Entrevistas a nuestra red

Conversaciones con personas relevantes que de un modo u otro forman parte de la red de la Fundació Factor Humà

Victòria Camps: “Quienes tienen más responsabilidad en las empresas deben ser más ejemplares”Victòria Camps, Doctora en Filosofía, Catedrática de Ética y Premio Nacional de Ensayo 2012, se ha dedicado toda la vida a reflexionar sobre ética. Durante más de 40 años ha sido profesora de Filosofía Moral en la UAB y ha dejado por escrito sus pensamientos sobre ética pero también sobre educación, feminismo, felicidad, bioética u otros más políticos como el federalismo, en un extenso compendio de libros y muchos más artículos de investigación y de difusión. 

Camps (Barcelona, 1941) está jubilada en la docencia pero aún es activa para difundir el valor de la ética. Es desde finales del 2018 Consejera Permanente del Consejo de Estado. Nos recibe en su casa un día de fuerte viento y lluvias abundantes, su tono de voz dulce, la calidez en el trato y los razonamientos sosegados ayudan a olvidar el temporal que golpea fuera.

P: A pesar de que tu trayectoria profesional está más vinculada al mundo académico también tienes conocimiento del mundo de la empresa a través de, por ejemplo, la Presidencia de la Fundació Víctor Grifols, de la farmacéutica Grífols. ¿Crees que la ética en las organizaciones empresariales es un elemento para ganar competitividad o, por lo contrario, es un limitador?

R: Lo cierto es que mi perfil es más académico y desde que soy Consejera de Estado, ahora también político; pero considero que la Administración, en el fondo, también es una empresa. Hay un discurso sobre la ética de la empresa que toma el nombre de Business Ethics que ha ido evolucionando y lo ha hecho en el sentido de que la ética ayuda a ganar competitividad a las organizaciones empresariales. La ética se convierte en una institución de la empresa a través de la llamada Responsabilidad Social Corporativa (RSC) que se estructura principalmente en las firmas de grandes dimensiones. Sin embargo, llega un momento en el que hay que revisarla porque recibe muchas críticas. A menudo, se ha convertido más en un tema de marketing que de conciencia real de la empresa. En el momento en el que las compañías lo ven como una obligación, tener que hacer memorias de responsabilidad social tiene el riesgo de ser un elemento más para competir. Pero, además, que elaboren periódicamente la memoria de RSC no quiere decir que lo hagan bien. Hay ejemplos de empresas como Lehman Brothers que formalmente cumplían, pero después se demostró que solo cumplían para llenar el documento. No olvidemos que fue una de las firmas detonantes de la última crisis financiera.

P: Por lo tanto, ¿la ética y la Responsabilidad Social Corporativa tienen poco que ver?

R: El concepto de RSC me parece adecuado, porque indica muy bien donde tendría que estar la reflexión ética. La empresa debe razonar de qué manera contribuye a un bienestar mayor, pero la empresa no está haciendo este esfuerzo. Considero que la evolución de la RSC ha tenido una decantación excesiva hacia temas de medio ambiente, ecológicos, más que hacia otras cuestiones como los salarios justos o la igualdad entre los trabajadores que también es RSC. Desgraciadamente, introducir la ética en una determinada actividad o profesión tiene el peligro de que se acabe pervirtiendo, que acabe derivando a un tipo de rutina en la que se pierde el activo fundamental, esa responsabilidad de la cual hablamos. Hay ejemplos claros como las grandes distancias en los sueldos entre los directivos y los empleados. A excepción del mundo cooperativo, no se controla. Por eso, creo que falta esa reflexión interna.

P: ¿De qué manera crees que se podría motivar para que hubiera más ética dentro de las organizaciones?

R: Insisto en que la empresa tiene una responsabilidad social y tendría que ir elaborándola teniendo en cuenta los cambios sociales que se dan. Si hablamos de ética no es solo un control externo, sino que debe haber una autoregulación interna de las corporaciones. Por ejemplo, los medios de comunicación piden autocontrol porque trabajan con la libertad de expresión y esta es difícil de regular desde fuera, pero en realidad, después no lo hacen. Actúan de una forma muy interesada, con el objetivo fundamental de polarizar más a la sociedad porque parece que es lo que les da audiencia y, por tanto, el concepto de responsabilidad social desaparece. No tienen la obligación de responder a ese autocontrol. Es una simple competición para tener más mercado.

P: Si con el control externo no funciona para conseguir esa autoregulación, ¿qué proceso interno necesitan las empresas?

R: Lo pienso muchas veces a raíz de la evolución que ha habido en ciertas herramientas como los códigos éticos de las organizaciones empresariales. Parece que elaborar un código ético era la solución, pero se ha demostrado que no. Solo es una declaración de principios. El código ético funciona si se ha consensuado de manera participativa, si hay una verdadera reflexión sobre lo que habría que modificar en la empresa, cómo se puede plasmar en el código y si después hay seguimiento. Dicho control, en parte puede ser externo, pero no puede ser solo jurídico, porque estamos hablando de ética. Os pondré un ejemplo muy gráfico: en el caso de la brecha salarial de género, está más que demostrado que existe desigualdad por género en nuestro mercado laboral y no se acaba de resolver, a pesar de que ya hay una ley que dice que es ilegal y que la remuneración tiene que ser equitativa. En realidad, las mujeres siguen cobrando menos que los hombres por el mismo trabajo. Esto ¿por qué pasa si normativamente está perseguido? Hay muchos motivos como es el hecho de que haya más exigencia por parte de los hombres en reclamar compensaciones económicas que de las mujeres pero, sobre todo, porque las empresas no cumplen el principio de equidad. Lo que debe haber es un control de la transparencia de los salarios en las organizaciones para autorregularse y superar esta brecha.

P: ¿Cómo se tiene que empujar a las empresas hacia esta transformación ética?

R: Es difícil, desde el punto de vista de la ética, hablamos de principios, de normas, pero también hablamos de virtudes. Es decir, que la persona tiene que ir adquiriendo una forma de ser coherente con los principios que teóricamente suscribe. Si suscribe el de la equidad pero esta persona no es equitativa, por ejemplo, a la hora de establecer la remuneración quiere decir que no ha adquirido la virtud adecuada para ser equitativo y así ocurre con todos los principios. Si no hay en la persona una disposición a actuar de acuerdo con la norma y los principios éticos fundamentales, las normas pueden ser perfectas pero la realidad no se corresponderá a estas normas. Para que esto cambie hay un tema clave y es la ejemplaridad de los directivos.

P: Pasar de las palabras a los hechos.

R: Así es, Aristóteles en los tratados de ética decía que las virtudes no se enseñan desde un punto de vista solo teórico, sino que se enseñan en la práctica. Y no solo hay que exigir una práctica correcta, sobre todo hace falta que aquellos que tienen más responsabilidad sean más ejemplares.  Del mismo modo que ocurre en la educación o en las familias, se copia lo que se ve hacer a los referentes y en la empresa ocurre lo mismo.

P: ¿Hasta qué punto las organizaciones empresariales tienen responsabilidad ante cuestiones concretas como la equidad social o la sostenibilidad?

R: Yo creo que es una responsabilidad cívica. Toda persona puede hacerse un plan de vida individual y es legítimo que lo quiera lograr “egoístamente”. Pero, a la vez, es parte de una comunidad, recibe una  protección que le asegura el Estado y su obligación como ciudadano es contribuir a que la sociedad funcione mejor. Además, soy de la opinión que cuando más poder tiene la persona en su ámbito privado más responsabilidad social debe adquirir.  No puede pensar solo en el bien de la organización sino también en el bien de la sociedad.

P: Hay una sensación negativa de que la tendencia es más bien la contraria, ¿esta responsabilidad se pierde con el poder?

R: Desgraciadamente, a medida que se logran más beneficios y más poder, se tiende a pensar que no hay ningún tipo de obligación social. Una de estas obligaciones, por ejemplo, es cumplir con el sistema tributario pero, por ahora, el impuesto de sociedades es muy bajo y pagamos más impuestos por la renta que no por las rentas del capital. Habrá que reflexionarlo.

P: ¿La responsabilidad de hacer una sociedad mejor está muy repartida?

R: Desde el punto de vista ético no es solo el Estado el que tiene la obligación, también los ciudadanos y las diferentes organizaciones. El problema es que en el Estado del Bienestar nos hemos acostumbrado a que las grandes obligaciones sociales parezcan solo del Estado, pero si no hay cooperación por parte de las personas, el sistema no funciona. Esperar que haya una norma externa que me obligue y que me penalice si no cumplo no es actuar como un buen ciudadano. Cada cual, desde sus posibilidades, tiene responsabilidades. En el tema de la sostenibilidad, las empresas eléctricas deben cambiar pero también la ciudadanía puede tener una manera más austera de consumir. Todo el mundo debe poner de su parte.

P: Tras la crisis, el consumidor ha ido cogiendo una mayor conciencia de la importancia de consumir productos y servicios de organizaciones empresariales que son más responsables social y medioambientalmente. Sin embargo, poder identificarlas es difícil. ¿A quién beneficia la poca transparencia?

R: El deber de transparencia es fundamental. Se habla de transparencia sobre todo en el ámbito político, porque es verdad que una decisión política si no se puede hacer pública es sospechosa, pero también las corporaciones privadas tienen la obligación de ser transparentes, interna y también externamente. Hay una buena noticia y es que los portales de transparencia están empezando a instaurarse en las grandes corporaciones; otra cosa es si hacen visible solo aquello que interesa para dar una buena imagen y aquí se da una perversión.

P: ¿Quién crees que tiene que evitar la perversión del sistema?

R: El consumidor podría exigir más de lo que exige, y lo puede hacer consumiendo aquello que le parece que se ha producido de la manera más ética. Pero, de nuevo, nos encontramos con el problema de que la manera de explicarlo al ciudadano no es la más adecuada. En el caso de productos alimentarios transgénicos, por ejemplo, ¿qué tiene que saber el consumidor? ¿Saber si el alimento que ha adquirido es o no transgénico o saber si por el hecho de serlo puede hacerle daño? Son dos maneras de ser transparente con información y efectos muy diferentes.

P: Una de tus últimas obras es La búsqueda de la felicidad. ¿Cuándo crees que la encontraríamos dentro de las organizaciones empresariales? ¿Una vez nos sentimos bien remunerados?

R: La idea de la investigación de la felicidad la cogí de la Declaración de Independencia de los EE.UU., que dice que todo el mundo tiene unos derechos fundamentales que son la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. El Estado tiene que garantizar las condiciones para que las personas puedan buscarla. No se trata de garantizar la felicidad, porque es imposible, pero si dar las condiciones para poder buscarla. Del mismo modo, las empresas tienen que procurar que las personas que forman parte de ellas tengan las condiciones para poder buscarla. Esta misma pregunta se la tendrían que hacer todas las organizaciones. Estoy segura de que esta reflexión y planteada de esta forma, la mayoría de las organizaciones no la tienen presente.

La superficialidad de las oficinas diáfanas

Durante los últimos años en el mundo de la educación se ha asumido la importancia de las emociones para aprender y, en gran medida, los diferentes estamentos educativos están orientándose hacia una formación que emocione. Victòria Camps cree que las empresas todavía no se han sumado a esta transformación desde el fundamento. Sí que lo han hecho con la transformación de los espacios de trabajo, ahora más abiertos y más amables para que los empleados se sientan más acogidos en las empresas. Pero Camps cree que si no hay un salario justo, el resto son superficialidades. “Considero que se cuidan más las oficinas que la equidad en la retribución, cuando este es el eje fundamental de la ética pero, aun así, es el que más cuesta de introducir en el mundo público y privado”. Para la filósofa lo más importante es que cada persona se sienta bien retribuida y reconocida. “Una de las emociones fundamentales es que todo el mundo pueda tener las condiciones necesarias para poder aspirar a un plan de vida y, además, tener la esperanza de que lo puede lograr”.

P: Empezaste a vincularte a la Fundació Factor Humà a partir de la elaboración del Manifiesto Factor Humano. ¿Qué valoración haces de este documento?

R: Pues tengo que reconocer que tenía mis reservas porque los manifiestos tienen el riesgo de convertirse en una declaración formal que después se olvide fácilmente, como pasa a menudo con los códigos éticos de las empresas. Sin embargo, lo cierto es que el Manifiesto de la Fundació Factor Humà está muy pensado, se hizo de una manera colectiva para que todo el mundo se sintiera responsable de su desempeño. Y va más allá porque la dinámica que tiene la Fundació con todas las empresas que han suscrito el Manifiesto es que ellas mismas se acaben autorregulando, que acaben haciendo un esfuerzo de seguimiento a través de herramientas com el Barómetro del Factor Humano. Creo que es la manera adecuada de trabajarlo; es hacer cómplice a todo el mundo de una declaración de principios. Desde la Fundació se ha trabajado sobre todo con los Departamentos de Recursos Humanos de las empresas, pero también transmiten a los directivos la importancia de asumir desde todos los ángulos la Responsabilidad Social y la adhesión real al Manifiesto.

P: ¿Cuáles crees que son los puntos fuertes de la Fundació?

R: Es muy dinámica, en el sentido que ella misma tiene aparte del Patronato, un Consejo Asesor y unos grupos de trabajo que desarrollan el cumplimiento y la manera de aplicar el Manifiesto. He formado parte de su Consejo Asesor y del Jurado de los Premios Factor Humà y me gusta mucho porque procuran hacer una reflexión continúa sobre lo que están haciendo y corregir aquello que parece que no va al núcleo.

P: Como miembro del Jurado de los Premios de la Fundació Factor Humà, ¿qué importancia tiene dar visibilidad a las empresas que hacen bien su trabajo?

R: En un mundo donde la información que recibimos siempre es tan negativa, en el que parece que lo que no funciona es el objeto de información en los medios de comunicación, poner el foco en cuestiones positivas es absolutamente necesario. Insisto en que la mejor manera de enseñar ética y de corregir la falta de ética es a través del ejemplo. Si este no llega porque no lo conoce nadie, pues no se propaga la ética.

P: En esta serie de entrevistas siempre pedimos una pregunta ciega, una cuestión que plantearé a la siguiente persona a quien entrevistaremos. Así lo hicimos con Josean Lavado, Fundador de Bidea, una de las primeras consultorías para implementar criterios de sostenibilidad en las organizaciones empresariales. Nos propuso: ¿Qué cosas cambiarías de tu entorno para que sea más ético, más humano y más sostenible?

R: El hecho de hablar de por qué pensamos que la ética falla es la primera acción necesaria. Se basa en la crítica de lo que no está funcionando como debería. Desde la docencia, a través de conferencias, escritos o libros he querido poner el foco en aquello que no se está haciendo bien y qué se tendría que hacer de otro modo para que el mundo funcionara mejor. Al fin y al cabo, el objetivo de la ética es que la vida sea mejor para todo el mundo. Es muy difícil imaginar una empresa o una sociedad perfecta, pero no es tan difícil detectar qué es lo que no está funcionando y cómo tendría que funcionar. Considero que esta es la acción que debería hacer todo el mundo desde el lugar donde se encuentra.

P: Para acabar nuestra conversación, ¿qué pregunta ciega harías al próximo entrevistado o entrevistada?

R: ¿Piensas que la falta de ética es culpa del sistema capitalista o es culpa de que las personas no acabamos de tener conciencia cívica?

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