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Eduard Berenguer, Catedrático de la UB: "Sin reformas, corremos el riesgo de deshacer el camino andado e iniciar un proceso de divergencia de nuestro bienestar respecto a las economías más desarrolladas."

Resulta curiosa la forma en que nuestro presidente del Gobierno interpreta los datos estadísticos. Si en el último debate sobre el estado de la nación, defendió vigorosamente la estructura sectorial de nuestro sistema productivo para justificar el enorme diferencial de nuestra tasa de paro frente al resto de Europa, esta misma semana se ha olvidado de esta estructura sectorial y ha atribuido la reducción en el mes de mayo del paro registrado en 24.741 personas al inicio de una recuperación en la actividad económica.

Se debería ser más serio a la hora de interpretar las estadísticas. Cuando se eliminan los efectos estacionales, las cifras de mayo continúan mostrando que la economía española sigue destruyendo empleo a ritmos elevados. Sin el efecto de la estacionalidad, mayo habría mostrado un incremento del paro registrado en torno a las 103.000 personas, que si bien representa una bajada significativa respecto a los 163.000 empleos destruidos en promedio mensual durante el último semestre, no evitan prever una estabilización de la tasa de paro en el futuro próximo. Al contrario, en septiembre volveremos a ver aumentos significativos y, en el mejor de los casos, la tasa de paro continuará aumentando hasta mediados del 2010 que se situaría en un 22%.

MENOR RITMO No hay razones corto plazo para ser optimistas. Podemos confiar en que el ritmo trepidante con que se ha destruido empleo en el último semestre muestre una clara desaceleración, pero aún subsisten muchos problemas y graves desequilibrios para permitir que los mercados de trabajo se recuperen. Las previsiones que esta misma semana ha hecho públicas el BCE continúan insistiendo en caídas del PIB superiores a las inicialmente previstas y, sin crecimiento no hay posibilidades de una evolución positiva en los mercados de trabajo.

La desastrosa situación de los mercados de trabajo en España nos obliga a hablar de la imperiosa necesidad de acometer una reforma del mercado de trabajo de amplio calado, si se quiere continuar aspirando a converger en renta per cápita con los países más ricos. Un trabajo reciente de Ángelde la Fuente y Rafael Doménech pone de relieve como la renta per cápita en España era a finales de 2007 un 20,4 % inferior a la media de los países más ricos de la OCDE. Entre las causas de esta diferencia un 13,1% se explica por una menor productividad por trabajador y un 7,9% por el menor número de horas de trabajo por persona de entre 15 y 64 años. Lo grave del caso, es que con nuestro modelo de crecimiento basado en un uso intensivo de mano de obra no cualificada ha producido ese diferencial de productividad con los países más ricos en los últimos quince años.

La economía española se encuentra en una situación parecida a la del año 1975 cuando el diferencial de productividad era de 15 puntos. En aquella ocasión se pudo corregir la situación tras una década que dio lugar a una amplia reorganización de las empresas y algunas reformas que ya han agotado sus efectos. La situación actual es parecida y su corrección posiblemente exija otra década, en la que deberemos aprender a producir más y mejor, y aumentar la presencia de nuestras empresas en los mercados internacionales.

Sin reformas, corremos el riesgo de deshacer el camino andado durante décadas e iniciar un proceso de divergencia de nuestros niveles de bienestar respecto a las economías más desarrolladas.

demás, no es cierto que la reforma del mercado laboral se pueda equiparar sencillamente a un abaratamiento del despido. La propuesta que plantearon hace poco un grupo de cien economistas de este país, cuando se lee detenidamente es una propuesta que ofrece ventajas tanto a trabajadores como empresas. La dualidad de nuestro mercado de trabajo es nefasta para nuestra competitividad. Ante una caída de la demanda, las empresas optan por despedir a sus trabajadores con contratos temporales o los más jóvenes, no porque son los menos productivos, sino porque son los que cuesta más barato despedir.

CONTRATACIÓN COLECTIVA Igualmente, la forma de contratación colectiva, tampoco ayuda a las empresas a ajustarse flexiblemente a las caídas de la demanda, de forma que el ajuste en la cantidad de trabajo es la vía de solución más rápida para las empresas. Ahí parece, que el gobierno está dispuesto a hacer alguna cosa, pero la reforma del mercado laboral que podría impulsar el gobierno, podría quedar simplemente en una minirreforma.

Pensar en la creación de empleo, vía esa minirreforma, o en los efectos de los planes fiscales de estímulo, es una vía insuficiente. Igual que se hizo en Alemania, la mejora de la competitividad de las empresas requiere una reducción de las cotizaciones de la Seguridad Social compensadas con un aumento del IVA, otra cuestión a la que este gobierno se muestra renuente.

Pero, la recuperación de la economía española no ofrece grandes alternativas. Como muestran los datos del trabajo de De la Fuente y Doménech, o se trabaja más y mejor, o nos convertiremos en una referencia planetaria por ser un país con una economía que tras muchos esfuerzos por superar un retraso secular no supo retener lo ganado. Algo así como el Barça de la temporada 2007-08.

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