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El reconocimiento de los chefs con estrellas Michelin y los fenómenos televisivos han popularizado el sector de la gastronomía. El próximo septiembre, la Universitat de Barcelona (UB) y la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) estrenan los primeros estudios universitarios de esta área. El nacimiento de un grado universitario responde a la demanda laboral de perfiles profesionales de mayor cualificación dentro del ámbito gastronómico.


Hace años, cuando un padre venía a decirnos que su hijo quería ser cocinero, se echaba a llorar: ahora están orgullosos”. Así resume Elisenda Farràs i Bigas, directora del espacio Estudiante-Empresa de la escuela de hostería CETT-UB, el cambio de reconocimiento social que han vivido las profesiones ligadas al mundo de la cocina. La necesidad de formar perfiles más especializados también ha profesionalizado los estudios del sector. El próximo septiembre, la Universitat de Barcelona (UB) y la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) estrenan los primeros estudios universitarios de esta área: el primer grado de Ciencias Culinarias y Gastronómicas, de 4 años de duración, que se impartirá en la Escuela Universitaria de Hostelería y Turismo CETTUB e incluirá actividades en el Campus de la Alimentación de Torribera, la Escuela Superior de Agricultura de Barcelona y la Fundación Alicia.

Hasta ahora, la formación reglada en el sector se basaba en ciclos formativos de grado medio o superior que, entre otras salidas profesionales, formaban como chef, jefe de cocina, jefe de sala, jefe de cocina o sumiller, entre otras posiciones más tradicionales. El nacimiento de un grado universitario responde a la demanda laboral de perfiles profesionales de mayor cualificación dentro del ámbito gastronómico. “Los titulados de este grado podrán trabajar en posiciones muy novedosas que están surgiendo actualmente, como asesores gastronómicos, directores de I+D en restauración o directores culinarios en la industria alimentaria, entre otros”, destaca Elisenda Farràs, de CETT-UB.

“Tenemos que conseguir cocineros más formados que nosotros y que puedan continuar con el trabajo hecho”, explicaba hace unos días Joan Roca, chef del Celler de Can Roca, durante la presentación de estos estudios. Su ejemplo, junto al de Ferran Adrià y otros chefs internacionalmente reconocidos por sus estrellas Michelin, ha contribuido a alimentar el prestigio social de una profesión que más recientemente vive un nuevo boom mediático gracias a éxitos televisivos como el concurso MasterChef. “Hace tiempo que la cocina está muy reconocida –destaca Mey Hofmann directora y propietaria de la Escuela, Restaurante y Pastelería Hofmann de Barcelona–. El boom televisivo hace que la gastronomía esté cada vez más en todas las casas, que se conozca a cocineros y que se entienda que saber de cocina en un nivel profesional necesita de formación: es una profesión que requiere disciplina y sacrificio”.

Las escuelas de cocina aseguran que, pese a la crisis, sigue habiendo una gran demanda laboral de jóvenes con formación en el sector. “Nos consideramos afortunados ya que la mayoría de los alumnos que estudian en nuestra escuela el curso profesional de 28 meses acaban trabajando o haciendo un stage profesional en los mejores restaurantes del mundo al acabar su formación”, subraya Hofmann. La bolsa de empleo de la escuela CETT-UB recibe cada año unas 1.500 ofertas de empleo, la mitad,dirigidas a restauración. Mañana lunes y el martes 4 de marzo este centro organiza la XIV edición del encuentro Escuela + Universidad + Empresa, en la que presentan sus oportunidades profesionales decenas de firmas: en la pasada edición la iniciativa permitió concertar más de 2.000 entrevistas de empleo para titulados del sector.



“Convertí en vocación lo que sólo era afición”

Viéndole moverse entre fogones nadie lo diría, pero de pequeño Jaume Vera quería ser bombero. La vocación de este barcelonés de 33 años, actualmente responsable de cocina de la firma de eventos gastronómicos GSR, cambió cuando, durante una visita escolar al Salón de la Enseñanza, descubrió el mundo de las escuelas de hostelería. “Entonces pensé que podía convertir en profesión lo que hasta entonces era una simple afición: ayudar a mi madre en la cocina”, recuerda. Sus padres le animaron a acabar la secundaria y cursar un ciclo formativo de grado medio especializado en cocina. “Mi familia sabía que me gustaba y tenían claro que en este sector siempre podría encontrar trabajo: al fin y al cabo, todo el mundo tiene que comer”. Ya durante sus estudios trabajó en diversos caterings, y tras titularse pasó por diferentes restaurantes, primero especializado en cocina de mercado y más tarde en cocina tradicional, vasca y catalana. Hace unos años decidió que le apetecía fundar su propio negocio. “Era el inicio de la crisis y me di cuenta de que no era el momento adecuado, por lo que me planteé marchar al extranjero”, explica. Antes decidió pasar por la bolsa de empleo de su escuela de cocina, CETTUB, y ese mismo día le llamaron para ofrecerle coordinar una feria gastronómica en la que ahora es su actual empresa, GSR, que Vera define como “una productora de cine pero aplicada al mundo gastronómico”. Su trabajo diario implica coordinar a otros chefs o negociar con proveedores, pero en los eventos también ejerce como jefe de cocina. No así en su día a día: “En casa del herrero cuchillo de palo –bromea–: en mi casa cocino poco y, aunque mis amigos me persiguen, cuando lo hago prefiero hacer platos sencillos

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