Son muchas las personas que se sienten agotadas tras meses comunicándose mayoritariamente a través de una pantalla. Las reuniones online son muy diferentes a las presenciales y plantean grandes retos. No solo hay que cuidar el discurso y la gestualidad. Cuestiones como la iluminación, la sonoridad y el entorno cobran gran importancia. La realidad es que hemos tenido que adaptar nuestra manera de comunicar al formato pantalla. ¡Y si no lo habéis hecho ya vais tarde!Comunicar a través de una pantalla: una nueva habilidad en nuestra carpeta

No voy a la oficina a trabajar, me quedo en casa, ahorro tiempo, dinero y energía para el desplazamiento y, en cambio, me canso más, acabo agotada, no sólo físicamente (espalda sobrecargada, ojos resecos), sino también y sobre todo mentalmente. ¿Qué me pasa?

Esto es lo que están sintiendo muchas personas después de meses y meses acumulados de comunicaciones en línea. Y ya tiene nombre: La fatiga de "zoom". Clases, formaciones, reuniones, demasiadas horas de mundo virtual. La pantalla, lo sabemos todos, se ha convertido en una herramienta imprescindible para nuestros trabajos y relaciones y estoy convencida de que, aunque en un futuro no muy lejano iremos recuperando espacios presenciales, lo seguirá siendo. Hace unas semanas un estudio de la Universidad de Standford ponía argumentos a todas las incomodidades que nos plantea la pantalla: concluye que el formato de la videoconferencia se parece muy poco a la conversación física. Vemos muchas caras al mismo tiempo, incluida la nuestra y, además, están muy cerca. No nos podemos mover del lugar donde estamos y tenemos muchas dificultades para captar el lenguaje no verbal. Todo ello obliga a nuestro cerebro a forzar aún más y, como consecuencia, nos cansamos mucho más.

El estudio llamado Sobrecarga no verbal: un argumento teórico para las causas de la fatiga de zoom, también remarca el "efecto espejo", el hecho de vernos de manera constante a nosotros mismos como un gran generador de estrés porque nos estamos autoevaluando de manera permanente. Su autor, el profesor Jeremy N. Bailenson, lo compara con la incomodidad del ascensor, en el que se rompen las normas no escritas sobre el distanciamiento entre extraños, esta aproximación no querida que a la mayoría nos molesta.

Cansados o no, la realidad es que hemos tenido que adaptar nuestra manera de comunicar al formato pantalla. ¡Y si no lo habéis hecho ya vais tarde! Lo que hacíamos antes en un escenario, un aula o en una sala de reuniones ahora lo hemos trasladado a la pantalla. Y este pequeño rectángulo de pocos centímetros se ha convertido en nuestra principal carta de presentación. Y hemos tenido que encajar que, quizá, no tenemos esta habilidad suficientemente desarrollada. Nervios, caras que no se ven suficientemente bien, encuadres imposibles, malas sonoridades y la sensación de que a menudo predicas en el desierto. Y lo que es peor, un entorno que deja al descubierto todas las inseguridades que tenías tan bien controladas en el mundo presencial.

Esta pandemia ha puesto de manifiesto, entre muchísimas cosas, que en el ámbito profesional hacer una buena conexión en línea dice mucho de ti, si la dominas transmites seguridad y capacidad. Todo lo que pasa en esa pantalla dice cosas de ti: lo que dices y lo que haces, sí, pero también lo que enseñas, lo que vistes, lo que se ve de ti del fondo de tu casa... Una buena intervención en una reunión puede generar un impacto negativo si se ve un estante muy cargado y desordenado al fondo, o si hay deficiencias en el sonido o no se te ve suficientemente bien porque estás mal iluminado. Todo habla de ti, lo debemos tener claro. Por lo tanto, ser hábiles y eficientes comunicando con una pantalla nos da un plus de credibilidad y debemos incorporar también esta habilidad en nuestra carpeta.

A algunos les puede parecer muy complicado porque la pantalla no es un hábitat que nos haga sentir cómodos y el mundo virtual nos pone muchas dificultades por el camino. Hay algunos elementos que impiden una buena comunicación. Tenemos que ser conscientes para adaptar nuestro mensaje a la nueva realidad. El primer paso es darse cuenta y así ya tendremos el trabajo medio hecho. Cuando eres consciente de lo que puedes mejorar puedes empezar a trabajar para conseguirlo y esto también se puede entrenar. 

El encuadre, la luz, el sonido, la voz, la mirada, el mensaje... cada cual requerirá unos retoques específicos, pero hay una frase que repito mucho en los talleres sobre cómo aprender a comunicar a través de la pantalla que hago desde hace meses: Seguid la regla de "menos es más". Cuanto menos ruido haya, cuanto menos cargada esté el estante detrás de ti, cuanto menos complicado sea tu discurso, cuanto menos texto haya en tu presentación, cuanto menos desvies tu mirada de la cámara... más atención obtendrás de quien te ve al otro lado de la pantalla. Y otra cosa: no hay nada que no se pueda mejorar con entrenamiento: grábate, mírate, espía como lo hacen los que te gustan e incorpora todo lo que te seduce. Si te ocupas de ello verás que la pantalla puede dejar de ser un obstáculo que da miedo para convertirse en una aliada.

 

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