Noticias de los Socios

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Un nuevo programa del Ajuntament de Barcelona invertirá 22 millones de euros para sacar del paro a cerca de 1.400 personas. Mediante la colaboración público-privada, Xavier Trias pretende incentivar a las pymes a hacer contratos de larga duración.


La noticia llegaba con media hora de retraso porque en el Saló de Cent del ayuntamiento se alargaba un encuentro del alcalde con el tejido sindical y empresarial de la ciudad y el área metropolitana. Entre esas magnas paredes se daba forma a un plan a dos años vista que pretende sacar del paro a cerca de 1.400 personas. ¿La fórmula? Una nueva muestra de lo que a Xavier Trias tanto le gusta: la colaboración público-privada. La ciudad invertirá 22 millones de euros en este proyecto, pero con la firme intención de ir más allá de los contratos de seis meses, un paradigma que se queda en una temporalidad que alivia las estadísticas pero no resuelve el problema.

Lo que está sobre la mesa son acuerdos de 18 meses. Y la firme intención de que las personas beneficiadas, ciudadanos vulnerables por cuestión de edad o situaciones sociales complejas, consigan un papel que acredite su condición de trabajador indefinido, un bien escaso aunque la nube de la crisis amaine para la macroeconomía.

Tras esos 30 minutos de espera en el contiguo Saló de Cròniques, el propio Trias desgranaba las claves de lo que definió como un «proyecto de permanencia que no quiere ser un hecho puntual». «La mejor política social es crear ocupación, porque la gente no quiere ayudas, sino sentir que son activos, que pueden trabajar», apostilló el alcalde, que aplaudió esta joint venture entre «administración, sindicatos, empresas --pequeñas y medianas-- y entidades bancarias».

Se espera que esta «innovadora iniciativa» eche a andar en octubre. El consistorio ha querido huir de la «subvención clásica», quizá escarmentado por las agrias experiencias de otros gestores públicos que han visto como el dinero de todos terminaba en fines muy alejados de la inclusión laboral. Por eso, y porque Barcelona blande el estandarte de ente pionero con su modelo de gestión, se ha apostado por el «bono compromiso», con el cual se quiere incentivar a todo aquel empresario que dé continuidad al lugar de trabajo creado para la ocasión.

Las ayudas a las pymes se componen de un incentivo fijo por seis meses de contratación, de 5.000 euros en el caso de mayores de 40 años y de 6.000 euros para los que están en riesgo de exclusión, y un bono condicionado a la ampliación del contrato laboral hasta 18 meses, de 10.000 y 12.000 euros, respectivamente, que se podrán descontar anticipadamente en CaixaBank, entidad comprometida a través del programa Incorpora. «Mejoramos la calidad de vida de las personas que están en paro activando su talento profesional y promovemos el crecimiento del tejido empesarial», resumió la segunda teniente de alcalde y responsable de Economía, Sònia Recasens. Fue ella la que más insistió en la «potencia» del plan, en esa voluntad de generar «ocupación estable y de calidad», de crear un «sello de compromiso que identificará a las empresas» que colaboren con el proyecto.

SENTIRSE «SIN RUMBO» / Volver a sentirse útiles. Eso, mucho más que el sueldo, que también, es lo que anhelan las personas que se quedan sin empleo tras una dilatada trayectoria profesional. No hay más que echar una ojeada a las historias vitales que acompañan a esta información. O conocer a Marina Cintas, que sabe muy bien lo que es sentirse «perdida, sin rumbo y sin saber qué hacer».

Ha trabajado toda la vida, desde los 14 años. Es todo un mérito, pero en la sociedad de los títulos universitarios y los idiomas, su experiencia no es más que la acumulación de meses en una silla, primero de una inmobiliaria, luego en una consultoría y, por último, una empresa de formación de emprendedores, que no pudo seguir pagando su jornal.

Marina, con 50 años recién cumplidos, se apoyó en Barcelona Activa y aprendió a redactar un currículo, a hacer frente a una entrevista de trabajo, a conocer sus puntos fuertes. Tras un año en paro, a principios del 2014 empezó a trabajar como secretaria de dirección en una consultoría de márketing y ventas, con un contrato indefinido y parcial que le permite hacerse cargo de su hija de nueve años. Está encantada, tiene una jefa «maravillosa». Y lo más importante, se siente «viva otra vez».

Barcelona tiene pendiente un mayor esfuerzo con otro colectivo vulnerable que quizá lleva mejor la situación de desempleo: los jóvenes. La tasa de paro juvenil se acerca al 50%, y aunque hace año y medio se celebró un pleno sobre este asunto, que acabó con un compromiso poco concreto, poco se ha avanzado, aunque como señaló Recasens, los novatos del mundo laboral se llevan «el 80% de las contrataciones» del programa Crea Ocupación.

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