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Como ocurre en las grandes escuelas francesas o en universidades británicas, la Politécnica de Catalunya (UPC) ha abierto la veda y ofrece, desde hace tres cursos, un plan de estudio personalizado a un grupo seleccionado de no más de 20 alumnos por año.

Se buscan estudiantes con expedientes más que brillantes, con capacidad de trabajo y a prueba de presión. La carrera por fichar a universitarios del más alto nivel ha comenzado en España. Como ocurre en las grandes escuelas francesas o en universidades británicas como Oxford o Cambridge, la Politécnica de Cataluña (UPC) ha abierto la veda y ofrece, desde hace tres cursos, un plan de estudio personalizado a un grupo seleccionado de no más de 20 alumnos por año. ¿El objetivo? Dar salida a estudiantes con un elevadísimo rendimiento y, de paso, crear una élite profesional que contribuya al desarrollo tecnológico de España.

El plan consiste en que estos estudiantes cursen dos carreras a la vez, en no más de seis años. A elegir, nada menos, que entre Industriales, Caminos, Telecomunicaciones, Informática y Matemáticas. El programa exige tal nivel que si suspenden una sola asignatura han de abandonarlo.

Muchos de los chicos que participan en esta iniciativa -del Centro de Formación Interdisciplinaria Superior (CFIS) de la UPC- han competido previamente en las olimpiadas de matemáticas o de física. Y aunque las mujeres, por lo general, sacan mejor nota que ellos, la proporción en este proyecto entre chicos (78%) y chicas (22%) dista mucho de ser equitativa.

Los alumnos participantes han de matricularse primero por la vía ordinaria en una de las carreras recogidas en este programa. Una vez admitidos, tienen que presentar una solicitud para cursar la doble titulación y, posteriormente, pasar por una durísima prueba que incluye presentar un currículo y una entrevista personal. "Hemos de asegurarnos que son ellos y no sus padres los que quieren estudiar dos carreras", señala el subdirector y jefe de estudios del CFIS, Josep Grané.

Este examen, que se prolonga desde las 10 de la mañana a las 7 de la tarde, trata de medir el conocimiento en matemáticas y física de estos chicos recién salidos de bachillerato, pero sobre todo intenta conocer su capacidad de reacción ante la dificultad, a través de un complicadísimo problema de razonamiento abstracto donde lo importante no es solucionarlo sino la forma de enfrentarse a él.

"Queremos estudiantes de mucho nivel y muchas ganas de trabajar", señala el director del Centro de Formación Interdisciplinaria Superior, Pere Pascual. "Las notas de la selectividad no discriminan. Que un alumno haya sacado un 9 en Selectividad no garantiza nada. Queremos asegurarnos de que aguantarán la presión".

Y la presión en efecto es mucha. Cada alumno sigue un plan de estudio a medida, en función de las dos carreras que hayan elegido. Cada día, los chicos han de correr de una facultad a otra para recibir las clases de las distintas titulaciones. Pero no pueden conformarse con sacar adelante dos ingenierías: deben hacerlo, además, con nota. "Si no, no valdría la pena. Más vale hacer una carrera bien que dos mal", cuenta el subdirector y jefe de estudios del CFIS, Josep Grané.

La bilbaína Cristina Díaz, 19 años, es alumna del CFIS. Estudia al mismo tiempo Caminos e Industriales y, aún así, es capaz de sacar matrículas de honor en algunas asignaturas. "Es verdad que tienes que trabajar mucho, pero una vez que lo tienes claro se puede llevar adelante", asegura. Cristina dice que el escaso número de alumnas en este programa se debe a que "las chicas son más cobardes", pero que valen tanto como ellos.

Este centro de la UPC colabora con empresas e instituciones privadas para ofrecer un sistema de ayudas al estudio que cubra la matrícula y el hospedaje de los alumnos (esto último, en caso de que vivan fuera de Barcelona). El objetivo del sistema es no perder ningún talento en el camino y además incorporar a los mejores estudiantes sin limitaciones geográficas o económicas.

Javier Alonso, 20 años, de Requena (Valencia), matriculado en Industriales y Matemáticas, asegura que todavía le queda tiempo para estudiar inglés y francés y salir los fines de semana. El truco de acabar teniendo dos títulos de ingeniería bajo el brazo con sólo 24 años lo descifra Grané: "No basta con ser inteligente. También importa cómo se administra el tiempo. Que la inteligencia no se disperse para que dé buenos frutos".

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