Tras su paso por el Festival de San Sebastián, el 15 de octubre llegó a los cines El buen patrón, la película seleccionada para representar a España este año en los Oscar. En la comedia de Fernando León de Aranoa, protagonizada por Javier Bardem, se dibuja la figura de un jefe carismático, pero a la vez paternalista, manipulador y cínico. En un mercado laboral dónde prima la competitividad, su retrato quizá no resulte inverosímil. Y es que algunos de los conflictos que se narran en la película bien podrían darse en la realidad de aquellas organizaciones más centradas en sus intereses que en el bienestar de sus trabajadores.

El buen patrón

Javier Bardem encarna de forma magistral a Julio Blanco, el propietario de una empresa dedicada a la fabricación de balanzas industriales. Blanco no deja indiferente a nadie. Aparentemente es el jefe ideal: se muestra comprensivo, considera a los trabajadores “su familia” e intenta echarles una mano para que puedan solucionar sus problemas. Pero nada más lejos de la realidad. La inminente visita de una comisión, de la que depende que le otorguen un premio a la excelencia empresarial, pone de manifiesto su falta de ética en el terreno laboral, pero también en el ámbito más personal. 

En El buen patrón vemos como el personaje de Bardem debe lidiar con acontecimientos inesperados e imprevisibles que pueden hacer tambalear el tan valorado equilibrio en su empresa y en su vida personal. Un exempleado que se instala en la puerta de la empresa montando escándalo y que se propone dar a conocer cómo es verdaderamente el que hasta pocos días antes fue su jefe, una becaria muy simpática con él y un trabajador de confianza descentrado y deprimido por sus problemas personales son solo algunos de los problemas que debe enfrentar. 



¿Cómo intenta superar los obstáculos? Sin salir de la zona de confort en la que vive instalado y adentrándose constantemente en las vidas personales de sus trabajadores, llegando a jugar un papel determinante en ellas. 

El conjunto de la trama evidencia que la preocupación del propietario de Básculas Blanco por los empleados no es genuina y el desprecio hacia algunos de ellos se pone de manifiesto a lo largo de la película. Y es que sus buenas acciones no consiguen tapar cuál es su verdadera gran preocupación: conseguir una distinción más que afiance el éxito de la organización que preside y que le permita mantener su estatus. 

En esta película, León de Aranoa hace uso del humor para retratar las contradicciones y actuaciones faltas de ética que aún son demasiado habituales en el mundo empresarial. La figura de un jefe con demasiado ego y ambición, más preocupado por su reputación que por el bienestar real de quienes trabajan en su organización, no resulta alejada de la realidad laboral de nuestra época. Aún son muchas las organizaciones que intentan encontrar su propio equilibrio sin ayudar a los empleados a encontrar el suyo. Y no tienen en cuenta que del bienestar de las personas trabajadoras depende el éxito del conjunto de la organización y del propio liderazgo empresarial. 


Tráiler de “El buen patrón” de Fernando León de Aranoa: https://www.youtube.com/watch?v=YVQDyL2p3IU

 

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