede el desamparo femenino, que no es la falta de amor, es la falta de poder. A pesar de ello, muchas mujeres dicen no querer poder. ¿Por qué?

Recuperamos lo que dijo Bertrand Russell sobre el poder: "Los que más lo desean son los que tienen más posibilidad de alcanzarlo, y en un sistema democrático el poder lo ocupan hombres que lo aman excepcionalmente. Quienes originan cambios sociales suelen ser hombres que desean fuertemente hacerlo. Los hombres aman el poder mientras creen en su competencia para manejar un asunto; cuando se ven incompetentes prefieren a un caudillo". Aunque Russell habla de los hombres, su descripción explicaría lo que les ocurre hoy a las mujeres como grupo social y universal, que se percibe alejado del poder. Tan alejadas están de la posibilidad de acceder al poder que, fruto del miedo y de modo inconsciente, prefieren negarlo y buscar la protección. El deseo de protección y su consecuencia –la sumisión– no está en la naturaleza de las mujeres, está en su ubicación social, como cultura huésped.

Las creencias de lo que se entiende por "la cultura de las mujeres" las lleva a un lugar de no-poder. Aprenden que lo más hermoso de sus vidas está en la vida familiar y con ello hacen que esta opción sea la más importante, la identitaria, de modo que se sienten culpables al tener o desear el éxito en otras opciones que les aportan mayor estatus y proyección social. Y con la culpa autosabotean sus propios talentos.

El talento femenino, necesario para el cambio de paradigma social, yace hoy bajo el peso de la sumisión. Es preciso que, para que aflore el talento femenino, hagamos un recorrido por el poder o por la falta de él. Nos servirá también para entender por qué estamos tan necesitadas de amor. Sí, he dicho de amor. Porque la falta de amor que sentimos y cambiamos por humildad, sumisión e invisibilidad, es en realidad falta de poder.

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