Entrevistas a nuestra red

Conversaciones con personas relevantes que de un modo u otro forman parte de la red de la Fundació Factor Humà

Imma AmatImma Amat, Presidenta del Consejo de Administración de Amat Immobiliaris, me recibe con una sonrisa y es honesta desde el principio: no recuerda por qué habíamos quedado. Aun así, se concentra deprisa y se adentra en la entrevista. Me habla de gestión de personas y del sector inmobiliario, pero también de ella, como empresaria, como mujer, como hija, como madre, como abuela, como compañera.

Amat Immobiliaris es una empresa que destaca por su innovación, que parece estar en el ADN de la familia que la gestiona: ya hace unos cuantos años, 47, Imma Amat (Sant Just Desvern, 1950) se casó por lo civil y tiene más proyección pública que su marido.

Pregunta: Me consta que has pisado algunas montañas altas por todo el mundo y que disfrutas, tanto como puedes, de los Pirineos. ¿Qué es lo que más te gusta de hacer montañismo?
Respuesta: Me gusta llegar hasta arriba y ver el mundo a mis pies. También la soledad, que no encuentras, por ejemplo, en la playa. El silencio me permite pensar con tranquilidad. Las mejores ideas para la empresa siempre las he tenido andando. En verdad, de la montaña me gusta todo. Incluso repetir rutas. Cuando vuelves a los lugares ves la evolución, cómo cambian.

P: También eres adicta a la lectura. ¿Qué libro recomendarías a nuestra red?
R: Este verano he leído unos cuántos: Mi hermano en las alforjas de Paco Jiménez, un amigo mío que explica la experiencia de tener un hermano con esquizofrenia. Hay otro que me ha gustado mucho, Otra vida por vivir, de Theodor Kallifatides. Y el del Ex Director de El Mundo David Jiménez, El director. Demuestra que todo aquello que piensas que pasa en las redacciones de los diarios, pasa de verdad. Lo he encontrado interesante. Hay más, como Pide un deseo, de Jordi Cabré, o Las pequeñas virtudes, de Natalia Ginzburg. Lo acabo de releer. Son reflexiones sobre la vida cotidiana. Ahora he empezado unas memorias de Joan B. Culla, La història viscuda, sobre la vida política y con una parte interesante para mí de cuando yo era joven, en los años 70 y 80. Ah, y estoy con otro: El dolor, de Marguerite Duras.

P: En 2018, tu hermana y tú traspasasteis la dirección de Amat Immobiliaris a Guifré Homedes, hijo tuyo, tercera generación de la empresa familiar. ¿Por qué tomasteis esta decisión?
R: El momento tendría que haber sido antes, pero no pudo ser. En 2005 las cosas iban muy bien y mi hermana y yo, que éramos las directoras, decíamos que quizás era la hora de dedicarnos a nosotras y a nuestras familias. Llevábamos trabajando toda la vida y nuestros amigos se estaban jubilando. Pero entonces vino la crisis y nos lo repensamos. No era el momento de hacer un cambio rotundo, pero sí de definir quién sería el sucesor, para que se incorporara cuanto antes mejor. Incorporarse a una empresa durante una crisis da muchas más herramientas que incorporarse en tiempos de bonanza. Te tienes que arremangar, aprender muchas cosas, tanto desde el punto de vista emocional como del de los clientes y de la organización. Nos pareció que era el momento adecuado para que el futuro Director se formara despacio. Y al final tienes que poner una fecha, tienes que decir hasta aquí.

Estos años de transición nos han servido para dos cosas: para preparar a Guifré y para prepararnos nosotras. La crisis hizo que la transición fuera más larga, más fácil. Hemos podido implicarnos en círculos y redes de la sociedad civil a los cuales antes habíamos tenido que renunciar por falta de tiempo.

P: ¿Cuál es tu rol ahora, como Presidenta del Consejo de Administración?

R: Hago funciones de representación, de relación con clientes y ayudo al Director General cuando me pide consejo. Definitivamente es otra fase. Pero todavía me encargo también de algunas tareas de urbanismo. Como en este país dura todo tantos años, hay planes de urbanismo que hace 10 años que están en marcha. No puedo pasar todo este conocimiento a nadie de una sola vez.

P: Fuisteis la primera empresa inmobiliaria en obtener la certificación ISO 9.001 y en digitalizar la administración de fincas. Hoy en día se os sigue reconociendo por aspectos como la conciliación o la prevención de los desahucios. ¿Con qué seguís marcando la diferencia?

R: Nosotros nos hemos querido mantener fieles toda la vida a una serie de principios. Por ejemplo, hacer las cosas de una manera ética. Siempre hemos intentado ser muy pacientes y ser coherentes entre lo que hemos pensado y lo que hemos hecho. A pesar de que eso a veces comporta renunciar a cosas. No nos ha costado nunca mucho. Venimos del mundo de la izquierda de los años 70, desde el 68 hemos militado en partidos de izquierda y eso marca. Cómo quién es muy católico: marca unos límites, una manera de ser. ¿Eso es innovación? Para nosotros lo es, en un sector como el nuestro.

También hemos sido pioneros en temas tecnológicos. Por ejemplo, como dices, fuimos los primeros en digitalizar la administración de fincas. Siempre hemos cuidado esta vertiente. Hace unos años que compramos la empresa informática TAAF. Somos los principales accionistas. Pensamos que en nuestro sector era esencial y que si éramos los propietarios, tendríamos a nuestro alcance todos los avances y herramientas que necesitábamos. Por eso, diría que en cuanto a programas informáticos les llevamos un año de ventaja a otras empresas. Esto nos libera de tareas repetitivas y podemos dedicar tiempo a aquello que para nosotros tiene más valor: el contacto con el cliente. ¡Nunca me habría imaginado cómo evolucionaría todo! Pero se tiene que encontrar el equilibrio entre la tecnología y la parte más emocional, la del vínculo con una persona.

"No podemos tener un país de freelancers"

"Me llama mucho la atención el mundo de las startups. Se tiene que invertir mucho dinero en ellas y la mayoría no gana ni un euro. No sé como aguantan. Aquí cada mes tienes que mirar las cuentas, porque hay que pagar muchas nóminas. Tampoco entiendo a los freelancers. Todo el mundo dice que son los nuevos modelos a seguir, pero si es así, ¡los tenemos que repensar! No podemos tener un país de freelancers. No se puede sostener. En todas partes ves empresas con falsos autónomos. El sector inmobiliario está lleno de ellos. Es la esclavitud de los trabajadores y la Administración no hace caso. No puede ser. Nosotros tenemos más de 80 trabajadoras y trabajadores. No solo tienes que pagar las nóminas y la Seguridad Social: hay que asumir las bajas, las paternidades, los despidos... Perjudica a los trabajadores y para los que cumplimos es una competencia desleal. Nadie pone solución. Hace tiempo hablé con Comisiones Obreras y con UGT. Todo el mundo estaba de acuerdo, pero nadie ha hecho nada de momento".

P: Han escrito mucho sobre vosotros. ¿Qué no os han pedido nunca?

R: He concedido muchas entrevistas por el hecho diferencial de tener una empresa de mujeres. Ahora bien, creo que tenemos que mirar el tema de la mujer en un sentido más amplio. Siempre lo reducimos a tener hijos. ¿Qué pasa con las mujeres mayores que tienen que hacerse cargo de sus padres? Nosotros tenemos muchas mujeres mayores, ¡valen un imperio! Se habla muy poco y es muy importante y muy duro. Porque ellas, como las jóvenes, quieren ser independientes, pero también tienen a los padres y tienen que cuidarlos. Es un momento en que profesionalmente quizás estás al cien por cien, pero no tienes la misma energía que cuando tenías 30 y cuidabas a tus hijos, porque tienes más de sesenta. Estas mujeres hacen un gran esfuerzo y creo que tienen muy poco reconocimiento social, mediático y en las empresas.

P: El año pasado entrevisté a Núria Basi, Presidenta del Grupo Basi. Me gustó mucho una frase que dijo: “La cultura de una empresa familiar es equiparable al estilo de vida de la familia”. De hecho, la destaqué en el titular de la noticia. ¿Estás de acuerdo?

R: Sí, es verdad. Las generaciones lo van aprendiendo en casa, porque se habla a todas horas. Desde muy pequeñas, Joana y yo acompañábamos a nuestra madre a cobrar alquileres, en la Cambra y ahí donde fuese. Esto te va quedando. Yo misma, por ejemplo, este verano me llevaba a mis nietos a hacer visitas y, está claro, como son curiosos, van absorbiendo.

P: Tu hermana y tú os incorporasteis a la empresa en los años 60. ¿Escogisteis vuestro camino?

R: En los años 60 todavía íbamos a la escuela, pero en 1964, con 14 años, yo ya hacía recibos de alquiler. Joana era más joven y empezó algo más tarde. Vivíamos en Sant Just Desvern y cuando salíamos de la escuela, antes de ir a jugar en la plaza, hacíamos un rato de recibos.

Y respondiendo a tu pregunta, no, yo no escogí mi camino. Yo habría estudiado Historia pero, desde muy pequeña, mi madre insistía en que tenía que estudiar Derecho. “Es lo que se necesita”, me decía. No tuve elección. Sin embargo, considero que tuve suerte de entrar a la Facultad de Derecho en octubre del 67 y de vivir el mayo del 68. En Barcelona se vivió muy intensamente. También estuve en todas las luchas antifranquistas. Fueron años de unas experiencias extraordinarias.

P: A pesar de que no pudiste escoger tu camino, ¿tienes la sensación de que encontraste tu lugar?

R: Cómo todos los jóvenes, pasé una época rebelde. Mi madre era una mujer muy lista, muy inteligente. Cuando estaba a punto de acabar la carrera de Derecho, me dijo: “Te he buscado trabajo, es bueno que aprendas a ser mandada”. Me lo tomé fatal, pero fui obediente y fui a trabajar con un abogado. Era duro. Me fue bien, ¡eh! Estuve con él dos años y los fines de semana y por las noches ayudaba en casa. Te espabilas, ves otro tipo de relaciones. En aquel momento pensé que si incluso había aceptado trabajar con el abogado, no iba a pensármelo más y me dedicaría a la empresa. Tenía claro que tenía que hacer que aquello me gustara, porque si no sería una desgraciada. Lo he conseguido, he disfrutado mucho.

P: ¿Qué es lo que más te ha gustado?

R: La parte financiera me gusta poco, pero he tenido la suerte que a Joana, mi hermana, le gusta mucho más. Yo disfruto con las tareas comerciales, la relación con clientes y la innovación. Tengo que agradecer que mi marido me haya dado muy buenas ideas. Cuando teníamos 40 años, me propuso estudiar Dirección porque veía que la empresa estaba creciendo y yo había profundizado poco en la gestión. Me guiaba por la intuición y por el sentido común. ¡Fuimos los dos! Era un curso de PDG, un Programa de Dirección General. Nos lo pasamos tan bien… Lo hacíamos los fines de semana, mi madre cuidaba de los niños. Aquello me cambió la vida, me dio una visión nueva. También me di cuenta de la importancia de la formación. Teníamos políticas de Recursos Humanos, pero no se me había ocurrido nunca estructurarlas. Empezamos a hacer planes de acogida y otras cosas que nadie más hacía en nuestro sector.

En otro momento, también fue mi marido quién me habló de las certificaciones ISO. Él trabajaba en el mundo industrial con empresas de Alemania y de Suiza y me explicaba que allí existía una cosa que se llamaba ISO, para trabajar por procesos, y que esto nos diferenciaría. Yo era reticente, pensaba que sería imposible, pero lo acabamos poniendo en marcha y desde entonces lo tenemos todo muy estructurado.

P: Y seguís.

R: Sí. También innovamos con las bases de datos. Fíjate: nosotros éramos dos chicas de pueblo que asistían a reuniones de colegios profesionales donde la inmensa mayoría eran hombres. Éramos jóvenes y tímidas y no nos hacían ni caso. Pero nos dábamos cuenta de que decían muchas tonterías y todo lo hacían a ojo. Pensamos que les faltaba una cosa: datos. Empezamos a hacer bases de datos de todo. De precios, de clientes...

Las crisis siempre nos han ido muy bien porque hemos aprendido. No te dejan dormir, pero siempre fomentan la curiosidad. Cuando todo va bien, te dejas llevar, pero las crisis te permiten reflexionar. En la crisis de los 90, leí en La Vanguardia que una empresa holandesa vendía bases de datos. Ahora eso está prohibido, pero en aquella época, no. Pensé que podríamos comprar bases de datos del Baix Llobregat para vender unas casas muy bonitas que teníamos. Eran caras y discutí con mi hermana. Me salí con la mía, pero fue un fracaso estrepitoso. Nadie nos compró nada, ¡pero pensé que podríamos hacerlas nosotros mismas! Y nos pusimos a hacerlo. Primero, a mano. Los Excel llegaron después. A veces fracasamos porqué nos avanzamos demasiado. Siempre hemos sido inquietos.

P: Supongo que vuestra madre os dio muchos consejos. ¿Te gustaría compartir alguno con nuestra audiencia?

R: Ella siempre decía: “Cuidad a los clientes, que son la materia prima de nuestra empresa”. Estaba obsesionada con eso. Con 80 años todavía llevaba cinco o seis clientes. Nos dejó la dirección pero ella se quedó una cartera de clientes importante.

P: Ganasteis el Premio Factor Humà Mercè Sala en 2015, en su séptima edición. ¿Qué recuerdas de aquel día?

R: Fue tan emocionante… Cuando nos lo comunicaron, nos sorprendimos muchísimo, porque está claro, ¡tú no te presentas, te escogen! Había tanta gente en el Auditorio de CaixaForum… Me supo mal que mi madre ya no pudiera venir, ya estaba enferma.

P: Desde entonces, estás vinculada a la Fundació Factor Humà. De hecho, ahora eres miembro del Jurado de los Premios Factor Humà. ¿Qué parte del proceso de selección disfrutas más?

R: A mí me encanta leer las propuestas de los finalistas. La dificultad es escoger a quién le daremos el galardón, porque hay una infinidad de organizaciones que hacen una tarea maravillosa. Aprendo mucho.

P: Siempre pido a los entrevistados una pregunta ciega, una pregunta para la siguiente persona a quien entrevistaré, que todavía no se sabe quién será. La anterior entrevistada, Carme Jordà, Directora de Recursos Humanos de Sanofi Iberia, te envía esta: “Me gustaría preguntarle sobre la experiencia del consumidor, eso a lo que llaman customer journey. Aplicado a la gestión de personas, vendría a ser la “experiencia del empleado”. ¿Qué significado tiene para ti este concepto?

R: Para nosotros el empleado tiene que tener muy buena experiencia en la empresa, porque es el lugar donde más horas pasa del día. Aquí hay una parte del trabajo que es muy dura, porque un comercial inmobiliario tiene que peinar la calle, pero cuando se cierra una operación, llega la recompensa. Todo el mundo está contento, es muy gratificante. En cambio, la gestión de comunidades de propietarios es un trabajo muy desagradecido. Nunca te felicitan por nada, todo son broncas. Tienes que cuidar al empleado en función de su situación dentro de la empresa. Es bueno que haya unas normas para todo el mundo, pero algunas personas necesitan una atención especial en función de su rol.

Para evitar que las personas que gestionan comunidades se quemen, les cambiamos de puesto de trabajo de vez en cuando. También hay gente que hace trabajos solitarios, pero se debe tener en cuenta qué necesita cada uno. En el ámbito más privado, por ejemplo, nosotros hemos tenido y tenemos gente con enfermedades. Tienes que respetar cómo lo vive cada cual. Quizás a las empresas grandes les cuesta más personalizar estos aspectos, pero también tienen más recursos, ¿no? Nosotros podemos permitirnos personalizar este tipo de atenciones.

P: ¿Qué pregunta te gustaría hacerle a la siguiente persona que pase por esta sección?

R: ¿Tiene mecanismos la función de Recursos Humanos para simplificar la telaraña burocrática de la Administración, en beneficio del ciudadano? Es un tema que me obsesiona. Algunos procedimientos carecen de sentido común: hay una telaraña que no deja avanzar. Lo que pasa es que en la Administración nadie tiene capacidad para tomar decisiones.

P: Y a ti, ¿qué pregunta te habría gustado responder?

R: Hay una pregunta que no me hace nadie: ¿Cómo lleva tu pareja el hecho de que tú tengas más reconocimiento público? Es clave y requiere un esfuerzo por las dos partes.

P: ¿Cómo lo vive tu compañero?

R: Lo hemos hablado mucho, desde el principio. Es tan importante tener a alguien que te acompañe en este camino y que acepte que su mujer gane más que él… Los hombres llevan un bagaje cultural muy fuerte. No estaban acostumbrados a que la mujer trabajara y ganara más que ellos. Si tú eres una persona ambiciosa profesionalmente, tu pareja lo tiene que comprender, respetar y también te tiene que animar. Porque si pone trabas, no llegarás a ninguna parte. Hoy en día, la situación para las jóvenes es diferente. El bagaje todavía está, pero ya no pesa tanto y no hacen tanto de caso al sentimiento de culpa, que también es cultural. Yo tuve mucha suerte, porque mi marido venía de una familia republicana y muy laica. Llevaba una mochila más pequeña que la mía. ¡Yo me casé por el juzgado y esto en su momento hizo que mi madre perdiera clientes! Cuando rompes moldes, arriesgas. Es esencial estar alineados. Creo que es lo más difícil de las parejas.

 

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