Un gran número de empresas ha empezado en los últimos tiempos a abordar el cuidado de la salud mental de sus equipos, sabedores de la importancia estratégica que tiene esta parte del bienestar de las personas, no sólo a nivel individual de cada trabajador, sino en el impacto sobre el buen funcionamiento de las organizaciones. Al fin y al cabo, todas las personas, incluso las más productivas, pueden pasar por una problemática de salud mental.

El estigma como punto de partida en las políticas de salud mental laboral

El impacto de la COVID, además, ha agravado la situación: más de la mitad de las personas trabajadoras creen que su salud ha empeorado en la pandemia, 16 puntos más que en 2020, y el 60,6% de los asalariados están en una situación de riesgo de salud mental, más del triple que hace cinco años. Son dos de las conclusiones de una encuesta a 21.500 empleados elaborada por CCOO y la UAB entre abril y mayo de 2021.

A pesar de conocer la necesidad y urgencia de trabajar en este ámbito, las empresas se encuentran con una gran barrera: el estigma existente todavía, a día de hoy, hacia la salud mental. 

El estigma es el muro invisible que impide el máximo retorno positivo posible de las herramientas que estamos desplegando, puesto que el miedo a ser discriminado o la vergüenza hace que la inmensa mayoría de trabajadores no hable si está atravesando una dificultad emocional. Todos los mitos sobre la salud mental terminan provocando perjuicios a las organizaciones.

Por ejemplo, según la Unión Europea el coste estimado de la depresión relacionada con el trabajo es de 617.000 millones de euros anuales, que incluyen el coste para los empleadores del absentismo y el presentismo (272.000 millones de euros), la pérdida de la productividad (242.000 millones de euros), los costes para la sanidad pública (63.000 millones de euros) y los costes de las indemnizaciones por discapacidad de la seguridad social (39.000 millones de euros).

Dada la alta prevalencia de problemas de salud mental en la población general, el puesto de trabajo debe ser un importante objetivo de promoción, prevención e intervenciones en esta materia. Sin embargo, dichos esfuerzos pueden seguir siendo ineficaces si no se elimina el estigma y se crea un entorno de trabajo favorable.

Según Deloitte, el 95% de las personas que han tenido que tomarse un día libre debido a una situación de salud mental no se han sentido capaces de dar a su jefe la verdadera razón. La ocultación acaba convirtiéndose en una forma de supervivencia para evitar que todos los prejuicios acaben afectando a la carrera profesional de las personas trabajadoras. Esto aumenta el estrés, el malestar, produce desconexión emocional y de compromiso con la empresa y acaba comportando un descenso de productividad.

Por tanto, son necesarias actuaciones efectivas para reducir el estigma en el mundo laboral. Por cada 1€ gastado en abordar la salud mental dentro de las empresas, la Organización Mundial de la Salud estima un retorno de 4€ en productividad y rendimiento.

La OMS define la salud mental como “un estado de bienestar por el que la persona es consciente de sus propias capacidades, puede hacer frente a las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer contribuciones a la comunidad”. Es decir, existe una vinculación directa entre una buena salud emocional y un buen entorno laboral.

Trabajar desempeña un papel relevante en la mayor parte de las personas adultas y, entre otras cuestiones, es una fuente de contactos sociales, sentido de identidad y un medio para estructurar el tiempo. Nos brinda la oportunidad de contribuir a conseguir objetivos comunes. El trabajo constituye un elemento clave para la salud y el bienestar psicológico, puesto que actúa como un eje vertebrador de la vida social y comunitaria.

Cada vez más trabajadores desean desarrollar su vida profesional en entornos más humanos. La relación entre el cuidado del bienestar emocional y la captación/retención del talento se hace más evidente. Las políticas en salud mental se están convirtiendo en un eje clave en la mejora de la productividad y los beneficios a medio plazo de las organizaciones. No podemos reducir nuestras acciones solamente a mitigar el impacto negativo del mundo laboral en la salud mental, sino que debemos pensar en multiplicar sus efectos favorables.

Pero, como señalábamos al principio, tenemos un problema compartido de sociedad y empresas que es el estigma. En Obertament somos muy conscientes de esta situación porque somos la organización de referencia en Cataluña en este ámbito y llevamos más de 10 años trabajando a diferentes niveles, también de la mano de las empresas como actor clave que están dentro de la sociedad.

Por eso, es importante empezar a construir un nuevo marco de pensamiento compartido en torno a la salud mental laboral, libre de prejuicios, que se alimente de hechos y datos, y no de mitos que acaban perjudicando el éxito corporativo de las empresas. Éste es un trabajo que debe potenciarse internamente transformando la cultura organizativa y de la mano de la dirección como eje estratégico a consolidar. Y los líderes desempeñan un papel fundamental en esta tarea. Desde generar un entorno favorable compartiendo sus propias experiencias, fomentando formaciones en alfabetización para todos los empleados o entrenando a los managers para que adquieran habilidades para la gestión de la salud mental de sus equipos.

Empresas libres de estigma son empresas más saludables que terminan siendo empresas más productivas.

La combinación es sencilla, pero el camino debe construirse con mucho conocimiento y experiencia. No podemos elaborar nuestros planes de bienestar emocional sin poner el foco en el estigma como factor transversal en cada medida que implementemos.

La ventana de oportunidad que se ha abierto ahora para trabajar la salud mental en las empresas podría volver a cerrarse si vemos que los resultados esperados no acaban de llegar. No podemos permitirnos, ni económica ni socialmente, dar pasos atrás en esta dirección.

Las organizaciones están ante la ocasión, que llevamos años esperando, para generar espacios de trabajo más productivos, mentalmente más saludables y libres de estigma.

El futuro de las empresas es éste y el momento de empezar a construirlo es ahora.

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