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"La Caixa" se ha comprometido a invertir 140 millones de euros en los próximos cuatro años para hacer que sus cajeros sean accesibles a todo el mundo. Las deficiencias las ha puesto sobre la mesa la Fundación Barcelona Digital a través de un estudio.

Tarjetas identificables al tacto, teclados reconocibles y al alcance de cualquier mano o la incorporación de elementos auditivos que ayuden a dirigir cualquier operación en un cajero automático. Son algunos de los 70 puntos que todavía se deben solucionar para que cualquier persona con una disminución pueda ser usuario sin trabas de este tipo de tecnología. Las deficiencias las ha puesto sobre la mesa la Fundación Barcelona Digital a través de un estudio que ha asumido íntegramente La Caixa. La entidad bancaria, que con 7.200 cajeros es la más importante de España y la segunda de Europa, se ha comprometido a invertir 140 millones de euros en los próximos cuatro años para hacer que sus cajeros sean accesibles a todo el mundo.

El abanico de servicios que actualmente ofrecen determinados cajeros v que va más allá de sacar o depositar dinero - venta de entradas para espectáculos, conciertos, cines; transferencias o cargas de teléfonos móviles- los han convertido en un elemento de gran utilidad en el día a día de las personas. "Pero hay un colectivo importante que por una u otra minusvalía se les hace muy difícil acceder a ellos", reconocía ayer el presidente de la fundación, Vicenç Gasulla. A nivel estatal son cinco millones las personas que sufren alguna minusvalía. "Pero no son sólo ellos. También deberíamos incluir a los mayores de 70 años que comienzan a tener problemas de movilidad o visión", proseguía Gasulla, que son dos de las tipologías que más barreras tienen que superar a la hora de acceder a los cajeros. Sólo en Barcelona, se calcula que un 16% de la población supera esta franja de edad.

Los 70 puntos mejorables que plantea el estudio hacen referencia no sólo a la accesibilidad de las oficinas (rampas de entrada y salida, puertas correderas o identificación fácil de los cajeros), sino también a aspectos de los cajeros en sí. Por ejemplo, determina la altura idónea para que cualquier persona, inclusive las que van en sillas de ruedas, puedan llegar al teclado y las ranuras con las mismas garantías de privacidad que cualquier otra; establecer mecanismos audibles y visibles que alerten en el caso de olvido de la tarjeta o el dinero; identificar con muescas en los laterales tanto las tarjetas de crédito como las libretas; estandarizar los teclados con números y colores (además de braille para los ciegos) de manera que la identificación sea instantánea; apoyar cualquier tipo de gestión con un sistema audible de instrucciones para los invidentes... Criterios de mejora que quieren convertir en norma para todos.

Aunque La Caixa ya ha ido adaptando con los años muchos de sus cajeros para garantizar la accesibilidad de las personas con disminuciones - cumplirían el 50% de las recomendaciones del estudio, según afirmó ayer el director de e-La Caixa, Benjamí Puigdevall-, ahora ha ampliado su compromiso con el objetivo de cumplirlos al 100% antes del 2010. El 15% de los 140 millones que invertirá la entidad financiera, unos 21 millones, servirá para adaptar las oficinas y cajeros ya existentes que todavía no son plenamente accesibles, mientras que el resto del importe corresponderá a la inversión en nuevas instalaciones que ya cumplirán con todos los requisitos recomendados. Tal como indicó ayer Puigdevall, el objetivo es que en todas las oficinas haya al menos un cajero totalmente adaptado. De hecho, la entidad ya está trabajando en próximas adaptaciones. La más inmediata es la incorporación en diciembre de una muesca en todas sus tarjetas, siguiendo el modelo de la existente en las tarjetas de transporte público de Barcelona, para facilitar su uso a las personas con deficiencias visuales. También generalizará, en el 2007, la implantación de cajeros con una guía de voz elaborada en colaboración con la ONCE, una iniciativa que se inició en el año 2002.

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