La Fundació Factor Humà colabora con La Vanguardia en un artículo sobre la importancia de la salud laboral en las organizaciones y la prevención de riesgos psicosociales. En un diálogo donde también participan Pere Plana (Reckitt Benckiser) y Josep Ginesta (UOC), se explica lo común que resulta actualmente ver a plantillas sobrecargadas de trabajo y a empresas que no tienen entre sus prioridades la inversión en el bienestar físico y psíquico de los equipos.

Con cuatro años de crisis a cuestas sería absurdo pensar que el estado de las plantillas de las empresas puede compararse al de la época anterior. Compañeros despedidos, recortes salariales, amenazas de ERE... el entorno se confabula para que el trabajador lo tenga todo menos tranquilidad y equilibrio, dos de los elementos clave para que una persona pueda ser productiva en su puesto de trabajo. La dirección de la empresa debería estar preocupada por el problema, pero en muchos casos el día a día ahoga esta realidad con las prioridades que marcan las ventas, los cobros o los problemas financieros para sobrevivir. “Siempre hemos creído en la importancia de la salud laboral para el buen funcionamiento de una organización, pero ahora, además de creerlo, como fundación nos toca alertar de los peligros que comporta bajar la guardia en este aspecto. Y lo cierto es que desde el inicio de la crisis, parece que algunas empresas están en esta tendencia”, advierte Anna Fornés, directora de la Fundació Factor Humà.

Lo cierto es que en muchas empresas la ansiedad se apodera inexorablemente de sus equipos. Algunos miembros lo llevan mejor que otros, pero, ¡ojo!, las personas con ansiedad tienen más enfermedades somáticas. En cualquier caso, nadie puede negar que hoy el sentimiento de vulnerabilidad está muy extendido. “Hay una serie de enfermedades que tienen origen en el trabajo que habitualmente se pasan por alto. Hay una patología que está infradeclarada en las empresas”, afirma Pere Plana, director médico de Reckitt Benckiser y ex presidente de la Sociedad Española de Medicina y Seguridad en el Trabajo. Desde su punto de vista, la empresa debe tener una política de salud global, basada en la identificación y prevención de las enfermedades laborales. “La crisis ha añadido una nueva patología, la incertidumbre ante el futuro, que aparece justo en el momento en que muchas empresas han recortado los gastos dedicados a salud... en un entorno de más riesgo”, añade.

Para Josep Ginesta, director de la oficina de trabajo de la UOC, “con los años crecen los riesgos psicosociales –carga mental, estrés, mobbing...– que van ligados a la propia organización del trabajo, sin contar la tecnoadicción que no cesa de aumentar y genera situaciones realmente complejas en las personas que en un momento determinado ven que les falla su instrumento tecnológico y se sienten totalmente desprotegidas, desarmadas. El reciente fallo de unos días en las Blackberry generó muchísimas tensiones”. Y añade que “no deberíamos olvidar que con las nuevas tecnologías, aunque no siempre seamos conscientes, estamos 24 horas al día disponibles para el trabajo y eso es algo nuevo que considerar. El problema es que hay muy pocos expertos en tratar estas patologías”.

El momento es complicado, ya que muchas empresas no están por la labor. “Cuando hoy le planteas a un empresario que debe hacer un estudio de riesgo psicosocial te dice que hay dos motivos para no hacerlo ahora. Uno, que en el entorno actual, seguro que sale mal y dos, que generaría unas expectativas en el empleado que no se podrán solucionar a corto plazo, con lo que aún se frustrará más”, apunta Plana y recuerda que en las escuelas de negocios, “no se habla demasiado de la salud laboral”. Por otro lado, “a veces nos centramos en la vertiente normativa-legalista de cara a la salud laboral y no se da importancia a la parte más proactiva del tema”, añade Ginesta. Ciertamente, “al cumplir con la normativa nos parece que ya se hace suficiente. Y no siempre es así. A menudo sólo se va a cubrir el expediente y la salud se acaba viendo como un mero trámite burocrático”, apunta Fornés.

Los tres están de acuerdo en que a medio plazo, si no se hace nada para detenerlas, van a crecer una serie de patologías, como la depresión, la ansiedad, el insomnio... “La gente tiene resistencia, pero llega un momento en que se agota, por ello es preciso intervenir antes de alcanzar el límite”, dice Plana.

Y es que “cuando se pide a 100 personas que hagan el trabajo de 130 se ha de procurar mucho más que se mantenga la salud mental de la gente. Las personas sobrefatigadas son más vulnerables a enfermedades de tipo vírico y, está por ver, si incluso a las de tipo cancerígeno”, añade Ginesta. Y aborda otro aspecto: el sedentarismo. “A medida que el trabajo es más terciario también nos hacemos mucho más vulnerables. Hoy, las enfermedades cardiovasculares son más frecuentes que cuando el trabajo era eminentemente manual”.

En el fondo, aunque no siempre haya conciencia de ello, subyace un problema de competitividad. Las personas sanas siempre son más productivas. Por ello, en los costes que considerar cuando se evalúa la sostenibilidad de una plantilla, también han de ser tenidos en cuenta los costes ocultos que tienen que ver con la salud. “El problema es que son intangibles”, apunta Ginesta. Por su parte, Anna Fornés incide en el papel de las direcciones de recursos humanos, ya que no siempre “son receptivas, en la medida que se requiere, a los temas de la salud. Tiene mucho que ver con la formación que hayan tenido los directores”, concluye.




Hacia la empresa saludable

Un reciente estudio de la Universidad de Harvard fijaba los beneficios que conlleva la aplicación de un programa de bienestar. Así, cada dólar invertido en wellness equivale a un ahorro de 3,72 dólares en costes médicos y a 2,73 dólares menos en absentismo. Según el mismo informe, la adopción de programas de salud podría resultar inestimable, pues, para las organizaciones que buscan proteger la salud, tanto de sus empleados como la de sus finanzas.

Para Anna Fornés, directora de la Fundació Factor Humà, “una buena iniciativa de wellness puede reducir los costes laborales de salud y aumentar la productividad, pero si los programas están mal implementados, son simplemente una sangría para los recursos de las compañías. Las soluciones de bienestar que deben dar las empresas si quieren conservar el talento para ser competitivas han de ser innovadoras y atractivas para que las personas participen en ellas. Tener una buena salud no es tan fácil, pues requiere un cambio de conducta y una incorporación de hábitos que, si no se han adquirido en etapas previas, son más difíciles de incorporar. Como en todo, la motivación es la clave”.



Menos accidentes y más depresiones

Según datos proporcionados por MC Mutual, en los momentos actuales comparados con los años anteriores a la crisis, la siniestralidad ha sufrido un importante descenso, tanto en número de accidentes (disminución de la incidencia en un 43%), como en los días perdidos que ocasionan (disminución de la tasa de absentismo en un 33%). En esta tendencia decreciente de carácter generalizado, destaca el comportamiento de las bajas de origen psiquiátrico cuya incidencia, en cambio, aumenta.

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