Yin y yang son dos conceptos famosos del taoísmo, usados para representar la dualidad de todo lo existente. Describen dos fuerzas fundamentales opuestas y complementarias, que se encuentran en todas las cosas y son necesarios para acercarse a la perfección. La excelencia profesional requiere también fuerzas opuestas y complementarias como la autoexigencia y la autocompasión.

Autoexigencia y autocompasión: yin y yang de la excelencia profesional

La autoexigencia es reto puro. Nos lleva a ser inconformistas, inquietos, a querer siempre más y mejor, a acercarnos a nuestra mejor versión, a reinventarnos constantemente. Una actitud necesaria y muy positiva que nos hace estar vivos, competitivos y potenciar nuestras fortalezas y el gran potencial de cada ser humano.

Pero llevada al extremo nos puede bloquear, dificultar de los pequeños avances o generarnos demasiado estrés. Factores a evitar porque reducen nuestro rendimiento y felicidad.

Como ejemplo, Rafa Nadal explicaba las razones de su mal año en 2015 en estos términos: “no tenía una lesión física sino mental. Demasiada exigencia, adrenalina y ganas de volver al máximo nivel. No tenía la paz de espíritu ni la tranquilidad para jugar bien cada punto. Todo esto me llevó a cometer demasiados errores y a no ser competitivo”. 

La autocompasión es el apoyo necesario para avanzar cada día, su complemento ideal. Es la empatía y comprensión sobre nuestros errores y limitaciones, el realismo sobre nuestras capacidades y logros, el sentido común y la paz de espíritu ante tanta ansiedad que flota en el ambiente.

Reto y apoyo son las dos palancas clave para el crecimiento personal y profesional, según los mejores expertos en desarrollo. Bien gestionadas nos llevan a fluir, a mejorar continuamente sin caer en el confort y aburrimiento ni el pánico o exceso de estrés.

 Autoexigencia y autocompasión: yin y yang de la excelencia profesional

El alto rendimiento de calidad no es flor de un día, sino sostenible. Para ello es fundamental gestionar bien una ecuación difícil: mantener el hambre por evolucionar, la proactividad y la vez tener equilibrio, hábitos saludables, gratitud por lo ya conseguido. Estar satisfecho y la vez mantener una sana insatisfacción constructiva. Grandes deportistas como Pau Gasol nos dan excelentes ejemplos de manejo de estos contrapesos.

La tensión constructiva, la gestión de fuerzas contrapuestas es un ingrediente clave del éxito personal y colectivo. Una actitud que nos aleja de la autocomplacencia y las inercias, tentaciones que son el principio del declive de nuestra creatividad y productividad. 

El camino de la excelencia (personal y genuina) es cada día más complejo. Abundan los altibajos, conflictos, dudas, pero merece la pena apostar por ella como factor clave de nuestra competitividad.

Los buenos profesionales y las buenas compañías identifican y gestionan bien su yin y yang: análisis riguroso y ejecución tenaz, valentía y miedo, humildad y potente autoconfianza, aprendizajes del pasado, foco en el presente y mirada al futuro, autoexigencia y autocompasión.


David Reyero Trapiello - Senior HR Business Partner – Sanofi Iberia - Twitter: @davidreyero73 / Linkedin: https://www.linkedin.com/in/davidreyerotrapiello/

Acceso a: Liderazgo compasivo para entender las necesidades de los empleados

 

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