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El impacto en el malestar es el doble en mujeres que en hombres en el sur de Europa, según un estudio de salud pública llevado a cabo sobre los datos de 27 países europeos y dirigido desde la Agència de Salut Pública de Barcelona. Han analizado cómo impacta en la percepción de la propia salud y en el malestar psicológico trabajar más horas y una mayor carga familiar.


La salud se resiente cuando aumentan las horas de trabajo y cuanto mayores son las cargas familiares. Pero no ocurre así si hay recursos públicos suficientes y de calidad para atender a los hijos y los mayores. Un estudio de salud pública llevado a cabo sobre los datos de 27 países europeos y dirigido desde la Agència de Salut Pública de Barcelona muestra resultados paradójicos según modelos laborales y familiares y detecta más riesgo en la salud entre quienes son más vulnerables laboralmente, entre quienes cuentan con menos servicios públicos y en las sociedades con menos reparto de tareas familiares en la pareja..

Han analizado cómo impactaba en la percepción de la propia salud y en el malestar psicológico trabajar más horas (comparan entre 30 y 40, de 41 a 50 y más de 50 horas semanales) y una mayor carga familiar (comparan pareja sola, tener un hijo, más de dos o vivir con mayores de 64 años). Las peores situaciones, tener más hijos y más horas de trabajo, no tenían ningún impacto apreciable en la salud percibida y el bienestar mental de los ciudadanos de los países nórdicos. Es el modelo familiar en el que lo habitual es que los dos sean proveedores económicos y los dos se ocupen de la familia y, además, en sus países suele haber buenos servicios públicos gratuitos de cuidado de niños y mayores.

En el lado opuesto se sitúan los anglosajones (Reino Unido e Irlanda) por un lado, los del sur (España, Italia, Portugal y Grecia, principalmente) y los continentales (Alemania, Francia, Bélgica, Austria y Holanda). Y en medio, los países excomunistas.

Entre anglosajones y mediterráneos y por razones diferentes las largas jornadas impactan significativamente en la salud. Pero en los británicos ataca a los hombres y en los mediterráneos más a las mujeres. En el modelo británico, donde el proveedor económico es sobre todo el hombre y las mujeres interrumpen con frecuencia su vida laboral por cuidar de la familia, los servicios de apoyo hay que comprarlos en el mercado. En época de crisis, tener más familia se traduce en más horas de trabajo y a la vez mayor vulnerabilidad en la contratación. Los hombres que trabajan más de 50 horas semanales (el 13,5% de la población) tienen cuatro veces peor salud percibida que los que trabajan la jornada estándar (30-40 horas) y el doble de malestar mental. Los hombres que tienen más de dos hijos (un tercio de la población) multiplican por dos esa peor salud. “Entre las mujeres, en cambio, no se percibe esa asociación con peor salud”, apunta la coordinadora del estudio, la experta en salud laboral Lucía Artazcoz, investigadora de la Agència de Salut Pública de Barcelona y del Ciber de Epidemiología y Salud Pública (Ciberesp).

En las parejas del sur, definidas por un hombre principal proveedor, una mujer principal cuidadora, familia extensa y pocos servicios públicos, la larga jornada laboral y la mayor carga familiar afecta a la salud de hombres y mujeres, pero a ellas el doble. “¿Qué pasa? Creemos que la hipoteca ha enviado a mujeres amas de casa al mercado laboral en condiciones mucho más vulnerables y, además de trabajar mucho y en malas condiciones, al llegar a casa tienen el mismo trabajo que antes, porque el hombre no asume esa responsabilidad”, explica Artazcoz.

El grupo continental, Francia y Alemania en el centro, donde suele haber un proveedor, un cuidador y ayudas públicas para que las mujeres se cuiden de la familia (abunda el trabajo a tiempo parcial femenino como entre los británicos), el impacto en la salud percibida de trabajar más de 50 horas semanales es cinco veces más entre las mujeres y el doble entre los hombres.

“La salud depende de muchas políticas. La asistencia sanitaria es responsable apenas del 20%-25%. El resto depende de las condiciones de vida”, advierte Artazcoz.


Cinco modelos sociales

Los nórdicos suelen trabajar los dos y ocuparse de la familia los dos. Cuentan con buenos servicios públicos de apoyo.

Los del este suelen trabajar los dos y cuentan aún con generosos servicios públicos, pero en casa son tradicionales: trabajan ellas.

Los anglosajones
suelen organizarse con un proveedor (hombre) y un cuidador (mujer). Los servicios los ofrece el mercado.

Los continentales se dividen el trabajo (ellos) y la familia (ellas, con empleo parcial). Hay ayudas públicas para ellas.

EL REPARTO DE PAPELES FAMILIARES

El sur cuenta con un proveedor y una cuidadora familiar en una familia extensa. Los servicios públicos y las ayudas son limitados.

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