En la era de Internet, querer ocultar una información perjudicial que ha aparecido publicada en un sitio web suele significar que esta se propague por muchas otras fuentes. Es lo que se denomina el efecto Streisand, en honor a la diva norteamericana Barbra Streisand, y afecta a famosos, gobiernos e instituciones, pero también a empresas.

La cantante Barbra Streisand demandó en 2003 a un fotógrafo estadounidense por publicar una imagen de su casa de Los Angeles en un reportaje gráfico sobre la destrucción de la costa californiana. No solo perdió el caso, sino que además consiguió que el público identificara su casa entre las más de doce mil que aparecían en el reportaje, como explica The Guardian. Así se dio nombre al efecto Streisand, que se da cuando se intenta ocultar cierta información y solo se consigue que esta se propague más. Con la proliferación de Internet, las redes sociales y el fenómeno de Wikileaks, es casi inevitable que se multipliquen las crisis de comunicación externa. El efecto Streisand puede afectar a políticos (como la famosa foto retirada de las hijas de Zapatero en la Casa Blanca) o medios de comunicación (la polémica acerca de las caricaturas de Mahoma en un periódico danés o el secuestro de la controvertida portada de El Jueves aludiendo a los Príncipes de Asturias), pero también a las organizaciones.

La pasada primavera, alguien publicó en el portal de noticias Diggs.com un código para suprimir las barreras electrónicas en DVDs de alta definición y poder así copiar contenidos con más facilidad. Un grupo de empresas (Disney, Microsoft, IBM y otras) que han invertido en este formato, intentaron silenciar la información con una orden de cese, según la revista Forbes. Los administradores del portal obedecieron, pero los usuarios no y, desde entonces, han publicado el código en varias páginas, han creado camisetas estampadas e incluso han compuesto una canción. Es un ejemplo de mala gestión del efecto Streisand por parte de las compañías afectadas.

Pero también existen organizaciones que sí han sabido afrontar con éxito una situación de crisis comunicativa. Un ejemplo es el la Cruz Roja Americana, tal como explica el Huffington Post. Una trabajadora contó en Twitter que un compañero había encontrado dos packs de cervezas de una conocida marca y que "cuando bebían hacían el bien". Este comentario podría haber sido un golpe muy bajo a la credibilidad de la ONG. Pero a este tweet le siguieron otros en un tono bromista asegurando que la Cruz Roja estaba sobria, y lograron que el episodio quedara como una anécdota que prácticamente pasó desapercibida. Y, además, consiguieron iniciar una campaña de donaciones junto con la compañía cervecera mencionada en el primer tweet. En definitiva, una buena gestión de una potencial bomba de relojería que podría haber perjudicado gravemente la reputación de la organización.

Quizás es mejor no intentar ponerle puertas al campo y afrontar las crisis con naturalidad.

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