Noticias de los Socios

Este es el espacio dedicado a las noticias relacionadas o que generan las organizaciones asociadas a la Fundació Factor Humà

Hace dos meses la Fundació Ampans abrió un Caprabo. Una decena de personas con discapacidad sobresalen en la gestión integral de este supermercado en Manresa. "Es como comprar entre abrazos", relata una clienta, feliz con un trato "más amable y muy cercano".

No hay manera de dar con ellos. "Perdona, ¿los tomates?" Marc levanta la cabeza y sonríe. Parece que va a indicar con la mano, pero termina de incorporarse y acompaña al cliente hasta la zona de verduras, al otro lado del establecimiento. "Aquí". Y se vuelve a lo suyo, a la limpieza, porque hoy es martes y es lo que toca. Aunque sea un empleo tan digno como cualquier otro, nadie sueña con trabajar en un supermercado. Pero para algunos puede ser la oportunidad de su vida.

Es martes, 31 de enero. En el Caprabo que la Fundación Ampans gestiona en Manresa están de fiesta porque hoy es el cumpleaños de Remei y de Meri. Hay pastitas en la oficina. Una clienta que espera su turno para pagar dice que ha recibido un "trato muy amable, muy cercano". Al explicarle que este súper está gestionado íntegramente por personas con discapacidad, reflexiona durante un par de segundos. Y dice que no se había dado cuenta, que no ha notado nada. Un 'gallifante' para los objetivos del proyecto, pues lo que se busca es la más absoluta de las normalidades. ¿Pero esperaba notar algo distinto? "No, quiero decir que me parece muy bien, que incluso son más atentos que en otros supermercados".

La buena ambición
Abrió hace dos meses y tiene los mismos ratos buenos y malos que cualquier otro negocio. Pero bastan un par de horas para darse cuenta de algo: aquí no hay competencia ni ambición por alcanzar un puesto de dirección a base de pisotear al prójimo. Solo Meri, que hoy cumple 31 años y es un auténtico terremoto, confiesa que este súper se le queda pequeño. Ella quiere volar. Le encantaría vivir en Barcelona. "Quiero trabajar en un Caprabo de verdad, no en uno de muñecas". El suyo tiene de todo (más de 4.000 referencias), pero hicieron las prácticas en otro de Manresa, inmenso, con megafonía y pasillos eternos, y le encantó el trajín de camiones descargando y clientes por todas partes. "A mi me va la marcha". Todo llegará.

Meri, con una discapacidad intelectual -"pero muy poco", concreta ella-, está feliz de poder "llevar entre todos el corazón del súper". Están aprendiendo a base de realidad. A descargar el material, a colocar el producto, a aconsejar, a vender, a preparar el pan, a controlar la temperatura de las neveras, a tratar con el cliente, a tenerlo todo impecable, a sonreír a los desconocidos. A ser, en definitiva, buenos profesionales, lo que aspira conseguir cualquier ser humano. En su caso, sin embargo, con el añadido de formar parte de un colectivo que nunca lo tuvo fácil para incorporarse al mercado laboral. Y no era una lucha baladí: "Cuanto más me implico en las cosas, mejor estoy", regala Meritxell.

Marc se nos va
A Marc le quedan un par de días. No es que tire la toalla o no dé la talla. Todo lo contrario. Se lo disputan. Se marcha a trabajar a una lavandería. Le gusta la idea porque, dice, estará "más tranquilo". Montse, formadora del centro ocupacional de Ampans, le rodea con su brazo derecho. Ella es el pegamento que va perdiendo fuerza, el bastón después de la lesión que cada vez es menos necesario. Viene cada día para acompañar a los trabajadores, pero la idea es que cada vez aparezca menos para que ellos brillen más. Sostiene que también hay "días malos" y que "no todo es tan bonito como parece". Lo dice por las zancadillas que les da la vida, los malos momentos, las frustraciones, los enfados. "Más que la calidad del trabajo, lo que valoramos son competencias transversales, como aprender a ser ordenados o aceptar las normas. Interesa que se integren en la sociedad, y si interactúan de verdad, en un entorno real, el avance es mucho más espectacular".

Mercè es una clienta satisfecha. Cree que debería haber "muchos más lugares como este". Porque además de darles la oportunidad de trabajar, los empleados le parecen "más amables, más atentos" que los que encuentra en otro súper cualquiera. "Es como si te conocieran de toda la vida, como si compraras entre abrazos". Eusebia, 'Sebi' para los amigos, iba al Caprabo grandote del centro, pero ahora viene aquí porque adora el trato y el modelo de negocio. Ahora, además, está encantada porque acaban de empezar el reparto a domicilio. Aunque a alguna que otra clienta con problemas de movilidad ya le habían llevado la compra a casa.

Sergio, con una discapacidad intelectual, se define como "chico multiusos para todo". Tiene 25 años y cada día que pasa es más consciente de su suerte. "Mi madre me dice siempre que hace 30 años no habría tenido esta oportunidad, y que la aproveche". Está contento con el ambiente y espera poderse quedar mucho tiempo. Ahora se está sacando el carnet de conducir.

Voluntario encantado
Jordi es un trabajador de Caprabo de toda la vida. Era responsable de un súper de Barcelona hasta que la empresa pidió un voluntario para supervisar el nuevo y peculiar centro de Manresa. Se presentó voluntario. Sube y baja cada día desde la gran ciudad. Se ha dado cuenta de que las personas con discapacidad intelectual "se fijan mucho más en las cosas y son capaces de hacerlas mejor que una persona sin ningún tipo de limitación". Admite que se ha implicado mucho a nivel personal y aplaude la capacidad que tienen de aprendizaje y mejora. Tiene previsto quedarse cuatro meses más. "Luego deberán ser ellos los que se encarguen de todo, porque no deben olvidarse de que esto es la vida real, de que es un negocio".

Hora de comer. Se acerca el cambio de turno. Meri se lo ha cambiado para celebrar su aniversario. Por la tarde se irá a tomar unas pizzas con los amigos. Y mañana, a trabajar.

 

 

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