La Fundació Factor Humà ha colaborado de nuevo con L'Econòmic, el semanario de información económica que se distribuye con El Punt y Avui, en un artículo sobre nuestro modelo de organización del tiempo de trabajo y sobre cómo perjudica a la competitividad de la economía y genera pérdidas a las empresas y a la sociedad en su conjunto.

Nuestro modelo de organización del tiempo perjudica a la competitividad de la economía y genera pérdidas a las empresas y a la sociedad en conjunto. Solo una acción pactada y global puede corregirlo.

Las jornadas laborales interminables son aparentemente un problema individual, que sufre en sus carnes quien no puede ver a su hijo entre semana porque sale de trabajar cuando ya está durmiendo, o quien no va al gimnasio porque no le quedan fuerzas para hacer ejercicio cuando termina su jornada laboral a las 9 de la noche. Pero en realidad es un problema colectivo que condiciona la competitividad empresarial e hipoteca el futuro del país.

A pesar de algunas iniciativas puntuales, aún se vive de espaldas a ese lastre y, por si fuera poco, la crisis ha hecho retroceder los pequeños avances que se habían alcanzado. El tiempo para ponerle remedio se nos acaba. Hemos llegado a una situación límite, afirman los expertos. La necesidad de aumentar la competitividad de las empresas es el gran reto que tenemos por delante.

El tejido industrial se ve abocado a ser flexible para adaptarse a las exigencias económicas del mercado global, sin renunciar a ser competitivo en costes. En cambio, como explica la directora del máster de liderazgo femenino de la Escuela Superior de Comercio Internacional, Carme García, conservamos una organización del tiempo de trabajo rígida y desfasada basada en la estructura económcia taylorista (el sistema de organización industrial de comienzos del siglo XX).


SIETE MÁS QUE EN HOLANDA.

Los datos del Eurostat muestran que en España en el año 2010, con una jornada semanal efectiva de 38,2 horas, se trabajaba 1,3 horas más que en la media de la UE27. Trabajamos igual que en Portugal, casi 3 horas menos que en Grecia, pero 7,7 horas más que en Holanda, 5,2 horas más que en Noruega o 4 más si nos comparamos con Dinamarca. La realidad que no recogen las estadísticas es aún más cruda, ya que aunque oficialmente son 38 horas, se hacen más de 40. Como explica la Directora del Centro de Trabajo y Familia del Iese, Nuria Chinchilla, "los horarios oficiales son correctos, pero los reales a menudo son el reflejo de una dirección deficiente que atenta contra la salud de la empresa y del trabajador".

Viendo el tiempo que dedican unos países y otros a estar en el trabajo parece obvio que estar más horas no implica ser más productivo, más bien al contrario. España está a la cola de Europa en productividad, y Holanda o Dinamarca son los primeros de la clase. El Eurostat muestra que año tras año estamos descuidando la competitividad. Obviamente esta pérdida no se puede atribuir exclusivamente al modelo de organización del tiempo que tenemos, pero todos los expertos coinciden en que hay una relación muy significativa. "Cualquier persona a partir de las ocho horas de trabajo ya no rinde y si, además, acumula cansancio es evidente que hay una pérdida de concentración", dice Anna Fornés, Directora de la Fundació Factor Humà. El efecto perverso es que la rigidez de los horarios actual termina desmotivando a las personas y dando paso al fenómeno de vegetales en el trabajo: trabajadores sin más ambición que calentar la silla.

Así las consecuencias de estos horarios irracionales van bajando en cascada desde cada lugar de trabajo y llegan a muchos otros ámbitos. La dificultad para compaginar tiempo de trabajo y tiempo personal acaba generando numerosos problemas de salud en la población activa, con todo el coste económico que esto representa. España se sitúa en los primeros lugares del pódium europeo en índice de siniestralidad laboral, y también lidera las tasas de absentismo laboral.

Según un barómetro de clima laboral que dirigió Nuria Chinchilla para conocer la relación con el trabajo, la principal preocupación de los empleados en todo el Estado es la falta de tiempo. Erróneamente esta preocupación se ha querido reducir a un problema exclusivamente femenino, pero va mucho más allá.


EXPULSADAS.

Un estudio de La Caixa publicado en noviembre alertaba de que las dificultades para compaginar vida personal y laboral hacen que un 23% de las mujeres acaben dejando el trabajo para cuidar a sus hijos menores de cinco años. La Cambra de Barcelona calculó en 2008 que dejar por el camino el talento femenino suponía una pérdida de 1.000 millones de euros, es decir, el 0,5% del PIB. La pérdida de competencias y conocimientos de las mujeres que salen del mercado de trabajo superaba los 12.000 millones de euros.

Lo cierto es que la organización del tiempo actual penaliza la vida laboral de la mujer (el 50% de la sociedad) y condiciona la tasa de natalidad, de la que España, y peor Catalunya, registra una de las más bajas de Europa.

A pesar de la dimensión de las cifras, la pregunta es ¿por qué el modelo sigue siendo tan rígido?

Hay quien cree que la cultura del presencialismo es una de las principales resistencias al cambio. Quedarse hasta que se vaya el jefe, aunque no se esté trabajando, resulta todavía una práctica demasiado habitual en muchas organizaciones. Carme García, por su parte, cree que hay un problema en el modelo de liderazgo actual que hay que modificar. "Hay que orientar a los líderes y dirigirlos hacia la gestión de las emociones y no hacia la cultura del miedo", dice.

A pesar del panorama gris en que nos encontramos, hay pymes que por iniciativa propia han incorporado medidas de organización del tiempo más flexibles que parecían solo territorio de las multinacionales norteamericanas. El problema es que todavía son la excepción y que está en función de la sensibilidad del empresario.

Jordi Ojeda, Doctor ingeniero industrial, Profesor del Departamento de Organización de Empresas de la UPC, puso en marcha junto con otros socios una compañia dedicada a desarrollar soluciones tecnológicas para ayudar a las empresas a gestionar mejor la organización del tiempo. En los cuatro años de vida de Rational Time, han realizado una decena de proyectos. "Nos cuesta mucho que el empresario entienda que tiene un problema. Es una enfermedad silenciosa difícil de detectar que llega un momento que explota cuando ya es demasiado tarde", explica.

Por todo ello han nacido iniciativas como la Comisión Estatal para la Racionalización de los Horarios Laborales, que preside el catalán Ignasi Buqueras y que agrupa a un centenar de entidades para hacer publicidad de las bondades de un horario laboral homologado con Europa.

No solo hacen pedagogía, este año han puesto en marcha una iniciativa de pactos globales de ámbito estatal para girar la tortilla y quieren llevar al Congreso de los Diputados una proposición de ley para racionalizar los horarios (Véase la entrevista de la página 4).

El Responsable de Relaciones Laborals de Pimec, José Hallado, coincide en que a pesar de las acciones que se han ido realizando desde Catalunya haría falta un pacto conjunto en que se determinara un marco más claro.

En 2008 UGT, por ejemplo, hizo una campaña para sensibilizar sobre la necesidad de reorganizar los usos del tiempo. "A las seis en casa", decía la iniciativa. No se quedó solo en un lema, sino que el sindicato dio herramientas sobre flexibilidad horaria a los delegados sindicales para que las tuvieran en cuenta en las negociaciones de los convenios colectivos, otra de las asignaturas pendientes. Asimismo, el Consell de Relacions Laborals de Catalunya, en el cual participan patronales y sindicatos, creó entonces un documento de recomendaciones para una mejor organización del tiempo dentro de las empresas. Pero la crisis ha acabado bloqueando la negociación de nuevos convenios y las recomendaciones todavía no se han podido aplicar.

La Secretaria de Igualdad y Políticas Sociales de la UGT, Raquel Gil, cree que ha sido otra oportunidad perdida. “La crisis tendría que haber servido para hacer aflorar las medidas de reorganización del tiempo ya que las empresas no tenían capacidad para mejorar los sueldos, pero la negociación colectiva ha quedado bloqueada y no hemos conseguido avanzar", lamenta Gil, que asegura que con la crisis todo lo relacionado con estas áreas ha quedado aparcado.


CASOS DE ÉXITO.

Aunque no se han cuantificado los efectos económicos que conlleva este modelo de horarios laborales tan particular, sí que hay muestras puntuales de que un horario flexible, que tenga en cuenta las necesidades de cada empleado, es beneficioso para la empresa que lo aplica. Ojeda asegura que un estudio científico que realizó el grupo de investigación en ingeniería de organización de empresas de la UPC demostró que las soluciones en gestión de tiempo aumentan la competitividad de las empresas, ya que mejoran la satisfacción del personal, hasta el punto de que aumentan los resultados económicos. Asimismo algunos de los indicadores en los que se benefician las compañías que han incorporado las soluciones de Rational Time resultan muy interesantes económicamente. "El número de horas extras baja un 90%, y el absentismo bajó un 3%", dice.

Por su parte, el Departament de Treball hizo el año pasado una prueba piloto con 33 empresas, mayoritariamente industriales, de Barberà del Vallès y Rubí, en que aplicaban distintas medidas de flexibilidad horaria. El 81% de las participantes aseguraban que después de mejorar la gestión del tiempo de trabajo habían aumentado la productividad, el absentismo bajó un 19% en solo un año y, además, el 73% de las empresas redujo el estrés.

Con estos datos sobre la mesa, parece lógico que las empresas se lanzaran a implementar la racionalización del horario laboral. ¿Pero cómo? Todo el mundo coincide en que no todos tienen que acabar a las 17 h. de trabajar. "La tendencia es ir hacia un horario personificado", augura Ojeda. La realidad es que las empresas necesitan flexibilidad y versatilidad en sus empleados, y las personas reclaman una gestión del tiempo diferente en función de la etapa de la vida en la que se encuentran. Quizás la solución es tan fácil como sentarse a hablar y organizarse el tiempo como una herramienta estratégica más.

La compañía de transportes MRW hace más de 10 años aplicó un horario continuado entre sus empleados. Como explica la Directora del Área de Personas, Sonia Yaguas, el 80% de los colaboradores de MRW tienen una jornada que les permite conciliar la vida laboral con la familiar.

Además, la firma tiene un horario flexible de entrada y de salida de media hora, concede una semana de vacaciones cuando se cumplen diez años en la empresa y reducciones a medida, que pueden ser incluso de un día por semana.

El nivel de absentismo de la firma de servicios está por debajo del 4%.

"Entendemos que desarrollar unas buenas políticas de conciliación laboral es un elemento muy motivador. Una persona comprometida y motivada con la empresa trabaja mucho más a gusto y, por lo tanto, mucho mejor. Es totalmente beneficioso para ambas partes", dice Josep Lloreda, Presidente de la compañía KH. En los últimos años han ido aplicando acciones para adaptar los horarios a las necesidades de los empleados, como la flexibilidad en el horario de entrada y la posibilidad de comer entre una o dos horas y el horario intensivo de 7 horas en el periodo de vacaciones escolares de verano. El año pasado dieron también la opción de escoger un segundo horario único durante todo el año que permite finalizar a las 16.30 horas.

Desde hace años la firma tiene una guardería para los más pequeños.


Los lunes al sol

Trasladar todos los festivos del año al primer día de la semana es una reivindicación que ordena el calendario pero que genera controversia.

Cuando hace un par de años el entonces conseller d'Indústria, Josep Huguet, sugirió que se trasladaran todos los festivos del año a lunes, se generó un sonado debate público entre los detractores y los defensores de la idea.

La propuesta no eran nueva: en otros países europeos ya hacía tiempo que habían decidido poner orden al calendario festivo anual y concetrar las fiestas en lunes. Así, según los argumentos a favor del cambio, el festivo no interrumpe el ritmo de la semana y se consiguen fines de semana de tres días. Pero de este modo se desterrarían los esperados puentes de los que gozan muchos empleados, como el del mes de diciembre pasado, en que el día laborable entre la Purísima y el día de la Constitución se convirtió en festivo para la mayoría.

Comertia, la asociación catalana de la empresa familiar del comercio, que representa a una cincuentena de firmas, con más de 4.000 establecimientos, hace tiempo que en su decálogo de peticiones tiene el traslado de festivos, excepto Navidad y Fin de Año, a lunes. El presidente de esta agrupación empresarial, Jordi Tarragona, argumenta que las fiestas entre semana perjudican la productividad no solo del comercio sino también de la industria, la administración y el sector servicios. "Después de cada día de fiesta se rompe el ritmo de actividad y hay que destinar tiempo a calentar los motores de las instalaciones y las personas", dice.

OPORTUNIDAD.

Tarragona incluso considera que se trata de una medida oportuna en tiempos de crisis para contribuir a mejorar la productividad. Además, defiende que esta demanda podría servir de revulsivo para hacer un cambio de mentalidad e "incentivar que nuestra sociedad vuelva a crear puestos de trabajo productivos y salve en lo posible el estado del bienestar", añade.

En cambio, las voces en contra de concentrar los festivos en lunes entienden que esta decisión sería poner un parche a un problema mucho más amplio, que es el de la organización del tiempo de trabajo actual. "Con estas medidas creo que no estamos resolviendo el problema de fondo, y se quiere aprovechar para quitar los avances que se han logrado", opina la Secretaria de Igualdad y Políticas Sociales de UGT, Raquel Gil. Por su parte, la directora de la Fundació Factor Humà, Anna Fornés, considera que es un riesgo que se caiga en el reduccionismo en este debate. "A menudo existe la sensación de que somos un país con muchos festivos, pero al final lo que hay que tener en cuenta es el cómputo total de horas trabajadas", dice Fornés.

Según una comparativa que hace la OCDE sobre los festivos y las vacaciones de los países que están representados en la organización, España está entre los territorios que tienen más vacaciones y festivos pagados. En total, 34 días, uno menos que Portugal y Austria y los mismos que Alemania. Menos Canadá, Japón y EEUU, todos los países siguen la recomendación que la Organización Internacional del Trabajo hizo el año 1954 de garantizar un mínimo de 20 días de vacaciones pagadas por año trabajado. EEUU, pues, son el único país que no ha hecho caso, ya que sólo tiene 10 días de vacaciones pagadas al año.

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