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Según datos del Grupo de Investigaciones en Desigualdades de la Salud de la Universitat Pompeu Fabra la precariedad en las condiciones de trabajo condiciona negativamente la salud de los trabajadores. La insatisfacción y vulnerabilidad alcanza al 58% de los trabajadores. Esta situación de malestar se extiende a colectivos que sobre el papel parecería que no son vulnerables.

 

La precariedad laboral impacta negativamente en la salud general y en la salud mental de los trabajadores. Precariedad entendida en un sentido amplio, como un conjunto de factores en los que se incluye la temporalidad en el empleo, la imposibilidad de decidir sobre las condiciones de trabajo, la vulnerabilidad ante los abusos, los ­bajos salarios y la insuficiencia de derechos.

Según los datos sobre Catalunya que ayer desgranó Joan Benach, director del Grupo de Investigaciones en Desigualdades de la Salud (Universitat Pompeu Fabra), los problemas de salud mental son tres veces mayores en las personas que trabajan en situaciones precarias, mientras que en lo que se considera la salud general autopercibida la percepción negativa es más del doble.

Pero no hay que quedarse sólo con estos datos, sino analizar los niveles de precariedad laboral en España entendiendo que ésta no es sólo tener un contrato precario. Los resultados de este amplio estudio de la UE, que coordina Carme Borrell (Agència de Salut Pública de Barcelona) sobre la relación entre las políticas sociales y la salud indican que la precariedad en España es del 48 por ciento y del 42 por ciento en Catalunya. Esta afecta sobre todo a los jóvenes, las mujeres y los inmigrantes -en el colectivo de las mujeres jóvenes inmigrantes la precariedad alcanza el 90 por ciento-. Pero al mismo tiempo los investigadores detectan que esta situación está alcanzando a colectivos que sobre el papel pueden parecer no vulnerables.

Es el caso de lo que se califica como "empleos instrumentales", trabajos a tiempo completo relativamente estables y con ingresos "sostenibles" pero con escasos beneficios, pocas oportunidades de formación, participación e implicación. Situaciones laborales en las que se encuentran sobre todo mujeres, oficinistas, trabajadores de servicios o del sector industrial. Y aunque en menor medida también se percibe en los "empleos de cartera", con elevada calificación, intensidad y flexibilidad horaria. "La precariedad laboral -advirtió Benach- aunque con diferencias sociales se está extendiendo a capas más amplias, está atrapando una parte importante de la fuerza laboral". La prevalencia de la precariedad laboral es mayor en mujeres (51,4%) que en los hombres (34,1%).

En cuanto a la situación de España con respecto al resto de países europeos a la hora de comparar el ámbito laboral el resultado no es halagüeño. Al analizar la seguridad (la percepción de que se puede perder el empleo) de mayor a menor, España ocupa el lugar 24 de los 34 países analizados, donde los "más seguros" son los nórdicos y los menos los del Este. Respecto a la calidad del empleo, aparece en la posición 19 de 34, donde de nuevo en los polos opuestos están los nórdicos y los de la Europa del Este.


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