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Oficinas y despachos hierven de becarios durante el paréntesis estival. Detrás hay una auténtica guerra por el talento por el grave déficit de personal, especialmente en el sector de las tecnologías, como es el caso de la consultora tecnológica Everis.

El sistema de relaciones entre el mundo de la universidad y el universo de la empresa sigue siendo tema clave del debate sobre la evolución y la calidad en el empleo. El fuerte dinamismo de la economía y el crecimiento de la población estudiantil ha dado visibilidad a la ya popular figura del becario, jóvenes estudiantes a punto de finalizar sus estudios que ponen el pie en el umbral del mercado laboral al iniciarse por unos meses en el mundo empresarial.

Oficinas y despachos hierven de becarios durante el paréntesis estival, cuando las empresas diezmadas por las vacaciones del personal rebosan de jóvenes resignados a renunciar a los placeres de la estación para hacerse un hueco bajo el despiadado sol de la jungla laboral. Muchos acumulan stages aquí y allá en pos de un contrato que no llega, sumándose a los ejércitos de la generación de precarios.Pero muchos otros logran acceder con éxito por esta vía a la vida profesional antes de culminar sus estudios. ¿Formación profesional real o explotación laboral encubierta? Ésa es la cuestión.

Los testimonios son de todo tipo. "El trato fue denigrante: básicamente mi labor era la de servir cafés o agua a los clientes vip; no recibí ayuda ni formación de ningún género y cuando osaba pedir alguna se limitaban a responder de modo textual ¿búscate la vida¿", clama P. M. S., una joven licenciada en Derecho tras un stage de cinco meses en un banco. "Más allá de todo estereotipo, el sistema de los becarios se ha convertido en una vía fundamental de las empresas para descubrir y reclutar talentos profesionales", afirma categóricamente Carlos Sánchez, consultor de recursos humanos (e-Motiva). Sánchez rebate la tesis que explica la dimensión del fenómeno por la tendencia de muchas empresas a utilizar los convenios entre universidad y empresa como un artilugio para sortear la escasez - coyuntural o no- de personal sin coste añadido y eludiendo las convenciones laborales.

"Es cierto que éste era el principal motivo en los años noventa, cuando abundaba la mano de obra, con el fin de abaratar costes, pero ahora de trata de buscar personas válidas para cubrir puestos de trabajo antes que lo hagan otros", insiste Sánchez.

"Estamos en una auténtica guerra por el talento", añade el consultor, quien subraya que hay un "grave déficit estructural de personal no sólo en los servicios, sino en sectores de elevada cualificación como es el caso del ámbito de las tecnologías".

El becario puebla el paisaje empresarial, alimenta las viñetas y columnas de la prensa e inspira a los guionistas de series televisivas. Más que una realidad, es ya un arquetipo expuesto, sin embargo, a las derivas de su propio estatus. "Hoy ya no es cosa de ocuparlos en hacer fotocopias o traer cafés", insiste Carlos Sánchez. "En todo caso, para las empresas es un equilibrio difícil, ya que por un lado debe asumir la formación práctica de los jóvenes y, por otro, quisieran rentabilizarlos cuanto antes". Según un estudio de la Fundación Universidad Carlos III, cuatro de cada diez becarios acaba incorporándose a la empresa, que en la mayoría de los casos (51,7%) recurre al contrato de prácticas, un empleo indefinido (27,5%) o un contrato temporal por obra y servicio (18,3%).

"Vivimos en plena guerra por el talento y todas nuestras iniciativas en recursos humanos están destinadas a captar y retener este talento", confirma Jordi Serrano, people manager sic) de Everis en Barcelona, que apuesta por la caza anticipada de cerebros emergentes. "Hay una imagen de explotación laboral del becario, pero para nosotros es una vía de reclutamiento especialmente interesante", afirma el representante de esta consultora tecnológica, presente en numerosos países con un total de 5.000 empleados, de los que más de 3.000 operan en España, 850 de ellos en Barcelona.

"Trabajan en proyectos internos, de investigación o complementarios a los proyectos reales, de modo que no hacen tareas propiamente productivas o que cobremos a los clientes, sino que nos centramos en su selección y formación como futuros colaboradores", explica Serrano, quien cree a ciegas en las posibilidades de esta figura, creada a partir de los convenios bilaterales entre las instituciones universitarias y las empresas. "No es mano de obra barata para hacer las tareas de menor valor", asegura el people manager de Everis-Barcelona. Además de asignarles un mentor,reciben una ayuda para gastos por unos 400 euros al mes, según titulación, por cuatro horas diarias de dedicación.

En lo que va de año han pasado por la sede barcelonesa de dicha empresa 24 becarios, de los que 22 han recibido una oferta de contrato indefinido. "Para nosotros es una vía excelente de captación", repite Serrano, quien propugna fórmulas para que las universidades extremen la selección y el seguimiento de las empresas con las que suscriben convenios, con el fin de evitar derivas de explotación laboral o que todo quede en un puro formalismo de fachada. "En nuestro sector la demanda de personal es enorme y no estamos para bromas", concluye. Sólo este año, en efecto, la firma ha contratado en Barcelona más de 300 personas.


Los estudiantes también ponen nota a las empresas

Los despachos de abogados, los gabinetes de comunicación y relaciones públicas y, en fin, los propios medios sobresalen como los sectores empresariales peor considerados por los stagiaires en Francia, según un reciente sondeo realizado por StagesCritics.com, especializado en la clasificación de estancias en prácticas en la empresa. Los jóvenes becarios o aprendices franceses enseñaron los dientes en las calles de París hace dos años para exigir más garantías en su particular estatus de trabajo en el primer contacto con el mundo empresarial, movilizados por el grupo Géneration Précaire. La encuesta, que pone nota a unas doscientas destacadas empresas del país conforme a criterios del interés del trabajo, el ambiente laboral, la remuneración y otros, sitúa significativamente en cabeza al gigante norteamericano Microsoft, lo que ilustra el interés estratégico de detección y caza temprana de jóvenes talentos por las grandes compañías tecnológicas. Los grupos franceses Pharmodel (farmacia) y Louis Vuitton (lujo) le siguen a continuación en el podio de este insólito ranking, que desde el 2001 ofrece un pequeño y útil termómetro a los directores de recursos humanos de las empresas.

Acceso a Stages Critics: http://stagescritics.com

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