El miedo a la desaparición de puestos de trabajo no es algo nuevo, de hecho ha sido frecuente que los/as trabajadores/as temieran por sus empleos debido a la aparición de nuevos avances tecnológicos. Pero, ¿qué nos ha enseñado la Historia? Algunos empleos cambian pero no desaparecen y otros que no existían absorben a los nuevos trabajadores del mercado laboral. 

La nueva empleabilidad

No deja de ser un tema de actualidad aunque pase el tiempo lo que hace referencia a la preocupación existente sobre el futuro del empleo. Los nuevos tiempos nos reciben con una velocidad que muchas veces nos asusta y nos preocupa acerca de qué futuro espera a la empleabilidad. Las nuevas tecnologías han propiciado la desaparición de puestos de trabajo, el incremento del paro estructural en muchas economías y el miedo por parte de la población activa a perder sus puestos de trabajo o situarse fuera de lo que exige el actual mercado laboral.

Sin embargo, pretendo exponer que este fenómeno no es nuevo en las sociedades modernas y que viene aparejado al desarrollo tecnológico desde sus inicios. Y, de igual modo, así como muchos puestos de trabajo desaparecen frente a este fenómeno, otros surgen para cubrir las necesidades de la sociedad actual.

La Historia nos ha enseñado desde los inicios del desarrollo científico-técnico que las personas, y en el caso que nos ocupa los trabajadores, siempre tienen una resistencia al cambio, que hace que el pesimismo les invada y teman perder su puesto de trabajo. Podemos situarnos históricamente en los inicios lejanos de la Revolución Industrial (1811-1816), cuando la aparición de los primeros telares industriales y la máquina de hilar, hicieron que los artesanos ingleses temieran por su trabajo. Tanto fue así que iniciaron el movimiento del “ludismo”, consistente en la destrucción de las máquinas, a las que veían como enemigas y causa de su falta de empleabilidad futura. La industrialización de la Segunda Revolución (1870-1914) propició la aparición de avances tecnológicos que permitieron la fabricación en cadena, lo que de nuevo interpretaron los obreros como una sustitución de la mano de obra por la tecnología. Y finalmente, la crisis de 1973. Para superarla fue necesaria una reconversión industrial hasta bien entrados los años 80, durante la cual se buscó un mayor eficiencia que permitiese ganar competitividad en los mercados a base de la reducción de las plantillas.       

La conclusión que sacamos es que en los últimos doscientos cincuenta años, muchos puestos de trabajo han desaparecido motivados por el desarrollo tecnológico, pero el sistema ha seguido funcionando y los empleos cambiando. En diferentes épocas hemos visto desaparecer puestos de trabajo relacionados con la fabricación de máquinas de escribir, zepelines o máquinas de coser. Y ahora veremos desaparecer miles de puestos de trabajo relacionados con la industria del carbón, los aerosoles o la energía nuclear. Desaparecerán los empleos de combustibles fósiles o la industria del papel, que será sustituida por los nuevos dispositivos electrónicos.

Pero frente a esta desaparición de puestos de trabajo, no debemos olvidar que, al mismo tiempo, se crean otros que no existían y que absorberán a los nuevos trabajadores del mercado laboral. Nuevos empleos que hasta hace bien poco no existían como webmaster, community manager o influencer. Las empresas necesitarán aumentar sus profesionales en áreas de relaciones internacionales o comercio exterior, imprescindibles para la supervivencia en un mundo globalizado. Las normativas medioambientales requerirán expertos en ese tema, así como para ajustarse a las normas de calidad (ISO, EFQM…), sin olvidar los empleos que todos los procesos de digitalización están necesitando (firma electrónica, banca online, escáner de identidad…).

En definitiva, se debe transmitir tranquilidad a la opinión pública y al mercado de trabajo, haciendo ver a los trabajadores que, si bien es cierto que muchos puestos se destruirán y desaparecerán para no volver, otros nuevos se crearán para cubrir las necesidades de una sociedad que seguirá avanzando como lo ha hecho siempre a lo largo de la Historia.

 

Alain Martín Molina

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