Noticias de las organizaciones asociadas

Este es el espacio dedicado a las noticias relacionadas o que generan las organizaciones asociadas a la Fundació Factor Humà

Estamos instalados en una cultura que castiga el fracaso. Por eso es importante recordar que los errores pueden transformarse en experiencia y pasar luego a ser una oportunidad de negocio. Para que el fracaso pueda ayudarnos y se convierta en valor de futuro, debemos verlo como algo natural y bueno. Y en eso, precisamente están en la Business School de la UOC, que desde el pasado año realizan un ciclo de debates llamados Fracasos oportunos.


Sabía que un 50% de los emprendedores que fracasan en su primer intento ya no vuelve a probarlo? Una barbaridad, si pensamos que casi las dos terceras partes de las nuevas empresas desaparecen en cinco años. A juzgar por estas cifras, parece que no se aprende de los errores cometidos, por lo menos, en una cifra que parezca suficiente. Y no se aprende porque no es fácil. De entrada, el entorno no ayuda. Estamos instalados en una cultura que castiga el fracaso profesional y no digamos cómo lo hacen las entidades financieras... Y, sin embargo, no debería ser así. La cultura anglosajona es un buen espejo donde mirarse. Para ellos –al igual que debería ser para nosotros– el fracaso se ve como algo natural en la propia vida, tanto en el terreno personal como en el profesional y como un paso necesario para adquirir experiencia. Evidentemente, un error se ha de saber transformar en experiencia y, esta, luego en oportunidad. Dos pasos tan fáciles de decir como difíciles de llevar a cabo. Y en eso, precisamente están en la Business School de la UOC, que desde el pasado año realizan un ciclo de debates llamados Fracasos oportunos con la idea de valorizar el fracaso personal y empresarial y tratar de paliar este error de nuestra sociedad.

“Para empezar, hay un aspecto semántico que tener en cuenta”, explica Joan Miquel Piqué, consultor y coach de la UOC. “En nuestra cultura, el error se acepta. Es como el pecado, te arrepientes y luego sigues. Pero si fracasas, aun siendo el mismo concepto de fondo, tiene una connotación psicológica mucho más fuerte y marca más a la persona y, por supuesto, no te digo si hablamos de fracasado, porque la carga todavía sube de tono”. Por ello, “si en vez de demonizar el fracaso tratamos de valorizarlo y en lugar de fracaso hablamos de cambio, la posibilidad de salir con éxito y evitar el hundimiento, crece. Se trata de hacer ver al afectado que el fracaso no es malo en sí, que es algo natural al negocio, aunque sólo es bueno si eres capaz de convertirlo en valor de futuro”, añade Joan Torrent, director de la Business School de la UOC.

Una particularidad que lastra a los emprendedores en Catalunya –y también en España– es que el desarrollo de una nueva idea de negocio está muy ligada a la familia. “Un 90% de empresas nacen con dinero de la familia o con familiares en la misma y eso implica una carga emocional extra que resulta muy difícil de soportar. Te llevas la empresa a casa y cuando las cosas no van bien en el negocio, la vida en familia se complica mucho... algo que evitan los anglosajones, que tratan de que este vínculo no exista. Saben que si la empresa va mal, la responsabilidad es estrictamente empresarial, no familiar. Aquí el resultado acaba siendo, en muchas ocasiones, un fracaso empresarial y una ruptura familiar”, prosigue Torrent.

Ambos citan el ejemplo norteamericano –en las antípodas de aquí– de que una entidad financiera valora positivamente a la hora de conceder un crédito que alguien ya esté fogueado en algún fracaso anterior. Lo que allí se valora, aquí se castiga, en definitiva. “Lo que en otro entorno sería interesante para valorar, aquí no se hace. Contra eso tratamos de luchar en la UOC”, dice Torrent. “Hemos comprobado que algo que ayuda a quien se siente fracasado es conocer a otros en su misma situación. En el entorno de las empresas pequeñas no hay mejor profesor que otro empresario que le explique sus experiencias. Lo difícil es hallar personas que accedan a explicar sus fracasos profesionales. Cuando lo hace, el impacto en el auditorio es notable”, comenta Piqué.

¿Pero cómo transformar el fracaso en experiencia? Para Torrent, “lo importante es ser capaz de interiorizar que en tus prácticas de negocio utilizarás el sistema de prueba y error. Así, si te equivocas, no es un fracaso, es sólo un error que entra dentro de lo previsto”. “Es que el fracaso lo vemos a menudo como el final de algo, cuando se debe ver como el inicio de algo nuevo”, dice Piqué, para quien es clave en este paso “tener otra idea en la que puedas utilizar la experiencia memorizada”. Admite que esto no es fácil, por lo que hay que ayudar a la persona a que “saque” ideas de donde no cree que las haya. “Acaban saliendo”, asegura. “Sin duda el fracaso adormece el espíritu emprendedor, pero el sustrato existe y se trata de recuperarlo”, puntualiza Torrent.

Por sentido común, la probabilidad de que alguien que ha optado por dejar un salario y emprender una aventura, aunque esta le falle, vuelva otra vez al salario, es baja. Así lo demuestra también el perfil de personas que acuden a los debates de la UOC. Afirman que “el perfil de emprendedor que nos viene es variopinto. Por ejemplo, el de la persona con experiencia profesional dilatada en una multinacional que está harta de viajar 200 días al año y quiere dejar la empresa por un año para montar algo por su cuenta en lo que domina. Acaban juntándose con otra persona. La emprendeduría colaborativa es muy importante, en el sentido de sumar a gente vocacional y con experiencia con otros que han fracasado. Funciona”, concluyen.

 



Expertos en equivocarse

“El ciclo de debates se creó porque en plena época de desánimo y crisis (a finales del 2011), pensamos que se necesitaba un revulsivo y demostrar que de los fracasos se puede aprender y que pueden ser muy oportunos para cambiar. Aportamos testimonios de expertos en fracasos, pero que han servido para buscar otras oportunidades”. Para Joan Torrent, “el fracaso tiene un poder transformador muy grande”. Esta es la idea de fondo del ciclo de debates Fracasos oportunos, que la UOC Business School lleva desarrollando desde el 2012, de forma trimestral, con el objetivo de transmitir la valorización del fracaso como un instrumento muy útil para la emprendeduría, la gestión y la dirección de empresas.

Este ciclo de debates interactivos y participativos pretenden dar a conocer oportunidades de negocio a través del análisis de fracasos empresariales. En este contexto, varios académicos y empresarios explican las razones de la quiebra de su proyecto y las lecciones que han extraído de cara a futuras experiencias personales y empresariales de éxito.



De emprendedor a empresario

“En la UOC tratamos de formar empresarios. Cuando eres empresario un fracaso se vive de forma distinta a si eres simplemente emprendedor. No todos servimos para empresarios. Se precisa un conjunto de cualidades que se han de trabajar mucho y a los emprendedores nadie les ha explicado el día a día de llevar una empresa. Un día a día que acostumbra a ser de todo menos glamuroso. Hay profesionales que no sirven para salir de su zona de confort. La estrategia crea vértigo...”, dice Joan Torrent.

Suscríbete gratuitamente a nuestros boletines

Recibe noticias e ideas en Recursos Humanos.
Suscripción

Utilizamos cookies para ofrecer a nuestras visitas una mejor experiencia de navegación por nuestra web.
Si continúas navegando, consideramos que aceptas su utilización.