La crisis provocada por la propagación del virus de la Covid-19 ha producido importantes daños económicos pero también ha tenido y continuará teniendo otras consecuencias. Según apuntan los expertos, el burnout, los traumas psicológicos y los problemas de salud mental se intensificarán en los próximos meses. ¿Qué se puede hacer para hacerles frente? 

Qué es recomendable hacer ante los anunciados efectos psicológicos de la Covid-19

POR QUÉ SON IMPORTANTES LOS PROBLEMAS EMOCIONALES Y PSICOLÓGICOS

Estamos cerca de controlar la propagación del virus y transitamos a una nueva realidad que se nos presenta incierta. Quienes han mantenido el empleo, bien han experimentado las dificultades de un ERTE, bien se han “adaptado” al trabajo en remoto o bien se han visto ante el riesgo diario de contagio. En cualquier caso, hay que destacar la carga emocional sufrida pese a formar parte del colectivo con mayor fortuna. Las personas que, por la COVID-19, han perdido familiares en situaciones difíciles, han ido al paro y a quienes ha llevado al hospital, han visto multiplicado ese impacto emocional. Es importante destacar todo lo anterior para no olvidarlo y para abordarlo adecuadamente.

A pesar del tremendo esfuerzo realizado por el conjunto de la profesión sanitaria, el sistema de salud ha tenido dificultades extremas para gestionar la COVID-19. El desconocimiento de la enfermedad y el volumen de pacientes concentrado en un breve espacio de tiempo han resultado decisivos.

advertencia de los expertos

Traumas psicológicos e incremento de enfermedades mentales se sitúan en un nivel de riesgo similar a los daños económicos.
(Modelo afectación COVID-19 Dr. Victor Tseng – 2020)


Ahora, entre los efectos de la crisis, los expertos señalan los daños económicos y, al mismo nivel, los traumas psicológicos, el burnout y los problemas de salud mental que se intensificarán. 

Incluso la ONU ha hecho un llamamiento para que tomen medidas, porque la previsión es preocupante: hacia el final de la segunda mitad del año, se esperan una demanda de atención médica por desórdenes emocionales, psicológicos y de salud mental y unos niveles de absentismo laboral a nivel de epidemia. A diferencia de la COVID-19, y eso es clave, existen experiencias previas que permiten anticipar qué pasará. Pero, ¿corremos el riesgo de ver colapsado el sistema de salud mental debido a las personas afectadas? La respuesta es que dependerá de lo que decidamos hacer.

SI SABEMOS A QUÉ NOS ENFRENTAMOS, ¿CUÁLES SON LAS ACCIONES MÁS ADECUADAS?

Tenemos dos posibilidades de actuación ante nosotros:

  1. Confiar en la recuperación espontánea y tratar a quien no haya superado las dificultades.
  2. Planificar el seguimiento preventivo y atender prioritariamente a quienes lo necesiten. 

Confiar en la recuperación espontánea, es una estrategia que, en otros casos como ataques terroristas, desastres naturales o accidentes masivos, ha evidenciado efectos como: cronificación de síntomas que han requerido intervención médica compleja, elevados costes por absentismo, secuelas y efectos secundarios en las personas y las organizaciones. ¿No son casos comparables? Cierto, la crisis actual parece peor, porque en los casos anteriores las personas estaban afectadas por un impacto concreto, pero ahora hemos sufrido múltiples y continuados impactos de distinto tipo e intensidad.

Confiar en la recuperación


CONFIAR EN LA RECUPERACIÓN ESPONTÁNEA

Cabe razonar por qué parece que esto podría afectar al sistema de salud mental y tener efectos negativos:

  • Entre ERTES, paro, profesionales sanitarios/as, personas que han sufrido la pérdida o la afectación grave de miembros de la familia y supervivientes a la enfermedad, hay cerca de 7 millones de personas en el conjunto del Estado, de ellas alrededor de 1 millón en Catalunya, directamente impactadas por la COVID-19.
  • Si una fracción de esas personas en Catalunya requiere asistencia, se añadirá a las más de 170 mil que atendía el sistema de salud mental antes de la COVID-19 y con las que ya estaba al límite.

Un número de pacientes elevado obligaría al sistema de salud general a hacerse cargo. Sin especialización en el abordaje, es probable que usen medicamentos para mitigar los síntomas, lo que no resolvería la causa raíz de los casos y podría ocasionar que los tratamientos se prolonguen, aumentando el riesgo de cronificación y los costes por absentismo y por el propio tratamiento.

Para hacernos una idea, el tratamiento no especializado de un caso de estrés postraumático puede prolongarse varios meses, mientras se espera la valoración psicológica. Con metodologías específicas, derivadas de la psicología de emergencias y aplicadas por profesionales con experiencia y cualificación, la misma persona podría volver a su vida normal en pocos días, tras no más de tres sesiones de menos de una hora cada una, sin recurrir a medicamentos.

PLANIFICAR EL SEGUIMIENTO PREVENTIVO

Planificar requiere, primero, saber cómo estamos porque nadie saldrá indemne de esta crisis. Para ello se pueden utilizar sistemas de pre-diagnóstico sencillos que sirven de cribaje y que permiten diferenciar niveles de riesgo de afectación. En conjunto, esta es una vía muy eficiente y con una relación coste-resultado muy positiva.

matriz riesgos

 Se consideran TRES factores para evaluar el riesgo:
1.- Situación personal previa al confinamiento
2.- Situación laboral durante el confinamiento
3.- Impacto personal de la enfermedad
Con ello se obtienen cuatro niveles iniciales de riesgo de afectación emocional o psicológica, a partir de los cuales se incluirían a las personas en las rutas definidas.

 
La diferenciación del nivel de riesgo permitirá una ubicación de cada persona dentro del proceso de seguimiento preventivo diseñado. El screening para diagnóstico y seguimiento, las pautas específicas a título individual, y las recomendaciones de autocuidado etc., serían ejemplos de los apartados que pueden ser incluidos.

nivel afectacion

webinars assistance advisory

Ejemplo de (1) proceso diseñado a partir de saber cómo estamos y de la ubicación de las personas en diferentes rutas, que están desarrolladas a partir de (2) acciones específicas.


Confiar en la recuperación espontánea, pondrá las personas y los procesos a contribución de los resultados, que siendo claves sobre todo a nivel económico en el corto plazo, pueden no ser sostenibles si no hemos cuidado y recuperado a las personas previamente.

Optar por el seguimiento preventivo significará poner en valor a las personas, desarrollar procesos adecuados a la nueva realidad y generar el aprendizaje grupal que permita alcanzar resultados sostenibles.

 

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