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En la Jornada Innovación en la Dirección y Gestión de Personas del IDEC-UPF, en la que participó nuestra Fundació, Rosa Cullell afirmó que para ser directivo no hay que quitarse la corbata, aunque tampoco hace falta ponérsela si uno no la necesita.

La directora de la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals (CCMA), Rosa Cullell, que participó ayer en las jornadas Innovación en la dirección y gestión de personas organizada por la Universitat Pompeu Fabra, afirmó que la diferencia entre los directivos de las empresas públicas y las privadas no existe.

Y reconoció que tampoco existen los diez mandamientos sobre los diferentes tipos de directivos ni tampoco dos ejecutivos iguales.

Cullell ha ocupado puestos directivos en empresas de titularidad muy distinta: privadas –como El País–, fundacionales –La Caixa–, semipúblicas –el Liceu– y públicas –CCMA–.

La directora del ente audiovisual enseñó ayer al público del auditorio de la Pompeu Fabra una foto de 1990 con el equipo directivo de La Caixa, entonces dirigida por Josep Vilarasau, en la que Cullell era la única mujer y la única persona sin corbata.

En lugar de traje, vestía tejanos y sandalias planas. Al salir de la reunión de la fusión que dio lugar a la primera caja española, explica, “un directivo se me acercó y me dijo: a ver si aprendes a vestirte, a ser y actuar como un directivo”.

Cullell, que llegó a ser directora general adjunta de La Caixa, cuenta que se pasó “años embutida en trajes grises y azul marino, porque si eres como ellos, te dejan trabajar”. Y añadió: “Aprendí mucho de aquellos directivos, la mayoría hombres, de más de 45 años, con hijos y con sueldos altos, hasta que me fui despojando de mis miedos y, en un consejo de Hidrocantábrico, ya vestida de beige y rodeada de trajes oscuros con corbata, empecé a entender que no existen dos directivos iguales”.

Con el tiempo, y ya como directora del Liceu, Cullell aprendió que el hábito no hace al monje: “Para ser directivo no hay que quitarse la corbata, aunque tampoco hace falta ponérsela si uno no la necesita”. En el Liceu, Cullell conoció a grandes directores de orquesta, “que deberían dar clases de dirección de recursos humanos”, asegura.

El verdadero directivo, según Cullell, es el que busca el beneficio. Éste puede ser tanto económico como social, pero siempre hay que enfocar el trabajo hacia la búsqueda de resultados.

El segundo punto esencial por el que se reconoce al buen directivo es que esté dispuesto a asumir riesgos y esté abierto al cambio. “Creo que no hay nada más peligroso que un directivo con miedo a tomar decisiones, porque es entonces cuando se corren los mayores riesgos”, dijo. Cullell definió la personalidad de un buen directivo como riguroso pero flexible, creativo y disciplinado, pero no obediente. La directora de la CCMA valora a la gente capaz de trabajar, “pero también a aquella que se va del trabajo a una hora prudente”. “Me asusta la gente que a las diez de la noche sigue en su trabajo”, apuntó.

Cullell citó una frase del economista John Kenneth Galbraith: “Las empresas tanto privadas como públicas están cada vez más despersonalizadas y burocratizadas”. Y añadió que “ninguna funciona sin un equipo potente de directivos”.

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