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Las tres compañías han probado con éxito políticas de transparencia y compatibilidad de diversión y responsabilidad que las convierten en referentes del cambio laboral.

 

Nunca dejan de sorprendernos aquellos reportajes de empresas idílicas en las que trabajar. Ubicadas casi siempre en California, parece que el sol dore las ideas hasta dejarlas en su punto y que la felicidad se extienda más allá de las playas apalmeradas hasta los edificios del soñado Silicon Valley. Sin embargo, sin darnos apenas cuenta el Mediterráneo ha visto nacer y crecer a emprendedores como Thomas Meyer, Vicenç Martí y Tomás Diago, cuyas ideas ha mecido suavemente el mar hasta hacerlas valedoras de reconocimiento internacional. Sus casos son menos conocidos, pero al visitar sus sedes y conocer sus condiciones, podemos empezar a sentir lo que sentimos cuando un reportaje nos acerca a Silicon: la duda martilleante que nos hace preguntarnos una y otra vez ¿por qué esto no pasa en mi empresa?

Son las 9 de la mañana y frente a la Barceloneta despierta, nada perezoso, el edificio acristalado de Desigual frente al hotel W. El día nos recibe con lluvia intermitente de verano pero al entrar a la sede de la firma barcelonesa la única agua que se ve es el Mar Mediterráneo a los pies del edificio diseñado por Ricardo Bofill. Suena Waterloo a todo trapo y al pasar las máquinas identificadoras con huella dactilar, un chiringuito sirve zumos y cafés a los empleados mientras una cámara del equipo de comunicación interna hace preguntas sobre qué es para ellos el verano. No, no es un día cualquiera. Hoy Desigual celebra el Happy Summer y el ambiente se relaja un poco más de lo habitual. En una hora, el volumen de la música habrá bajado hasta ser el de un hilo musical agradable y, en tres, los trabajadores disfrutarán de la presencia de un directivo que visita el centro para hacer un tradicional speech a modo de balance trimestral.

Aunque las jornadas festivas no son el día a día de la empresa -pero sí son mucho más recurrentes que en la mayoría-, todo en la sede de Desigual hace pensar que La vida es chula es algo más que un lema comercial. Para empezar, es el nombre de un gran espacio en la sede donde tienen lugar reuniones distendidas y donde muchos trabajadores prefieren trabajar para escapar del corsé del escritorio.

Estamos ante una marca donde la creatividad debe fluir y lo hace entre espacios diáfanos sin apenas paredes. De hecho, éste es, según Laura Yagüez, responsable de comunicación interna, uno de los «problemas» que se han encontrado en estas nuevas oficinas, inauguradas ahora hace algo más de un año. Los diseñadores trabajan a menudo en suelo -cuando llegamos, empleados preparan el desfile de Nueva York sobre la moqueta- y paredes. Aquí, suelo tienen de sobra pero faltan muros donde ver crecer los diseños, algo que se ha solucionado en las zonas de más necesidad con plafones. Lo que importaba cuando se construyó el edificio era la horizontalidad que facilitara la interacción entre departamentos. «No podíamos pensar en trabajar en una torre», explica Yagüez, convencida de que en el edificio convergen «muchos negocios dentro de un negocio», por lo que la comunicación es esencial.

La filosofía de trabajo de Desigual es parecida a la que desprenden sus colecciones. Desenfado, diversión, frescura. Pero no deben cegarnos ni el servicio de duchas -para cuando los trabajadores hacen deporte o se dan un baño en la playa antes de entrar- ni reglas como la no territorialidad, por la que ningún trabajador, ni siquiera el fundador, tienen una mesa propia, y el espacio está lleno de taquillas. En Desigual se trabaja. Sólo que se trabaja de forma diferente, por lo que se pide a los empleados que sean, sobre todo, autorresponsables.

Uno de los ejes de la firma barcelonesa es, seguramente, la implicación del trabajador con el producto. De hecho, mientras visitamos la sede se celebra en el espacio central una prueba frecuente. Hoy, se testan dos perfumes que se barajan para salir al mercado en 2015 y los empleados pueden votar cuál es su preferido. «La idea es que el empleado sirva como primer cliente», apunta Yagüez, quien añade que el perfil de ambos coincide. Estamos en una sede que acoge mil trabajadores de una media de edad de 29 años, procedentes de 48 países y con mayoría de un 67% de mujeres.

El producto está siempre presente en la sede de Desigual y los más vendidos se exponen en las diferentes plantas, desafiando los cerebros creativos de sus empleados: ¿su éxito es replicable? Además, no hay que olvidar que se trata de un negocio, por lo que existen múltiples pantallas donde aparecen en tiempo real los resultados de ventas de cada producto. Cuando llegamos, clientes en Japón han hecho sus primeras adquisiciones.

La transparencia es también un eje en otra de las empresas que nos sirven como modelo de formas de trabajar diferentes. Se trata de la empresa de juegos sociales online Akamon y, como en Desigual, la convicción de su líder de que las cosas podían hacerse de forma distinta a la habitual ha acabado siendo marca de la casa tanto como su producto. Akamon, capitaneada por Vicenç Martí, ha puesto la diversión en el centro de todo, pero ante el empleado hay todavía una diferencia más abrumadora respecto al resto de empresas: conocer día a día cómo está funcionando. «La transparencia como elemento llevado a un punto radical tiene un poder de transformación sorprendente», opina Martí, convencido de que la información que existe «puede y debe compartirse con el trabajador». Y sigue: «es un deber del emprendedor reflexionar sobre lo que está roto dentro de las compañías».

Por ello, disponen también de pantallas de actividad de los usuarios real time y un documento les informa de la posición de caja de la compañía, el cash flow, el balance, la cuenta de explotación y los salarios actualizados de todos -sin excepciones- los empleados de la firma. «Esto elimina cualquier sospecha de que la compañía guarda información y da la sensación de responsabilidad compartida y de que existe un destino común», sostiene el CEO.

La compañía ha incorporado recientemente un botón de satisfacción -del que también dispone Desigual- y Martí gusta de conocer a diario «qué impacto tienen las decisiones de la empresa» en sus más de 60 empleados. Por el momento, el sistema funciona para una empresa que factura 1,5 millones de dólares al mes y tiene ya triple sede en Barcelona, Valencia e Israel.

En el camino han descubierto cómo esta forma de actuar permitía que algunos trabajadores fueran ensalzados por sus propios compañeros para mejorar su salario y todo lo contrario. «Existen problemas pero comparados con los beneficios son ridículos», se convence alguien que ha hecho del juego otra de las bases de Akamon, por lo que incluso se celebran en la casa apuestas espontáneas. Martí acabó hace un tiempo vestido de Pitufina durante toda una jornada laboral -y atendió así a las visitas- por pensar que no conseguirían hacer 50.000 euros de ingresos dos días seguidos.

«No puedes forzar la diversión porque si no no funciona», insiste el CEO. Por ello es fundamental el proceso de selección de los candidatos. En palabras de Martí, «cuando nos hemos guiado sólo por conocimiento funcional y experiencia, hemos fracasado». Así, prefieren buscar personas «consistentes» con los valores de la empresa.

La selección de personal es también crítica en otra empresa que recluta talento a razón de entre tres y cuatro nuevos empleados por semana, Softonic, donde de nuevo diversión y trabajo son compatibles. En palabras de María Franquesa, directora de Recursos Humanos de Softonic, «siempre buscamos un profesional excelente pero nos importa más la persona porque los conocimientos se pueden aprender pero hay cuestiones de carácter o actitud que no, como saber trabajar en equipo».

Para fomentar un ambiente de trabajo donde impere el compañerismo, entre otros valores, Softonic ha creado un espacio poco frecuente en las empresas españolas. En su sede de Barcelona, donde trabajan 385 personas en equipos transversales -el 40% de ellos extranjeros-, los trabajadores cuentan con áreas de descanso cerca de las peceras, cafeterías temáticas en cada planta y concurridas salas de juegos con pinball, futbolín, mesas de ping pong y consolas abiertas durante todo el día. «Cada uno debe gestionarse su tiempo», incide Franquesa, quien reconoce que en los inicios de la compañía eran muchos quienes creían que «sería fuente de malentendidos» y que, sin embargo, «da muchos menos problemas de lo que la gente piensa». Al final, la responsable de RRHH cifra en entre uno y dos meses el periodo de adaptación del trabajador a las condiciones, que considera normalizadas.

«La filosofía de Softonic ha crecido a medida que crecía la compañía», explica Franquesa, que atribuye al fundador, Tomás Diago, el éxito del modelo. «Se dio cuenta de la importancia de compartir un interés y de cuidar y dar voz al trabajador». No obstante, lo que ha sucedido en el camino -Softonic se constituyó en 1997- es que los empleados han ido haciéndose mayores también, por lo que se ofrecen horarios compatibles con responsabilidades familiares u otros intereses. Además, la empresa ofrece seguro médico a los empleados y a las parejas e hijos sin restarlo del salario. «Nuestro foco es que sus preocupaciones queden cubiertas», afirma Franquesa, quien también nos habla de un servicio de masajista al que pueden recurrir cuando lo necesiten.

La preocupación por la conciliación laboral y por la salud de los empleados es compartida por todas las empresas. En el caso de Desigual, la firma incluso prohíbe a sus trabajadores comer en los escritorios y ofrece menús económicos y con opciones de múltiples países a sus empleados en su cantina, un servicio similar al de Softonic, extensivo durante varias horas para facilitar la adaptación de los empleados internacionales. Con el estómago lleno se trabaja mejor.

Objetivo: poder acabar diciendo algo no muy frecuente: «cariño, ven a ver dónde trabajo». Lo ha probado Desigual. En junio, 900 personas, entre familiares y amigos, visitaron la sede en el Open Day que celebra la marca. «Hay trabajadores voluntarios para enseñar las oficinas, lo que indica orgullo de pertenencia», sentencia Yagüez.

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